Ir al contenido

De la desobediencia civil a la salud pública

23 de febrero de 2022

Este artículo se ha escrito para celebrar el 40.º aniversario de « San Francisco AIDS Foundation», que conmemoramos en 2022. 


A lo largo de los años, los habitantes de San Francisco han tomado medidas audaces para situar las necesidades de las personas que se inyectan y consumen drogas en el centro de nuestra respuesta a la prevención del VIH. En los primeros años de la epidemia del VIH, el primer programa de intercambio de jeringuillas de San Francisco funcionaba al margen de la ley: un equipo de voluntarios repartía jeringuillas y material para inyectarse de forma segura desde un cochecito de bebé por las calles de San Francisco. Hoy en día, apostamos por un enfoque integral de reducción de daños para ofrecer a las personas que consumen drogas servicios, información, recursos y apoyo. 

Punto de prevención: intercambio de agujas y jeringuillas 

Ya en los primeros tiempos de la epidemia del VIH, quedó claro que las personas que se inyectaban drogas corrían el riesgo de contraer lo que más tarde se conocería como VIH y sida. Pero la voluntad política necesaria para hacer frente a los contagios entre las personas que consumían drogas no apareció, y de hecho, se opuso activamente a los esfuerzos por proteger a la gente y salvar vidas. 

«Había muchos prejuicios por todas partes», dijo Bonnie Fergusson, «una de las líderes del movimiento de reducción de daños en San Francisco». «La gente de la que cabría esperar que hiciera algo efectivo al respecto no estaba dispuesta a abordar el tema porque tenía que ver con los consumidores de drogas. Mientras tanto, el virus se estaba propagando bastante rápido».

En los primeros años de la epidemia del VIH, las leyes federales y estatales prohibían la venta y la posesión de «accesorios para el consumo de drogas», incluidas las jeringuillas, lo que hacía ilegal que las organizaciones distribuyeran jeringuillas para prevenir la propagación de enfermedades infecciosas. El concepto de «reducción de daños» —dotar a las personas de las herramientas y la información que necesitan para reducir los daños causados por las drogas— «ni siquiera formaba parte del vocabulario en aquella época», dijo Mike Shriver, excomisionado de Salud de San Francisco y activista contra el VIH desde hace mucho tiempo. 

A principios de los años 80, Fergusson trabajaba en la Clínica Gratuita de Desintoxicación Médica de Haight Ashbury, donde atendía a personas con antecedentes de consumo de drogas por vía intravenosa que empezaban a enfermar de VIH y sida. Recuerda que la gente le contaba que era habitual compartir jeringuillas con hasta 30 personas diferentes en un mes. Era difícil conseguir jeringuillas nuevas. 

Los activistas y sus aliados se dieron cuenta de que tenían que dar un paso al frente y llenar ese vacío para salvar vidas. En 1988, un grupo de quince profesionales sanitarios, personas con antecedentes de consumo de drogas y activistas, entre los que se encontraba Fergusson, estaban hablando de cómo poner en marcha un programa de intercambio de jeringuillas en San Francisco. 

Reuniendo a duras penas los pocos recursos a los que podían acceder, empezaron a hacer trabajo de calle en los barrios de Tenderloin y SoMa. Este grupo, dirigido por voluntarios y que bautizó su incipiente programa como «Prevention Point», operó en la clandestinidad durante meses, arriesgándose a que los detuvieran para llevar jeringuillas y otros materiales de inyección más seguros a la comunidad en un carrito de bebé.

Entre los fundadores de Prevention Point estaban: Raven Moonshadow, Jeff Yippee, Moher Downing, Luis Kenmitzer, Rose May Dance, George Clark, Bill Simpich, Rosemary Prem, Trish Case, Bonnie Fergusson, Marion Doub, Bob Thawley, Jim Haber, Hilary McQuie y Donny Gann; a ellos se unió Tia Wagner en los primeros meses y muchos otros se incorporaron en los años siguientes. 

