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Querido «Rechazado en San Francisco»:

Hace poco me topé con una carta abierta de 1999 publicada en SFGate en la columna «Cintra Wilson Feels Your Pain», en la que se habla de cómo un hombre negro y gay se sentía solo dentro de la comunidad queer del Área de la Bahía. Sin embargo, la carta, firmada como «Rechazado en San Francisco» por un hombre negro y gay anónimo que buscaba respeto, y la respuesta de la columnista de consejos Cintra Wilson, piden a gritos una actualización 25 años después.

«Créeme, cualquier hombre negro gay que aspire a mudarse al Área de la Bahía para escapar de la persecución o para encontrar algún tipo de felicidad de verdad se va a llevar una desagradable sorpresa», se lamenta «Rechazado en San Francisco». La obsesión por la blancura, tanto en las preferencias personales como en la representación mediática dentro de la comunidad gay, amplificó su sensación de alienación y, sin quererlo, perpetuó el ciclo de inseguridad y menosprecio que sufren muchos hombres negros gais. 

Sentí la ternura que desprendía su vulnerabilidad y el dolor de su soledad.  

La respuesta de Wilson pretendía ser positiva, llegando incluso a referirse a la autora como «Chocolate Love», un término con el que se quería celebrar la negritud, pero la verdad es que sus palabras necesitan una revisión completa. Etiquetas como «chocolate», aunque pretenden ser cariñosas, pueden reducir nuestra identidad negra a un objeto de consumo —uno que no requiere consentimiento ni tener en cuenta los sentimientos, uno que se puede comprar y vender—. 

Cintara sigue diciendo: «Tienes que elevar la conciencia de la gente, empezando por la tuya propia. Confía en el castillo interior de tu alma, que es perfecto, incoloro e inmune a las estúpidas limitaciones de este planeta ilusorio». Nunca había leído nada que sonara tan bonito, pero que en realidad no significara nada. Antes de poder terminar el pasaje, ya quería atravesar Internet, retroceder en el tiempo, pasar por un módem de sobremesa de AOL con conexión por línea telefónica, mirar más allá de sus sandalias de cuña de los 90 y darle una dosis de realidad. 

Ay, las historias que podría contar sobre las cosas que han hecho y dicho los hombres blancos y gais de San Francisco. Como aquella vez que tuve una primera cita y hablé de lo mucho que me gusta leer memorias de autores negros y queer, y mi cita me sugirió que leyera más libros «escritos desde la perspectiva blanca». Terminé la cita educadamente, cogí mi helado y me fui en dirección contraria por el parque Dolores. Probablemente eso fue más ignorante que el hombre blanco que me dijo que «los negros no van a terapia».  

Me han dicho que debería tomarme «la fetichización como un cumplido». Al fin y al cabo, debería aprovechar toda la atención que pueda al leer todos esos «No negros» o «prefiero ojos azules» que afean los perfiles de Grindr y Scruff, ¿no? Cuando le di un tajo en la mano a un tío blanco antes de que me agarrara en una fiesta navideña de ropa interior en SoMA, tuve que recordarle que «los regalos de Papá Noel no son para todo el mundo». 

En este caso, el consejo de Cintra es como culpar a un pez por nadar en un océano contaminado. El pez, que representa a la persona que sufre discriminación, puede que intente ser más resiliente, pero si no se soluciona la contaminación, el océano seguirá siendo tóxico no solo para ese pez en concreto, sino para toda la vida marina. Sus palabras dan a entender que el pez por sí solo puede prosperar en un entorno tóxico y transformar átomos con la sola fuerza de su voluntad, en lugar de unir los esfuerzos colectivos necesarios para limpiar las aguas en beneficio de todo el ecosistema.

Bueno, vamos a intentarlo otra vez, Cintra: 

Querido «Rechazado en San Francisco», 

Me enfurece la idea de que te hayas estado dando vueltas a las palabras de Cintra solo para «elevar tu conciencia», como si la responsabilidad de luchar contra la discriminación generalizada a la que te enfrentas recayera exclusivamente sobre ti. No. No es tu responsabilidad iluminar a los que se empeñan en ser ignorantes ni buscar consuelo en un «castillo interior» etéreo. Esa sugerencia no solo es errónea; es un insulto a la lucha tan real a la que te enfrentas cada día.

La sanación que buscas, el respeto que te mereces, no los encontrarás en los gestos vacíos de una comunidad que no se atreve a afrontar su propio racismo, ya sea al restar importancia —a propósito o sin querer— a los problemas de la comunidad negra. En cambio, el camino hacia tu liberación reside en el poder de la comunidad negra. Es en este espacio sagrado donde encontrarás el apoyo inquebrantable, las experiencias compartidas y la fuerza colectiva para superar la ignorancia y el odio que te han impuesto.

Rodéate de amigos, mentores y aliados negros que entiendan el peso del mundo que llevas sobre tus hombros. Busca organizaciones LGBTQ+ dirigidas por personas negras, asiste a eventos que celebren la cultura negra y sumérgete en entornos donde tu identidad negra no solo se vea, sino que se valore. Es en estos espacios donde experimentarás el poder transformador de una comunidad que realmente te entiende, que lucha por ti y que te ayuda a sanar.

Baldwin, Rustin, Riggsy Hemphill te han dejado sabiduría para que la asimiles. Deja que cada palabra te penetre y te llene el alma. ¿Quién serías si supieras que están caminando a tu lado, guiándote en tu propio camino? ¿Quién te atreverías a ser si supieras que están animándote para que triunfes? 

La comunidad negra es una fuente inagotable de resiliencia y amor, un lugar donde tu identidad no es un lastre, sino la fuente de un espíritu indomable y de orgullo. Aquí encontrarás no solo sanación, sino también una férrea determinación para cambiar la narrativa y exigir el reconocimiento y la igualdad que se te han negado durante demasiado tiempo.

Ojalá encuentres a tu tribu, «Rechazados en San Francisco», y en ella la fuerza y el consuelo que tanto te mereces. El camino puede parecer abrumador, pero ten claro que no estás solo. Juntos, en el seno de la comunidad negra, forjaremos un camino hacia la verdadera sanación y una solidaridad inquebrantable.

Con rabia, con solidaridad y con la esperanza de un futuro en el que nunca se ponga en duda tu valía,

Charles