En otoño de 1984 —en plena ola de histeria y miedo por el sida—, la organización «San Francisco AIDS Foundation » (SFAF) desempeñó un papel clave en la elaboración de normativas que limitaban la libertad de las casas de baños que operaban en la ciudad, presentando recomendaciones destinadas a reducir la transmisión y fomentar el uso del condón. En aquel momento, la SFAF veía las saunas como espacios comunitarios importantes para compartir información sobre sexo seguro y vigilar que se practicara de forma segura, llegando incluso a recomendar que se hicieran anuncios por megafonía sobre el sexo seguro y la transmisión del sida en las casas de baños y los locales de encuentro sexual.
La SFAF se unió a miembros de la comunidad y a organizaciones como la Golden Gate Business Association, la People With AIDS Alliance y el Stonewall Gay Democratic Club para defender que las casas de baños permanecieran abiertas, sabiendo que cerrar los locales de encuentro sexual solo haría que las fiestas sexuales pasaran a la clandestinidad, a espacios menos accesibles para las iniciativas de salud pública y educación comunitaria.

A pesar de nuestras intenciones, las normas que se impusieron a los baños públicos con el objetivo de frenar los «comportamientos de alto riesgo», junto con el miedo y las muertes cada vez más frecuentes en nuestra comunidad, provocaron el cierre de muchos espacios comunitarios muy queridos.
Ahora, más de 35 años después, la SFAF está defendiendo una ley que pretenda revertir las normas basadas en el miedo que se impusieron a las casas de baños en 1984. La legislación presentada en febrero por el concejal del Distrito 8, Rafael Mandelman, impediría que el Departamento de Salud Pública exigiera la supervisión de la actividad sexual y espacios abiertos sin salas privadas, y obligaría a que se pusieran a disposición de los clientes de los locales de encuentro sexual productos para practicar sexo seguro y material educativo.
«A mediados de los 80, todo el mundo se esforzaba por hacer lo correcto en lo que respecta a la salud pública de los hombres gais», dijo el escritor, organizador y activista Race Bannon. «La mayoría de las acciones se llevaron a cabo con buenas intenciones, aunque, mirándolo ahora, resultaran equivocadas. Gran parte de esas decisiones se tomaron en un ambiente de desconocimiento sobre cómo se transmite el VIH, con una homofobia aún presente y sin contar con el amplio conjunto de investigaciones e intervenciones médicas que se han desarrollado desde entonces hasta ahora».
«Dicho esto, gran parte de la reacción en aquel momento ante los intentos del ayuntamiento de cerrar las casas de baños fue airada y ruidosa. Ya fuera por la orden de la alcaldesa Feinstein de que la policía espiara las actividades sexuales privadas de los hombres gais y la indignación que eso provocó, por los intentos de cierre del director de Salud Pública, Mervyn Silverman, y la oposición de un gran sector de hombres gais, o por el hecho de que la ciudad acudiera a los tribunales para solicitar una orden de alejamiento y la consiguiente orden judicial dictada por el juez Roy Wonder que desencadenó protestas, lo que recuerdo es que la mayoría de los hombres gais se oponían con vehemencia al cierre de las saunas, mientras que algunos hombres gais, que eran una minoría, estaban de acuerdo con la decisión», dijo Bannon.
He tenido la suerte de trabajar en este tema con Laura Thomas, nuestra directora de políticas de reducción de daños, y con otros miembros de la comunidad vinculados a los locales de encuentro sexual. Para asegurarnos de que se tuviera en cuenta la opinión de la comunidad en las decisiones previas a la propuesta de ley, reunimos a un grupo de personas interesadas en cómo funcionan los clubes de encuentro sexual en San Francisco, entre los que se encontraban propietarios, gestores y organizadores de fiestas. A partir de estas conversaciones, nos enteramos de cómo los cambios en la legislación podrían afectar a las casas de baños que ya existen, a las fiestas sexuales clandestinas y a la apertura de nuevos locales, y pudimos compartir las opiniones de la comunidad con la oficina de Mandelman mientras se redactaba la legislación.
Aunque puede que la nueva legislación no cambie la forma en que funcionan los clubes sexuales actuales, sí que podría permitir que se abran más espacios con una actitud positiva hacia el sexo en el futuro, si se imponen menos restricciones a los propietarios de los negocios. Y lo más importante: nuestra participación para ayudar a revocar estas políticas es simbólica: estamos comprometidos con acabar con las políticas homófobas y basadas en el miedo relacionadas con el sexo y el VIH que nuestra organización ayudó a promulgar.
«La realidad es que ya han pasado 36 años y es hora de adaptar la política municipal a los datos y hechos de los que no disponíamos cuando se tomaron las decisiones iniciales de cierre», dijo Bannon.
Con PrEP, el hecho de que «indetectable es igual a no transmisible», y gracias a los medicamentos que hacen que el VIH sea una enfermedad crónica en lugar de una sentencia de muerte, formamos parte de una revolución sexual. Muchos de nosotros no tenemos traumas relacionados con el VIH y estamos listos para celebrar nuestra sexualidad con las herramientas que tenemos a nuestra disposición.
También queremos hacer un repaso de la historia y de la época en la que estas políticas se convirtieron en ley.
Como persona que trabaja actualmente en el ámbito de la salud sexual, solo puedo imaginarme cómo debía de ser para la gente ver morir en masa a sus parejas, compañeros y amigos sin entender cómo se transmitía el VIH de una persona a otra. Entiendo por qué a los responsables les pareció lógico cerrar y poner restricciones a las saunas en aquel momento, y por qué hubo tanta presión política para cerrar los locales de encuentro sexual cuando nos enteramos de que el VIH se transmitía por vía sexual.
Pero también veo los costes que conllevan estas decisiones. Esos locales eran los mejores sitios para difundir información sobre el VIH y el sexo seguro, y para poner a la gente en contacto con los servicios. Eran espacios importantes donde la comunidad gay podía reunirse, y además eran negocios regentados por gais que contribuían al sustento económico de mucha gente en San Francisco.
Hay espacio para que estas dos opiniones coexistan mientras reinventamos y exploramos las formas en que pueden funcionar las casas de baños en nuestra ciudad.
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San Francisco AIDS Foundation ofrece una variedad de servicios de salud sexual gratuitos y confidenciales, entre los que se incluyen pruebas del VIH y de ITS, derivación a servicios de atención del VIH, PrEP y mucho más.