«El primer equipo que se dedicó al intercambio de jeringuillas quería llamar la atención sobre el hecho de que muchísimos usuarios de drogas inyectables decían: “No tendría el VIH si hubiera tenido jeringuillas limpias. Me habría pinchado con jeringuillas limpias”», dijo Shriver. «Como nuestro objetivo era, en realidad, salvar vidas y proteger la salud de la gente, la reducción de daños nos parecía algo muy lógico». 

Intercambio de agujas
Foto de uno de los primeros programas de intercambio de jeringuillas, de R. Ferentz, sin fecha.

El jefe de policía de entonces, Frank Jordan, llegó a un acuerdo con el alcalde y el director del Departamento de Salud Pública de San Francisco para que la policía no persiguiera deliberadamente a las personas que gestionaban programas de intercambio de jeringuillas, pero los voluntarios seguían corriendo el riesgo de que los detuvieran.  

«La postura de Jordan era: “No vamos a salir a buscar voluntarios. Pero si alguien nos llama para quejarse, tenemos que responder”», dijo Fergusson. «Así que, durante los primeros años, cada vez que alguien llamaba para quejarse de nosotros, aparecía la policía. Nos confiscaban las agujas, que era lo peor, y luego nos llevaban al 850 de Bryant para asegurarse de que no teníamos ninguna orden de detención pendiente. Normalmente nos ponían una multa».

En sus primeros años, Prevention Point dependía de los suministros que conseguían del centro de salud donde trabajaba uno de sus miembros, de campañas locales de recaudación de fondos, de donaciones de la comunidad y de las marchas del orgullo gay, y de la buena voluntad de vecinos y amigos para mantener en marcha el programa de intercambio de jeringuillas en la comunidad. El grupo de voluntarios aguantó a duras penas durante cinco largos años antes de que les llegaran fondos municipales y el apoyo político y de la ciudadanía. 

Legalización del intercambio de jeringuillas en San Francisco 

Pat Christen, que fue directora ejecutiva de la SFAF de 1989 a 2004, recuerda que, al principio de su mandato, tuvo que enfrentarse al problema de cómo iba a llevar a cabo la Fundación el programa de intercambio de jeringuillas en San Francisco. 

«Por aquel entonces, el intercambio de jeringuillas en San Francisco, en California, en EE. UU., era totalmente ilegal. Solo recuerdo haber pensado: “¿Cómo vamos a hacer esto?”. No nos interesaba que el intercambio de jeringuillas siguiera funcionando de forma clandestina. Aún no sabíamos cómo legalizarlo y no teníamos tiempo para esperar a que se aprobara una ley estatal. Así que pedimos consejo a la oficina del fiscal municipal y a Kathy Fisher, de Morrison & Foerster, para que nos ayudaran a averiguar cómo llevar a cabo esta labor de forma legal, cómo abordar las cuestiones de obligaciones fiscales para las personas que quisieran hacer donaciones para apoyar el intercambio de jeringuillas y cómo conseguir que los recursos públicos y privados fluyeran legalmente para respaldar esta labor. Reunimos a un pequeño grupo —abogados, expertos en fiscalidad, expertos en políticas públicas y defensores del intercambio de jeringuillas de Prevention Point— para resolver el problema».  

San Francisco AIDS Foundation En 1993 consiguió que el Ayuntamiento declarara el estado de emergencia para autorizar el intercambio de jeringuillas, pero fue una victoria que costó mucho conseguir.

«Cuando al principio propusimos poner en marcha un programa de intercambio de jeringuillas en la Comisión de Salud, hubo mucha oposición. Los miembros de la comisión gritaban, y la gente de la comunidad les respondía a gritos», dijo Christen. «Testificamos con respeto y aportando pruebas sólidas sobre la eficacia del intercambio, pero algunos miembros de la Comisión de Salud siguieron indignados durante un tiempo. Fue un tema muy, muy polémico, a pesar de las pruebas. Sabíamos que frenaríamos la propagación del VIH con el intercambio de jeringuillas, pero creo que, como es comprensible, a la gente le preocupaba lo que eso pudiera suponer en cuanto a fomentar el consumo de drogas, sobre todo en barrios y familias que ya habían sufrido mucho por el consumo de sustancias». 

