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En el caso de las personas con VIH, el consumo de cannabis se asocia a menores índices de deterioro cognitivo

24 de febrero de 2020

El consumo de cannabis podría estar relacionado con un menor deterioro cognitivo asociado al VIH, según sugiere una nueva investigación de Caitlin Wei-Ming Watson y sus colegas de la Universidad de California en San Diego. El estudio, en el que participaron unos 1.000 adultos con distintos historiales de consumo de cannabis, reveló que las personas con VIH que consumían cannabis presentaban menores índices de dificultades de aprendizaje y de fluidez verbal.

No se observaron diferencias en el deterioro cognitivo entre los consumidores de cannabis seronegativos y los que no consumían, lo que sugiere que el cannabis podría prevenir el deterioro neurocognitivo causado por el VIH.

«Estudios recientes muestran que los cannabinoides tienen propiedades antiinflamatorias», dijo Watson. «Planteamos la hipótesis de que un cierto grado de exposición al cannabis podría tener un efecto protector para la salud cerebral en determinados contextos. Aunque en la población general el consumo intensivo de cannabis se asocia con resultados cognitivos nulos o negativos, nos interesaba saber si el cannabis tendría efectos diferentes sobre la cognición en una enfermedad como el VIH, que se caracteriza por un sistema inmunitario debilitado y una inflamación persistente».

En el estudio participaron un total de 952 adultos (679 que vivían con el VIH y 273 que eran seronegativos). No se incluyó en el estudio a personas con antecedentes de trastornos neurológicos, médicos o psiquiátricos no relacionados con el VIH que afectaran a la función cerebral. Tampoco se incluyó a personas que hubieran tenido un trastorno por consumo de sustancias (excepto el cannabis) en el último año, ni a aquellas que dieran positivo en sustancias distintas del cannabis en un análisis toxicológico de orina.

Los investigadores evaluaron el consumo de cannabis a lo largo de la vida y el consumo de cannabis durante el último año, y clasificaron a los participantes del estudio según su estado serológico respecto al VIH y su exposición al cannabis. Las personas del grupo de consumo de cannabis tenían tanto un historial de consumo considerable de cannabis como consumo durante el último año. Las personas del grupo sin consumo de cannabis no habían consumido cannabis durante el último año ni tenían un historial de consumo considerable. Los participantes realizaron pruebas neurocognitivas para evaluar funciones cognitivas como la fluidez verbal, el aprendizaje, la memoria, la atención, las habilidades motoras y otras.

La edad de los participantes oscilaba entre los 18 y los 79 años. La mayoría eran hombres (76 %) y se identificaban como gais o bisexuales (71 %).

Tras tener en cuenta la raza o el origen étnico, el trastorno depresivo mayor actual y los antecedentes de consumo considerable de metanfetamina, los investigadores encontraron una relación significativa entre el consumo de cannabis y el deterioro neurocognitivo, que variaba según el estado serológico respecto al VIH.

Las tasas de deterioro neurocognitivo entre las personas seronegativas al VIH eran similares, independientemente de si consumían cannabis o no (entre el 25 % y el 30 %). Sin embargo, entre las personas que viven con el VIH, las tasas de deterioro neurocognitivo eran mucho más altas entre quienes no consumían cannabis (casi el 50 %), mientras que eran mucho más bajas entre quienes sí lo consumían (alrededor del 30 %).  

«Nuestros resultados concuerdan con la idea de que, en determinadas circunstancias, el cannabis podría tener efectos neuroprotectores», afirmaron los autores. «Dado que nuestros hallazgos no variaron en las personas con VIH que tenían la carga viral suprimida, los efectos antiinflamatorios del cannabis podrían ser importantes tanto para las personas con VIH cuya carga viral es detectable como para aquellas cuya carga viral es indetectable».

Watson explicó que la mayoría (el 70 %) de los déficits neurocognitivos que se observan en las personas que viven con el VIH se consideran lo bastante leves como para que quizá ni siquiera noten que tienen algún problema, aunque incluso estas formas más leves de deterioro neurocognitivo pueden afectar a su vida cotidiana.

«Algunas investigaciones de nuestro laboratorio han demostrado que estas ligeras deficiencias están relacionadas con dificultades a la hora de gestionar la medicación, el empleo y otros aspectos funcionales y médicos importantes», dijo.

Se necesitan más investigaciones para aclarar qué aspectos del cannabis tienen efectos terapéuticos y cuáles no, incluyendo el efecto de la dosis, la frecuencia de consumo y el tipo de producto de cannabis. Watson afirmó que sus conclusiones tienen varias limitaciones.

«Nuestro estudio fue retrospectivo y no recogió información detallada sobre el consumo de cannabis, como su potencia, ni tampoco tuvo en cuenta factores importantes como el contexto psicosocial, incluidas las motivaciones para consumirlo. Además, puede que haya otras consecuencias negativas para la salud derivadas del consumo intensivo y prolongado de cannabis, como la bronquitis crónica, que es importante tener en cuenta».

«En el futuro, nos gustaría poder determinar qué niveles de exposición al cannabis están relacionados con una salud cerebral y cognitiva óptima, y cuáles pueden ser perjudiciales», dijo Watson. «Es probable que los efectos beneficiosos se limiten a determinadas dosis y frecuencias de consumo, y que también varíen según el compuesto del cannabis (por ejemplo, THC frente a CBD frente a CBC)». «Por ahora, no queremos que la conclusión sea: “Si tienes el VIH, puedes consumir cannabis y eso va a ser muy bueno para tu salud cerebral y tus funciones cognitivas”. Tenemos que investigar mucho más antes de poder hacer recomendaciones más específicas sobre el impacto del consumo de cannabis en el cerebro de las personas con VIH».  

Referencia:

Watson, Caitlin Wei-Ming y sus colegas. El consumo de cannabis se asocia con una menor probabilidad de sufrir deterioro neurocognitivo en personas que viven con el VIH. JAIDS, enero de 2020.