En los últimos años, las visitas a urgencias, las hospitalizaciones y las muertes por sobredosis causadas por la metanfetamina (sola o mezclada con otras drogas) han ido en aumento en San Francisco. Los datos publicados recientemente por el Departamento de Salud Pública de San Francisco (SFDPH) muestran que 258 habitantes de San Francisco perdieron la vida por una sobredosis mortal de metanfetamina en 2019, y que la tasa de sobredosis mortales atribuidas a la metanfetamina se duplicó con creces de 2018 a 2019. Según los datos preliminares de 2020, el SFDPH ha dicho que «se espera que estas tendencias continúen».
Ante el aumento de las sobredosis mortales relacionadas con la metanfetamina en San Francisco, un grupo de trabajo sobre la metanfetamina —formado por Mike Discepola, nuestro vicepresidente de servicios de salud conductual y de consumo de sustancias; Laura Thomas, nuestra directora de políticas de reducción de daños; y Wayne Rafus, coordinador del programa PROP—publicó en 2019una serie de recomendaciones para que la ciudad las pusiera en práctica.
Algunas de las recomendaciones se centraban en poner en marcha servicios de reducción de daños de fácil acceso y sin barreras de entrada, así como «enfoques terapéuticos de eficacia demostrada» para el trastorno por consumo de estimulantes, entre ellos «la gestión de contingencias para reducir o dejar el consumo». La gestión de contingencias es un enfoque terapéutico que consiste en ofrecer recompensas tangibles para reforzar un comportamiento (como la abstinencia).
Además de estas recomendaciones, y siguiendo lo que dicen, San Francisco AIDS Foundation ha trabajado para ampliar nuestros servicios de fácil acceso a través de un programa llamado PROP, dirigido a personas que consumen metanfetamina y otros estimulantes en nuestro Centro de Reducción de Daños. El Centro de Reducción de Daños está en el barrio de Tenderloin/SoMa, en la calle 6ª, y atiende cada año a unas 18 000 personas que consumen drogas.
«Sabemos por experiencia propia que nuestro programa de gestión de contingencias (y otras opciones de participación de fácil acceso) son eficaces a la hora de apoyar cambios que mejoren la salud de las personas a las que atendemos, y de una forma que se adapte a sus necesidades», dijo Discepola. «Ampliar el programa de gestión de contingencias a los participantes de nuestro Centro de Reducción de Daños fue para nosotros un paso lógico y fundamental, ya que así ampliamos el acceso a intervenciones que salvan vidas y a la participación a un grupo más amplio de personas». A medida que ampliamos los servicios de fácil acceso siguiendo las recomendaciones del Grupo de Trabajo sobre la Metanfetamina, esperamos colaborar con el ayuntamiento para garantizar la financiación de estos y otros servicios esenciales. Estamos dispuestos a aportar nuestro granito de arena y nos entusiasma cada innovación que podamos incorporar para apoyar la vida y la salud de las personas que consumen drogas».
PROP (Proyecto de Oportunidades de Refuerzo Positivo) es un programa de reducción de daños que ayuda a las personas a alcanzar objetivos relacionados con reducir o dejar el consumo de metanfetamina o estimulantes, o con cambiar su relación con estas sustancias. Aunque en el programa no se exige a los participantes que se abstengan de consumir estimulantes, quienes se sometan a análisis de orina para detectar drogas y den un resultado «no reactivo» (negativo) reciben incentivos económicos en forma de tarjetas regalo.
«PROP es un programa de gestión de contingencias, un programa basado en la evidencia que constituye un tratamiento eficaz y no farmacológico para iniciar la abstinencia en personas que actualmente consumen estimulantes», explicó Rafus, el coordinador del programa. «Pero también es flexible, ya que apoyamos a personas que tienen otros objetivos además de la abstinencia. Nuestro objetivo es entender qué es lo que nuestros participantes quieren cambiar respecto a su consumo de sustancias, y reforzar su autoestima, su confianza y sus habilidades para que puedan lograrlo».