«Hubo bastante resistencia por parte de la gente de la Comisión de Salud en aquel momento», dijo Shriver. «No querían que hubiera programas de intercambio de jeringuillas en la comunidad negra, ni en el barrio de Tenderloin, y pensaban que lo único que íbamos a hacer era fomentar y facilitar el consumo de drogas. Y nosotros no teníamos más remedio que seguir diciendo: “Tenemos los datos. Tenemos datos de Suiza, de Seattle y datos recientes que muestran una bajada en las tasas de hepatitis C’». 

Christen dijo que ella, junto con otros miembros del personal de la SFAF y defensores del programa de intercambio de jeringuillas de Prevention Point, dedicaron mucho tiempo a reunirse con gente de la comunidad en iglesias y otros grupos vecinales para responder a sus preguntas y asegurarse de que se tuvieran en cuenta sus preocupaciones. Siguieron presionando al alcalde, a la Comisión de Salud y al director de Salud para que tomaran medidas al respecto.

Una de las principales preocupaciones de la Fundación era la posibilidad de que el gobierno estatal o federal se entrometiera. «Técnicamente, dentro de los límites de San Francisco, el intercambio de jeringuillas pasó a ser legal en cuanto se declaró el estado de emergencia», dijo Christen. «Pero nos preocupaba que el fiscal general del estado de entonces, que era bastante conservador —Dan Lungren—, pudiera intentar cerrar la Fundación». 

Por este motivo, la SFAF creó una entidad independiente de tipo 501(c)(4) —el Proyecto de Prevención del VIH (HPP)— para gestionar por separado el programa de intercambio de jeringuillas que llevaba a cabo Prevention Point, formado íntegramente por voluntarios, una vez que se declaró la orden de emergencia. En 1993, Prevention Point pasó a formar parte oficialmente del HPP y el intercambio de jeringuillas empezó a funcionar legalmente en San Francisco, con el apoyo tanto del sector privado como del público. Esto se convertiría en un modelo a seguir para otros condados de todo el estado y de todo el país.

«Que Prevention Point pasara a formar parte de la SFAF fue una de las cosas más valientes que he visto nunca», dijo Shriver. «La Fundación se dio cuenta de verdad de la necesidad de garantizar que esta intervención llegara a la gente, y ellos —bajo la dirección de Pat Christen— invirtieron en buscar una forma de legitimar los programas de intercambio de jeringuillas a través de las políticas públicas: a nivel estatal, a nivel local con la comisión de salud, y con el alcalde y la junta de supervisores. Poco a poco, pero con paso firme, y más rápido que en casi cualquier otro lugar del país, San Francisco dio ese salto de fe. Y tuvo un impacto tremendo en nuestra epidemia aquí en la ciudad».  

Ampliar los programas de intercambio de agujas, el acceso a jeringuillas y los servicios para las personas que consumen drogas

Fernando Aguayo-García vivió la transición de «Prevention Point», el programa de intercambio de jeringuillas gestionado íntegramente por voluntarios, a HPP junto con San Francisco AIDS Foundation. Trabajó como voluntario en «Prevention Point» en un centro del barrio de Mission a principios de los 90, pero luego solicitó un puesto en HPP una vez que se puso en marcha el programa. 

Tarjetas de visita: HPP y PP
Tarjetas de visita de HPP y Prevention Point de mediados de los 90. Por aquel entonces, la sede de HPP estaba en el barrio de Mission, encima de una tienda de motos. Foto cortesía de Fernando Aguayo-García.

«En 1993 solo éramos tres en la plantilla: nuestro director ejecutivo, George Clark, un administrativo y yo», dijo Aguayo-García. Aguayo-García fue coordinadora de logística y voluntarios de 1993 a 1997, y se encargó de desarrollar la infraestructura y la organización de un programa que no paraba de crecer. 

