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Hablemos mejor de nuestros traseros

4 de septiembre de 2018

¿Cuándo fue la última vez que hablaste de tu trasero? Si quisieras sacar el tema de tu trasero, ¿con quién hablarías y qué dirías?

Una vez le pregunté a mi médico, que es gay, qué podía hacer para mantener el culo sano. Me dijo que, como persona de unos treinta y tantos años, seronegativa y sin síntomas ni preocupaciones, no había ningún servicio disponible en mi sistema sanitario ni ningún consejo específico que pudiera darme.

Ahora que lo pienso, habría muchos temas que podría haber tratado, como la salud de la próstata, el cáncer de ano y sus causas, cómo mantener mi sistema digestivo a punto, cómo prevenir o deshacerme de esas molestas hemorroides, y los mejores consejos para estar preparado cuando llegue el momento de una sesión caliente.

Para mucha gente —personas queer, hombres gais, mujeres, personas trans— el culo es una parte importante de nuestra vida sexual. Pero mucha gente no tiene acceso a la información, la educación y los recursos que quiere y necesita, no solo para cuidar su culo y mantenerlo sano, sino también para disfrutar del sexo más caliente posible. La gente está deseando recibir información y tener conversaciones de calidad sobre el sexo anal apasionante y la salud del culo. Esto vale tanto para personas queer como para heterosexuales. (Puede que a los chicos heterosexuales no les follen por el culo, pero quizá quieran —y necesiten— saberlo todo sobre el sexo anal por el bien de sus parejas).

Hace poco hicimos una encuesta entre nuestro público online para preguntarles sobre temas relacionados con la salud anal y el sexo. Respondieron más de 400 personas (en su mayoría personas que se identificaban como hombres, pero también mujeres cis, hombres y mujeres trans, personas no binarias, personas que no se ajustan a los estereotipos de género y personas genderqueer), y la mayoría (el 96 %) dijo que había tenido o que tiene actualmente relaciones sexuales anales.

Casi una cuarta parte de las personas (el 23 %) dijo que había querido o necesitado hablar con un profesional sanitario sobre un problema o una cuestión relacionada con su trasero, pero que no lo hizo.

Depende de nosotros empezar —y seguir teniendo— conversaciones sobre nuestros traseros.

Defiende la salud sexual

Algunos de los encuestados dieron ejemplos de ocasiones en las que pudieron hablar con sus profesionales sanitarios sobre la salud anal.

«Tengo la suerte de contar con médicos con los que puedo hablar de lo que me pasa en el culo», escribió uno de los encuestados. «Incluso les explico que la sangre en la muestra de heces se debe a una sesión de sexo duro reciente, y no a algo más grave».

Otro escribió: «He tenido hemorroides y verrugas anales, e incluso estoy participando en un estudio sobre el cáncer anal. También me he hecho una colonoscopia, un montón de frotis anales para detectar ITS y un examen de próstata. No me cuesta nada hablar de mi culo con un profesional sanitario».

Sin embargo, más de un puñado de personas (más de 30) mencionaron la «vergüenza» como la principal razón por la que no buscaron atención médica para un problema relacionado con el trasero. Una persona citó «el estigma del sexo gay en general, pero sobre todo el de ser la parte receptora en el sexo anal» como motivo por el que no buscó ayuda para un problema de salud anal. Otra dijo que temía «que le dijeran que no debería hacer las cosas que le gustan».

Es súper importante que te atrevas a hablar de tus necesidades en materia de salud sexual y anal, aunque —lo entiendo— hablar de algunos de estos temas puede resultar incómodo y vergonzoso. Pero no te desanimes: tus profesionales sanitarios están ahí para ayudarte y (deberían) velar por tu bienestar.

«Me digo a mí misma que hablar de mi trasero es su trabajo», escribió una de las participantes en la encuesta. «Ven un montón de traseros todos los días. Eso me ayuda a sentirme menos avergonzada».

Encuentra profesionales sanitarios que te entiendan

En Magnet vemos traseros todo el día, todos los días. Nuestros profesionales pueden hacerse una buena idea de lo que te pasa ahí abajo si tienes algún problema, y probablemente podrán aconsejarte sobre cómo tratarlo. ¡Pero primero tienes que preguntar! Puede que tengas que informarte tú mismo y informar a tu médico. Tienes que encontrar los recursos y servicios adecuados y, con suerte, cuando los encuentres, tu seguro los cubrirá.

Muchas personas que participaron en la encuesta dijeron que sentían vergüenza por el sexo anal, temían que las juzgaran o las desaprueben, o no confiaban en los profesionales sanitarios que quizá no estuvieran familiarizados con los problemas de salud de la comunidad queer/LGBTQ.

«La verdad es que cuesta hablar con algunos médicos que no están familiarizados con los problemas de salud de los hombres gais», escribió uno de los encuestados.

Mucha gente dijo que buscaba activamente profesionales sanitarios que estuvieran bien informados sobre los problemas de salud de la comunidad queer. «Me aseguro de tener un médico que se sienta cómodo con el sexo gay y que sepa del tema», dijo una persona.

Otra persona contó: «Me daba demasiada vergüenza preguntarle a mi gastroenterólogo sobre las hemorroides y el sangrado rectal. Me preocupaba que estos problemas estuvieran relacionados con el uso de juguetes sexuales anales. Al final, me armé de valor y se lo pregunté a mi psiquiatra. Mi psiquiatra me dijo que, si no me sentía cómoda preguntándole a mi gastroenterólogo, tenía que buscarme otro. Así que al final me cambié de gastroenterólogo».

Haz todo lo que puedas por encontrar un profesional que te trate con respeto; esto es súper importante. Veo cada día cómo nuestro equipo de servicios de salud sexual de San Francisco AIDS Foundation se esfuerza por validar las vidas de las personas a las que atendemos. Nos acercamos a la gente tal y como es, sin juzgar, entendiendo que todos tenemos cuerpos diferentes con necesidades diferentes.

Da igual quién seas y cuánto sepas, hablar de culos es complicado, y aún más difícil es encontrar respuestas a esas preguntas que quizá te dé vergüenza plantear. Pero, al menos, tenemos que empezar a hablar del tema.