La gente suele equiparar la reducción de daños con los servicios de acceso a jeringuillas, que proporcionan a las personas que se inyectan drogas los materiales y recursos que necesitan para prevenir el VIH, la hepatitis C, otras infecciones transmitidas por la sangre, los abscesos y las infecciones cutáneas.
Estoy aquí para decirte que es mucho más que eso.
La reducción de daños es una muestra de amor y empatía hacia todas las personas que consumen drogas, que tienen relaciones sexuales, que se dedican al trabajo sexual o que hacen otras cosas que pueden acarrear daños. Eso significa que todos nosotros, en distintos momentos de nuestra vida, practicamos la reducción de daños como una forma de cuidarnos a nosotros mismos y a las personas que queremos.
En lo que respecta al consumo de drogas, las estrategias de reducción de daños abarcan todo un abanico que va desde técnicas más seguras (como analizar tus drogas para detectar fentanilo o consumirlas con amigos que tengan Narcan), pasando por el consumo controlado, hasta la abstinencia. Puede incluir limitar cuándo consumimos drogas, o cambiar cómo o qué consumimos. La reducción de daños reconoce que hay razones por las que consumimos drogas, y razones por las que no dejamos de hacerlo o no podemos dejarlo. La reducción de daños crea oportunidades para que podamos estar lo más seguros posible.
Cuando practicamos la reducción de daños, trabajamos para crear espacios y conversaciones que sanen los daños causados por una guerra contra las drogas racista. Es una perspectiva desde la que podemos analizar las desigualdades sociales y cómo estas influyen en los daños a los que estamos expuestos.
Si tienes dinero y recursos, los riesgos a los que te enfrentas con las drogas serán muy diferentes a los que podrías correr si no tienes hogar y las consumes al aire libre. Si no tienes acceso a duchas ni a productos de higiene, o si intentas consumirlas debajo del abrigo en un lugar público y tienes que darte prisa porque pasa gente y sientes vergüenza y estigma, es posible que te expongas a un mayor riesgo.
A esto hay que añadir cómo factores como la raza, el género, la orientación sexual, la situación migratoria y la discapacidad pueden influir en cuánto dinero ganas, en el riesgo de quedarte sin hogar y en la probabilidad de que la policía te pare. La reducción de daños reconoce —y trabaja dentro de— las desigualdades estructurales a las que nos enfrentamos y que se entrecruzan con el estigma relacionado con las drogas y el daño que este causa.
Lo que se interpone de lleno en el camino de la reducción de daños es la guerra contra las drogas.
La guerra contra las drogas ha creado una visión social colectiva según la cual ciertas drogas son intrínsecamente malas o perversas. Las drogas no pueden ser malas, ni tampoco buenas, porque no son más que algo que se puede usar por muchas razones diferentes. Cuando vemos esas drogas como algo malo, empezamos a considerar a las personas que las consumen como malas, en lugar de verlas simplemente como personas que consumen drogas por sus propias razones.
Esta mentalidad hace que quienes están en el poder actúen desde un enfoque punitivo: abordan los problemas causados por las drogas desde el dolor, en lugar de hacerlo desde la salud. Hay mucha gente con muy buenas intenciones que piensa: «Tengo que castigarte porque así es como te vas a recuperar». Pero si te acercas a alguien que consume drogas con esa perspectiva, significa que no estás escuchando a esa persona. No la estás teniendo en cuenta. Intentas decirle lo que es mejor para ella (la abstinencia) sin escucharla sobre lo que necesita para estar sana y sentirse completa.
Es importante reconocer que la mayoría de la gente tiene traumas relacionados con el consumo de drogas, algo que me ha recordado mi compañera, la señorita Ian, directora ejecutiva de la Unión de Consumidores de Drogas de San Francisco. Nos ha afectado nuestro propio consumo, el de nuestros familiares o amigos, o lo que hemos visto en nuestra comunidad mientras crecíamos. Esta es una de las razones por las que puede resultar difícil evitar que los sentimientos negativos hacia las drogas determinen nuestras expectativas sobre lo que las personas que consumen drogas deberían o no deberían hacer. Pero hay que intentarlo.
La reducción de daños es una forma de ayudar a superar algunas de estas experiencias traumáticas.
No minimizamos, ignoramos ni pasamos por alto los daños reales o trágicos que puede acarrear el consumo de drogas, ya sean lícitas o ilícitas. De hecho, tenemos que ser pragmáticos, realistas y estar bien informados para encontrar soluciones que minimicen o prevengan esos daños. Sabemos que cada día mueren personas por sobredosis de opiáceos. Por eso defendemos la prevención de sobredosis —analizar las dosis, consumir en compañía de otras personas, recibir formación sobre el Narcan y tenerlo a mano—: estrategias que han demostrado una y otra vez que salvan la vida de quienes consumen drogas.
Para todos los que consumís drogas y os sentís ignorados, menospreciados o nerviosos: os vemos. Estamos aquí para acompañaros tal y como estáis, con cariño y apoyo.