«Recuerdo que fuimos a por una furgoneta azul enorme —parecida a un camión de reparto de periódicos— que usábamos para nuestras actividades de divulgación», dijo. «No tenía nada dentro, así que pudimos adaptarla con estanterías y todo lo que necesitábamos. Por aquel entonces teníamos tres sedes, que para cuando me fui se habían ampliado a 11 sedes diferentes por toda la ciudad».

Aguayo-García dijo que su principal prioridad era garantizar unos servicios de calidad y constantes para los usuarios, incluso con mal tiempo y en días festivos. «El grupo original de voluntarios puso en marcha un programa estupendo, pero los servicios se enfrentaban a algunos retos. No tenían financiación y sufrían acoso por parte de la policía y de los vecinos. Así que, cuando el programa se legalizó, nuestra labor consistió simplemente en consolidarlo y asegurarnos de que todo funcionara a la perfección. Hicimos un gran trabajo y estoy muy orgulloso de ello», comentó. 

«HIV Prevention Point» se convirtió rápidamente en el programa de intercambio de jeringuillas más grande del país, y el programa sirvió de inspiración para otros programas similares en la zona y en todo Estados Unidos. En el año 2000, California aprobó una ley que permitía que los programas de intercambio de jeringuillas funcionaran legalmente si las autoridades locales declaraban el estado de emergencia. Pero el camino no siempre fue fácil, y la gente que trabajaba en el sector en aquella época cuenta que hubo dificultades iniciales a medida que la organización evolucionaba y el intercambio de jeringuillas se iba aceptando cada vez más. 

«Fue interesante y todo un reto crecer como organización durante esa época», dijo John Mullen, que fue voluntario en HPP en 1997 y luego formó parte de la plantilla de 1998 a 2006. Empezamos como una organización de base arraigada en el activismo, pero luego nos convertimos en una organización de salud pública con financiación estable que requería más supervisión, rendición de cuentas y apoyo de la comunidad. El objetivo siempre fue ofrecer un programa para usuarios de drogas inyectables basado en la dignidad y el respeto, pero también convertirnos en un programa de salud pública que no diera lugar a polémicas. Siempre fue dos pasos adelante y uno atrás. Pero creo que, al final, el programa consiguió la aceptación de gente de todos los ámbitos de la vida en San Francisco».

John Mullen, de HPP van
John Mullen, miembro del personal del «HIV Prevention Point», está sentado en la parte trasera de la furgoneta de intercambio de jeringuillas. Foto cedida por John Mullen.

 «Con el tiempo, vi cómo la reducción de daños se iba generalizando», dijo Nina Grossman, que dirigió el «HIV Prevention Point» de 1999 a 2006. «San Francisco estaba realmente a la vanguardia de este trabajo por aquel entonces. Marcamos el camino para muchas otras comunidades. Fuimos auténticos líderes en este campo, y el « San Francisco AIDS Foundation » sentó las bases de cómo puede funcionar esto».   

El efecto sobre la prevención del VIH fue evidente: el número de nuevos casos de sida entre las personas que se inyectaban drogas alcanzó su punto álgido en 1992, con 212 casos; seis años después, esa cifra se redujo a la mitad. Desde entonces, el número de personas que se inyectan drogas a las que se les diagnostica el VIH en San Francisco se mantiene bajo gracias a la amplia implantación en la ciudad de programas de acceso a jeringuillas y prácticas de reducción de daños. 

«La forma en que llevamos a cabo el programa de intercambio de jeringuillas, cómo lo fuimos ampliando y cómo informamos a la gente al respecto fue muy, muy eficaz e inteligente. Y creo que salvamos muchas vidas», dijo Fergusson. 

Con el tiempo, el programa fue evolucionando para adaptarse mejor a las necesidades de la comunidad. Grossman recuerda cuando el programa presionó a los responsables de la agencia para que permitieran una distribución de más de cinco por uno en el punto de intercambio de jeringuillas. 

«Pasamos de un intercambio de una por una a uno de cinco por una. Pero luego nos dimos cuenta de que cinco jeringuillas no eran ni de lejos suficientes. Empezamos a preguntar a la gente: «¿Qué os vendría bien en vuestra vida?», y resultó que, básicamente, la gente necesitaba unas 20 de una vez, tuvieran o no alguna para devolver. Al final, pudimos dárselas a nuestros participantes». 

