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«Las cosas mejoran» para la gente gay y queer. Pero, ¿cómo?

9 de diciembre de 2021

Muchos de los que formamos parte de la comunidad gay y queer hemos oído el mantra de «las cosas mejoran». Sin embargo, sin el contexto adecuado, estas palabras pierden todo su sentido. Son perfectas para un anuncio pegadizo y optimista, pero no sirven de mucho cuando hay personas que se sienten solas y buscan conectar, sentirse parte de algo y prosperar. Naturalmente, uno podría preguntarse: «¿Cómo es exactamente que las cosas mejoran?»

La verdad es que las cosas mejora, pero solo cuando uno se esfuerza por crear esa comunidad solidaria que hace falta para apoyar el crecimiento y el desarrollo personal. 

La homofobia busca minimizar y menospreciar nuestra forma de vivir. Puede que haya gente que no forma parte de nuestra comunidad y que afirme que somos algún tipo de fenómeno nuevo. Que hemos surgido de la nada para aprovecharnos de un momento de la cultura pop. Pero nada más lejos de la realidad. Nos han silenciado, pero siempre hemos estado aquí. Ahora es el momento de unirnos. Nuestra resiliencia reside en nuestra capacidad para hacernos visibles y crear comunidad. 

Si le preguntas a alguien que haya sobrevivido a la epidemia del VIH/sida cómo se forjó la comunidad en medio de un periodo traumático de la historia mundial, su relato probablemente será muy diferente al de las generaciones más jóvenes de personas queer que viven la nueva revolución sexual que ha traído consigo PrEP . Pero aunque un hombre gay niegue que exista una verdadera comunidad gay, lo que suele destacar en todas las historias es el deseo de que haya una comunidad.

Cuando me mudé a la zona de la Bahía, uno de mis mentores me habló del libro *The Different Drum: Community Making and Peace* , de M. Scott Peck. En su obra, Peck define la comunidad como «un grupo de personas que han aprendido a comunicarse con sinceridad entre sí, cuyas relaciones van más allá de sus máscaras de serenidad, y que han desarrollado un compromiso significativo para “alegarse juntos, llorar juntos” y para “disfrutar de la compañía de los demás, hacer nuestras las circunstancias de los demás”».

¡Qué definición tan inspiradora de lo que es una comunidad! Lo que veo en esta definición es también la oportunidad de experimentar la sanación junto a la comunidad. Da igual si viviste la epidemia del VIH/sida (o si aún no habías nacido), da igual si creciste con modelos positivos de otros hombres gais (o no), y da igual lo tolerantes que fueran (o no) tus padres: todos los hombres gais compartimos la experiencia común de ser diferentes. Eso influye en cómo nos vemos a nosotros mismos y en nuestro desarrollo psicológico.

Formar parte de una comunidad es donde gestionamos nuestras diferencias y, al mismo tiempo, exploramos nuestras similitudes con otras personas que están desafiando de forma intencionada cuestionan las expectativas normalizadas sobre género, sexualidad y relaciones. Es donde podemos acudir para sentirnos acogidos y cuidados, y también donde encontramos la humildad. En la comunidad, nos recordamos a nosotros mismos que formamos parte de algo más grande que nosotros mismos.

Además, es a través del contacto constante con otras personas como se facilitan de forma más eficaz las conexiones significativas que se necesitan para crear una comunidad. Hay organizaciones como la delegación local de «Gays For Good», que moviliza a voluntarios LGBTQ+ en la comunidad en general para promover la diversidad, fomentar la inclusión y fortalecer las comunidades, y también ligas deportivas como Varsity Gay League, la liga deportiva recreativa LGBT más grande del país, que ofrece eventos y torneos durante todo el año. En muchas ciudades, basta con buscar en Google lo que te interese —guitarra, senderismo, escalada, yoga— junto con «gay», y quizá encuentres comunidades queer en torno a esas actividades. Y si hay un vacío, ¡quizá puedas llenarlo tú! 

En el Área de la Bahía también hay un montón de organizaciones, como los centros LGBTQ locales y otras asociaciones sin ánimo de lucro que prestan servicios a la comunidad LGBTQ, como el Centro LGBTQ de San Francisco y el Centro Comunitario LGBTQ de Oakland. En el último Orgullo, también descubrí el Centro Comunitario Arcoíris y el Centro Comunitario LGBTQ+ Billy DeFrank de San José 

Darius Gordon, miembro del personal del Centro LGBTQ de Oakland, reconoce que incluso dentro de la comunidad LGBTQ hay subcomunidades. La experiencia de las personas negras es totalmente diferente debido a la marginación interseccional, por ejemplo. Organizan un grupo de apoyo mensual para hombres negros queer, llamado Black Connect. El grupo se reúne el segundo jueves de cada mes y crea un espacio para que los hombres negros queer y las personas que se identifican con una identidad masculina puedan conocerse, conectar y entablar relaciones auténticas con otras personas que comparten su experiencia.

«Hacer esto en un ambiente seguro y sin alcohol es algo poco habitual para las personas negras queer de la Bahía de San Francisco, que, de no ser así, solo tendrían bares, discotecas y aplicaciones para ligar como forma de relacionarse», dijo Darius Gordon, el moderador del grupo. «No veo a este grupo como algo que se oponga a esas plataformas, sino como un complemento; es una forma diferente de conectar con la gente de la comunidad y un espacio para compartir nuestras experiencias en el mundo de la vida nocturna y las citas».

El Centro LGBT de Oakland también oorganiza grupos de afinidad para muchas otras comunidades. San Francisco AIDS Foundation ofrece servicios sociales similares como la Red Elizabeth Taylor 50-Plus, que apoya a hombres gais, bisexuales y trans de 50 años o más que sobrevivieron a la epidemia del VIH/sida; «Black Brothers Esteem » (BBE), para miembros de la comunidad negra y afroamericana; y los «Programas Latinos», para miembros de la comunidad latinx. 

Vince Crisostomo, director de Servicios para la Tercera Edad de San Francisco AIDS Foundation , se sumó a la conversación diciendo: «Ha habido mucho trauma para las personas que vivieron la epidemia del sida».  Y ahora mismo, estamos viviendo la segunda pandemia de nuestras vidas. Cuando estás traumatizado, puede resultar aún más difícil conectar con la gente. Por eso, los espacios que te ayudan a explorar cosas como: “¿Cuál ha sido tu experiencia?” y “¿Cómo estás afrontando ese trauma ahora?” son realmente útiles».

Lo que hace que crear una comunidad sea tan emocionante es que no tenemos que esperar para empezar a hacerlo. Y cuando la hayamos encontrado, nos daremos cuenta de que nuestras vidas realmente mejoran.