«He visto a participantes lograr grandes cambios en sus vidas gracias a este programa», dijo Sean La Febre, un educador sanitario. «Uno de los participantes —que se unió al programa desde el principio— llevaba años viviendo en la calle. Venía al grupo con regularidad y estaba cambiando su vida. Pero un día desapareció y no pudimos localizarlo. Quizá un mes después, apareció en el Centro de Reducción de Riesgos con su padre, que había venido desde la Costa Este para buscarlo. Nuestro participante tenía muy buen aspecto: llevaba ropa más bonita, sonreía y quería pasarse para decirnos que estaba bien y que pensaba mudarse de San Francisco».
«Lloré un poco cuando entró», dijo Rafus. «Estábamos muy preocupados por él, y de repente apareció con ese aire tan tranquilo y feliz. De verdad que lo achaco a este programa que ayuda a la gente a trabajar en sus objetivos relacionados con el consumo de sustancias. Le dijimos: “San Francisco siempre estará aquí. Si vuelves, podrás disfrutar de la ciudad de otra manera. Pero tu familia, que vino aquí a buscarte, te quiere. Aprovecha esta oportunidad”».
PROP es un programa de 12 semanas que ofrece apoyo entre iguales sin cita previa tres veces por semana, acceso a personal clínico titulado para recibir asesoramiento y un enfoque colaborativo basado en los puntos fuertes entre el personal y los participantes. En cada sesión del grupo sin cita previa, los participantes tienen la opción de hacerse un análisis de orina para detectar drogas, con lo que ganan puntos para conseguir una tarjeta regalo si el resultado es negativo. No hay ninguna sanción si los participantes deciden no hacerse una o varias pruebas de detección de drogas. Si el resultado de una prueba es positivo, el participante puede seguir en el programa y no pierde nada de lo que haya ganado antes ni su derecho a ganar más en el futuro.
En definitiva, el incentivo de la tarjeta regalo tiene como objetivo fomentar la responsabilidad, promover la confianza en uno mismo, facilitar un ambiente de comunicación y confianza, y crear vínculos entre quienes dan y quienes reciben los incentivos, dijo Rafus.
«Vemos llegar a gente que se encuentra en situaciones de lo más desesperadas», dijo Rafus. «Llegan por derivación de un equipo de tratamiento de adicciones de un hospital, después de haber acudido a urgencias. Vemos a personas que sufren traumas graves y enfermedades mentales, y que se automedican con metanfetamina u opiáceos».
«Lo más difícil es que, a menudo, las circunstancias de vida de los participantes —como la falta de vivienda— siguen igual aunque estén intentando dejar las drogas», dijo La Febre. «No hay muchas opciones para sacar a la gente de la calle y darles un techo. Así que, para quienes consumen estimulantes para lidiar con las dificultades de no tener un hogar, puede ser realmente complicado».
La pandemia de COVID-19 ha agravado los problemas relacionados con el tratamiento de la adicción a sustancias. Los participantes dicen que la pandemia y el confinamiento les han provocado más depresión y ansiedad, y que, como consecuencia, han aumentado el consumo de sustancias, según Rafus.
PROP pasó a ofrecer sesiones grupales virtuales y reuniones individuales por teléfono con los asesores poco después de que entrara en vigor la orden de confinamiento en San Francisco. Se ofrecen sesiones presenciales al aire libre de forma limitada un día a la semana. Aunque ahora mismo no se puede acceder al espacio interior del Centro de Reducción de Daños, los participantes pueden recibir los materiales de reducción de daños a través del servicio a domicilio.
«Para nosotros es muy importante mantener abiertos y disponibles algunos de estos servicios esenciales de tratamiento del consumo de sustancias en estos momentos», dijo Rafus. «Sabemos que las tasas de sobredosis ya eran altas incluso antes de la pandemia, y sin duda han aumentado durante la cuarentena. Por eso, es fundamental que podamos seguir apoyando a las personas que tienen problemas con el consumo de sustancias y ofrecerles una forma segura de abordar su problema durante este periodo».