Cuando los médicos hablamos de inflamación, solemos acabar gesticulando un montón mientras hablamos. A mí me gusta llamarlo «el lenguaje de signos internacional de la inflamación»: es igual da igual con quién hables y realmente refleja lo poco que entendemos sobre por qué se produce la inflamación y cuáles pueden ser sus efectos a largo plazo.
La inflamación es el término genérico que se usa para referirse a la respuesta del cuerpo ante una lesión. Cuando te lesionas, el sistema inmunitario —el sistema de defensa de nuestro cuerpo— activa una compleja red de células y señales químicas. La inflamación aguda, que es una activación inmunitaria rápida y autolimitada, es esencial para la curación. Pero la inflamación crónica, esa activación inmunitaria que sigue incluso después de que la lesión inicial haya desaparecido, es problemática. La inflamación crónica es como si el botón de volumen de un equipo de música se hubiera atascado… con el volumen a tope.
Saber cómo funciona la inflamación aguda ayuda a entender la inflamación crónica.
Esto es lo que pasa cuando te haces un corte con un papel, por ejemplo. Las células cutáneas dañadas, cortadas por el borde del papel, envían señales químicas de socorro. Estos mensajeros químicos actúan a nivel local, haciendo que los vasos sanguíneos cercanos a la herida se dilaten y que llegue más sangre a la zona. Además, los mensajeros químicos circulan por la sangre para atraer a los glóbulos blancos —las células guerreras del sistema inmunitario— hacia la zona lesionada. Cuando llegan los glóbulos blancos, envían sus propias señales químicas para desencadenar una respuesta inmunitaria en cadena ante la lesión. El resultado final de este proceso es la curación: se forma un coágulo de sangre, se genera tejido cicatricial y se previene la infección. Al final de este proceso, otros mensajeros químicos desactivan la respuesta inmunitaria, dejando al sistema inmunitario libre para responder a la siguiente lesión.
La inflamación crónica se produce cuando el sistema inmunitario no se desactiva una vez que ha pasado la lesión o el evento desencadenante. Todavía no tenemos una forma coherente y completa de medir la inflamación en su conjunto, pero sí podemos medir distintos «marcadores inflamatorios», es decir, sustancias químicas que liberan las células durante el proceso inflamatorio. Algunos de los principales que se están estudiando ahora mismo son la proteína C reactiva (PCR), el dímero D, el fibrinógeno, la interleucina-6 (IL-6) y la interleucina-8 (IL-8); pero hay muchos, muchos más.
La inflamación está relacionada con casi todas las cosas malas que le pueden pasar a nuestro cuerpo: cáncer, enfermedades cardíacas, insuficiencia hepática y renal, demencia y enfermedades autoinmunes (por nombrar solo algunas). Hace unos años, los especialistas e investigadores en VIH empezaron a hablar cada vez más de la inflamación. Nos dimos cuenta de que las personas que viven con el VIH —incluso aquellas que recibían un tratamiento eficaz con terapia antirretroviral combinada (TAR)— tenían niveles de inflamación más altos que las personas seronegativas. Y, aunque nuestros pacientes ya no padecían infecciones oportunistas, seguían presentando tasas más elevadas de enfermedades cardíacas y de cánceres no relacionados con el VIH que la población general.
Esto no quiere decir que el tratamiento antirretroviral (TAR) no tenga ningún efecto sobre la inflamación en las personas con VIH.
Sabemos, gracias al estudio SMART, que las personas con VIH pueden reducir los niveles de algunos marcadores inflamatorios, como la PCR, con un tratamiento antirretroviral (TAR) continuo. El TAR puede reducir la inflamación, pero no la elimina por completo. También sabemos, gracias al estudio SMART y al reciente estudio START, que el tratamiento antirretroviral continuo reduce el riesgo tanto de eventos relacionados con el VIH como de eventos no relacionados con el VIH, como el cáncer y los infartos.
Aunque todavía no sabemos con total certeza por qué las personas con VIH tienen inflamación crónica incluso cuando su carga viral está controlada, el Dr. Steven Deeks, investigador de la UCSF, ha sugerido estas razones:
- La replicación viral sigue en marcha. Incluso las personas con cargas virales indetectables siguen teniendo el virus del VIH en el organismo, aunque en niveles muy bajos. Esta pequeña cantidad de virus puede estimular el sistema inmunitario y provocar inflamación.
