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Soy un «dom bottom». ¿Qué significa eso?

20 de febrero de 2025

Abre cualquier app de citas hoy mismo y te encontrarás con un menú desplegable de etiquetas tan cuidadosamente seleccionadas que pensarías que deben de ser verdades universales. Activo, pasivo, versátil… pequeñas casillas bien ordenadas que se supone que definen quiénes somos y qué queremos. Pero la sexualidad humana nunca ha sido tan sencilla.

Mucho antes de que Grindr y SCRUFF convirtieran estos términos en parte del vocabulario habitual, la comunidad gay ya tenía su propio lenguaje sutil. Pañuelos de colores, elecciones específicas de ropa… un código secreto que permitía a los hombres indicar con seguridad sus preferencias a quienes lo entendían. Y cuando eso no bastaba —porque nunca bastaba—, se ponían a hablar entre ellos para descubrir los matices de cada uno.

Puede que las etiquetas digitales de hoy en día sean más sencillas, pero también han reducido el rico abanico de dinámicas íntimas a categorías demasiado simplificadas. Si las preferencias sexuales fueran como una naranja, decir que eres «activo» sería solo una rodaja. ¿Qué más define quién eres en la cama?

«Soy un pasivo dominante», le escribí a un chico en Grindr.

«¿Un sumiso dominante? ¿Cómo es posible eso?». Casi podía oír cómo se reía entre dientes al responderme, mientras el mensaje azul aparecía en mi pantalla.

Su reacción no fue nada raro, y tuve que darle una explicación. Mucha gente asocia automáticamente el ser dominante con ser «top», y el ser sumiso con ser «bottom». Es una idea errónea muy arraigada tanto en la comunidad heterosexual como en la queer.

Pero aquí está la clave: la dominación y la sumisión existen independientemente de las posiciones físicas. Funcionan en ejes distintos. Ser dominante no convierte automáticamente a alguien en «top», igual que ser sumiso no te convierte en «bottom». Estas dinámicas pueden manifestarse de infinitas maneras, desde una orientación suave hasta una dirección explícita, desde un ánimo cariñoso hasta unas bromas juguetonas.

Piensalo como si fuera un baile: la persona que sigue los pasos no es necesariamente la que lleva la iniciativa. Una buena seguidora puede guiar a su pareja mediante señales sutiles, cambios de presión y lenguaje corporal, todo ello mientras, técnicamente, está siendo «guiada».

Ser un «bottom» dominante significa tomar el control de tu placer sin dejar de ser la parte receptiva. Significa saber exactamente lo que quieres y cómo lo quieres. Significa marcar el ritmo y dar instrucciones, todo ello sin perder la dinámica física que te da placer.

Hay quien lo llama «power bottoming», pero ese término no acaba de abarcar todo el espectro. Un «power bottom» puede ser dominante, pero también puede ser simplemente alguien muy implicado y enérgico sin tener por qué tomar el control. Siguiendo con la metáfora del baile, el «power bottom» podría ser un seguidor que interpreta su papel con mucha intensidad sin dar ninguna indicación a su pareja.

Por otro lado, un «bottom» dominante reclama y ejerce explícitamente el poder durante el encuentro. Aunque me imagino que un «bottom» dominante podría convertirse en un «power bottom» una vez que el «top» haya conseguido que el «bottom» se sienta cómodo en ese intercambio de poder.

Ahora, pensemos en la diferencia entre un «pasivo dominante» y un «pasivo mandón».

Imagina, una vez más, un estudio de baile. Un «bottom» dominante es como un coreógrafo con experiencia que entiende tanto la música como las capacidades del bailarín. Dirige con confianza, muestra lo que quiere y crea un ambiente en el que ambas parejas pueden brillar. Su pareja se mueve con libertad dentro de la estructura que ha creado, sabiendo exactamente qué se espera de ella.

Un «bottom» mandón es más bien alguien que ha visto unos cuantos programas de baile y ahora se cree que sabe dar clases. Puede que tenga algunas ideas buenas, pero sus indicaciones suelen ser poco claras o poco prácticas. En lugar de crear fluidez, la interrumpe, pisando a los demás tanto en sentido literal como figurado.

El término «bottom mandón» se ha utilizado, por tanto, de forma despectiva para describir a los bottoms. Por experiencia, esto puede deberse a la incapacidad del bottom para comunicarse con claridad, pero también podría no ser culpa suya. Si un top, por ejemplo, espera que un bottom sea sumiso —lo cual es un gran error—, puede que perciba a un bottom dominante y totalmente capaz como un «bottom mandón» y, por lo tanto, lo etiquete erróneamente como tal.

La confusión que rodea a esta dinámica pone de manifiesto que seguimos luchando contra ideas anticuadas sobre el poder y los roles de género. Se da por hecho que ser receptivo significa ser pasivo, que recibir implica someterse. Pero pregúntale a cualquier participante con experiencia en este ámbito: el poder fluye en múltiples direcciones, a menudo al mismo tiempo.

Así que sí, ser un «bottom» dominante no solo es posible, sino que es una forma válida y satisfactoria de « express yourself » sexualmente. La próxima vez que alguien lo cuestione, podrías recordárselo, igual que hice yo, que la sexualidad, como la vida misma, rara vez encaja en cajitas bien ordenadas. Y eso es precisamente lo que la hace tan bonita.