Nota del editor: Ernest Hopkins, estratega sénior y asesor de la SFAF, compartió el siguiente mensaje de esperanza con nuestro equipo en un momento en el que muchos miembros de las comunidades negra, latinx y LGBTQ están viviendo situaciones de incertidumbre, ansiedad e incluso violencia relacionadas con las elecciones presidenciales de 2020. Hemos decidido publicar este texto en la sección «Nuestras voces» para compartir estas perspectivas con nuestros lectores.
Queridos compañeros,
Tras la reunión de todo el personal de la semana pasada, que me pareció muy impactante y profundamente conmovedora, me parece oportuno compartir algunas reflexiones y palabras de ánimo ahora que nos acercamos a los últimos días antes de las elecciones de 2020.
El racismo fue mi primera amenaza, luego la homofobia, después el VIH y ahora la COVID-19; todas ellas se acumulan sobre mi espalda y mis hombros, oprimiendo mi respiración y mi capacidad para moverme, vivir y amar libremente en el mundo. Sé que muchos de vosotros también sentís presiones similares. Sentimos la ansiedad de quienes cuidamos de otros y comprendemos el impacto desproporcionado que tiene la violencia estructural sobre las comunidades negras y latinas, así como el daño real que causan a la sociedad, a nuestras familias, a nuestros clientes y a nuestros vecinos las políticas e decisiones de financiación inhumanas e injustas.
Como hombre negro, gay y nativo de Washington, a menudo me he sentido en desacuerdo con las opiniones de mi gobierno. Recuerdo que, cuando tenía 11 años, estaba sentado junto a la piscina de un hotel durante unas vacaciones en Miami Beach y escuché horrorizado cómo un chaval blanco de mi edad, de Pensilvania, se quedaba boquiabierto y se maravillaba de que yo viviera en Washington D. C., cerca del presidente Nixon, a quien ese chaval idolatraba. Anoche, hablando con mi madre, que tiene 90 años, me contó que, cuando era pequeña, a mi abuelo le obligaron a pagar 2 dólares para votar en Clarkton, Carolina del Norte, y mencionó que ella nunca se había perdido unas elecciones desde que tuvo edad para votar en 1948.
Las elecciones y el voto son herramientas para cambiar nuestra situación, y deberíamos hacer todo lo posible por aprovecharlas en nuestro beneficio. Sin embargo, la vida nos enseña que una derrota electoral no significa que tengas que perder ni sentirte derrotado.
La epidemia del VIH en EE. UU. nos ha enseñado que una comunidad indignada —ante la inacción del Gobierno— puede movilizar a la opinión pública y convertirla en poder político y en logros notables. Los defensores del VIH y de la justicia social están en una posición ideal para liderar al país en este momento de pandemia, independientemente del resultado de las elecciones de la semana que viene.
Desde el inicio de la epidemia del VIH, el estigma, la homofobia y el racismo han marcado la política en torno al VIH. Nuestras victorias en favor de las personas que viven con el VIH y de las que son vulnerables al virus han sido fruto de una dura lucha, a menudo en épocas políticas en las que nuestros valores y nuestra línea política no gozaban de buena acogida. Hemos escrito el manual sobre cómo salir adelante en tiempos de adversidad. Hoy en día, Estados Unidos necesita nuestra experiencia y sabiduría, forjadas a partir de nuestra dolorosa historia.
Tengo muchas ganas de volver a trabajar con políticos que compartan los objetivos y la visión de mi país. Se trata de una meta ambiciosa que guía, más que define, la trayectoria de mis esfuerzos y mi capacidad para prosperar.
Ha sido un largo camino desde que mi abuelo tuvo que pagar el «impuesto de capitación» hasta ahora; eso me ha hecho fuerte, lúcido y ágil a la hora de enfrentarme a los obstáculos que se interponen en mis objetivos. El camino hacia la justicia me ha enseñado la necesidad de mantener la calma ante el peligro y las crisis, y me ha hecho lo suficientemente resistente como para canalizar las decepciones iniciales y la rabia que me provocaban las decisiones con las que no estaba de acuerdo hacia acciones constructivas para la supervivencia de mi tribu.
Cada ciclo electoral es una nueva oportunidad para que Estados Unidos se redima, para alinear el «sueño americano» con «Tengo un sueño» y para honrar la sangre, el sudor, el esfuerzo, el ingenio y la alegría creativa de mis antepasados como auténticos y esenciales artífices de este país. Votar es mi forma de honrar ese sacrificio del pasado e invertir en el futuro que todos nos merecemos.
Ahora que nos acercamos a los últimos días antes de las elecciones, espero que te dé ánimos saber que el progreso es fruto de nuestra fortaleza. Siempre hemos salido adelante incluso en los momentos más difíciles, y lo volveremos a hacer.
Un saludo en la lucha,
Ernest