- Las células reguladoras del sistema inmunitario no funcionan bien. Cuando el VIH infecta a los glóbulos blancos, altera todos los aspectos de la respuesta inmunitaria, incluidas las células que controlan y frenan la inflamación. Esto podría provocar que el «control de volumen» del sistema inmunitario falle.
- Los microbios se desplazan a través del intestino. Esto también se conoce como el «síndrome del intestino permeable», una teoría interesante según la cual el VIH, presente en algunas partes del tejido del sistema inmunitario que rodea los intestinos, hace que estos dejen pasar bacterias a través de la pared intestinal. Estas bacterias son las responsables de activar el sistema inmunitario y provocar una inflamación crónica.
- Hay otra infección viral. Sabemos que las personas con VIH tienen mayores índices de hepatitis B, hepatitis C y citomegalovirus (un virus del herpes). Es posible que estos otros virus sean los responsables de activar el sistema inmunitario y de contribuir a la inflamación.
- El timo no funciona bien. El timo es un órgano pequeño que está debajo del esternón. Es donde ciertos tipos de glóbulos blancos se desarrollan y aprenden a distinguir qué células forman parte del cuerpo y cuáles son invasores extraños. En algunas personas con VIH, el timo se convierte en tejido cicatricial —se «fibrosa»— y no funciona tan bien.
Entonces, si te preocupa la inflamación, ¿qué puedes hacer?
- Deja de fumar. Prácticamente todos los estudios demuestran que los marcadores inflamatorios aumentan en las personas que fuman.
- Presta atención a tu alimentación. Intenta tomar al menos 5 raciones al día de fruta y verdura. Reduce la cantidad de azúcar refinada que consumes. Aquí puedes encontrar algunas recomendaciones sobre cómo seguir una dieta antiinflamatoria.
- Haz mucho ejercicio. Si tuviéramos un medicamento que tuviera todos los beneficios del ejercicio, sería un éxito de ventas.
- Mantén un peso saludable. La obesidad favorece la inflamación, independientemente del VIH.
- Deja de consumir psicoestimulantes recreativos. La cocaína, la metanfetamina y el éxtasis parecen favorecer la inflamación, sobre todo en el cerebro.
- Mantén tu VIH bien controlado. El tratamiento contra el VIH también ayuda a reducir la inflamación. Aunque a mucha gente le preocupa la toxicidad de los medicamentos contra el VIH, es importante tener en cuenta que el propio virus del VIH es tóxico para todos los órganos del cuerpo. Empezar el tratamiento pronto también ayuda. Sabemos que cuanto más bajo sea el recuento de CD4 de una persona antes de empezar el tratamiento, más lento y menos eficaz será el repunte cuando se inicie la terapia antirretroviral (TAR). Los recuentos bajos de CD4 están relacionados con un mayor riesgo de enfermar y morir por causas no relacionadas con el VIH.
La teoría de que la replicación del VIH a bajo nivel, incluso cuando una persona tiene una carga viral indetectable, es la responsable de la inflamación ha llevado a algunas personas a preguntarse qué beneficios tiene tomar un medicamento más contra el VIH. En otras palabras, si tomar tres medicamentos contra el VIH funciona bien, ¿tomarlos cuatro funcionará aún mejor para prevenir la replicación del VIH y frenar la inflamación? Por desgracia, la mayoría de los estudios que han analizado añadir medicamentos adicionales a un tratamiento que ya suprime el virus no han demostrado que mejoren el recuento de CD4 ni reduzcan la inflamación.
Algunos estudios han demostrado que se puede aumentar el recuento de CD4 con terapias que refuerzan el sistema inmunitario —también llamadas «vacunas terapéuticas»— o con el medicamento contra el VIH maraviroc. Otros estudios han intentado «frenar» la activación del sistema inmunitario utilizando sustancias químicas como la interleucina-2. Por desgracia, ninguno de estos estudios ha aportado beneficios significativos para la salud de las personas.
En resumen, la inflamación es beneficiosa cuando forma parte de la respuesta inicial del cuerpo ante una lesión, pero resulta problemática si no desaparece nunca.
Por muchas razones, las personas con VIH tienen niveles más altos de inflamación que las personas que no tienen el VIH, y esto está relacionado con problemas de salud como el cáncer y las enfermedades cardíacas. Todavía nos queda mucho por aprender sobre las causas de la inflamación y cuál es la mejor forma de tratarla; pero, mientras tanto, las personas con VIH pueden reducir el riesgo llevando una alimentación saludable, manteniéndose activas y cuidándose bien.