Mullen recuerda algunos cambios importantes que se han producido en el programa a lo largo de los años, como trasladar algunos puntos de atención a locales cubiertos para ofrecer una atención médica más completa, administrar Narcan (un medicamento para prevenir las sobredosis) en cuanto estuvo disponible, instalar «buzones» para jeringuillas por toda la ciudad para desecharlas de forma más segura y poner en marcha un punto de atención en Bayview, un barrio de San Francisco históricamente habitado por personas negras. 

«Fuimos muy constantes; eso era lo más importante, y siempre defendimos los servicios que más convenían a las personas a las que atendíamos», dijo Mullen cuando le preguntaron por el impacto y el éxito del programa a lo largo de los años. «Cuando consumes drogas, tu vida puede ser un poco inestable, así que solo teníamos que estar ahí para la gente. Trabajamos muy duro para que esto funcionara y nos implicamos mucho. Me encariñé con las personas a las que atendíamos y forjé una relación estupenda con ellas. Con el tiempo, te das cuenta de que la gente vuelve porque ha llegado a confiar en nosotros». 

Hoy en día, el programa —que ahora se llama «Syringe Access Services»— ofrece jeringuillas «a demanda» en distintos puntos de la ciudad y cuenta con un equipo completo dedicado a la recogida de jeringuillas (el «Pick Up Crew»). Syringe Access Services, junto con Homeless Youth Alliance, SF Drug Users’ Union, Glide y St. James Infirmary, forman parte de la «Syringe Access Collaborative» de San Francisco, una colaboración entre organizaciones sin ánimo de lucro que ofrece servicios de reducción de daños y atención sanitaria —incluidos los de acceso a jeringuillas y su recogida— a las personas que consumen drogas en San Francisco. 

Los activistas por la reducción de daños siguen luchando por la justicia sanitaria para las personas que consumen drogas. El equipo de SFAF ofrece espacios acogedores y cálidos donde las personas que consumen drogas pueden acceder a productos que salvan vidas, como Narcan, material para inyectarse y fumar de forma más segura , pruebas y tratamiento in situ para el VIH, la hepatitis C y las ITS, acceso a tratamientos asistidos con medicación, asesoramiento y orientación sobre un consumo más seguro, todo ello en una comunidad donde se valora a las personas que consumen drogas. A través de the Stonewall Project, ofrecemos servicios de asesoramiento a hombres gais, bisexuales y trans que quieran cambiar su relación con las sustancias mediante un modelo de reducción de daños. A través de the Stonewall Project, ofrecemos servicios de asesoramiento a hombres gais, bisexuales y trans que quieran cambiar su relación con las sustancias mediante un modelo de reducción de daños. 

Como siempre, la SFAF sigue comprometida con la lucha por unos servicios eficaces que beneficien a nuestras comunidades. 

«La reducción de daños es más que una filosofía de trabajo en materia de salud pública. Es una forma de valorar a las personas, como seres humanos que importan», dijo Shriver.


Celebrando los 40 años 

Acompáñanos cada mes de 2022, cuando« San Francisco AIDS Foundation » celebre sus 40 años al serviciode la comunidad.

En esta ocasión, echamos la vista atrás y compartimos nuestra dilatada trayectoria de liderazgo en la prevención, la educación, la defensa y la atención del VIH, así como la historia del VIH en San Francisco y el Área de la Bahía desde el inicio de la epidemia.

Al echar la vista atrás a nuestra historia, miramos hacia el futuro con esperanza y con una visión renovada de todo lo que nuestra pasión e ingenio pueden aportar para lograr un cambio positivo en nuestra comunidad. Actuaremos con audacia y valentía para poner fin a la epidemia del sida y garantizar que se alcance la justicia sanitaria para todos los que vivimos con el VIH o estamos en riesgo de contraerlo.

Después de 40 años, no vamos a perder de vista nuestro compromiso con nuestra comunidad ni nuestra visión de un futuro mejor.