Una encuesta de GLSEN que te parte el corazón encuesta de GLSEN revela que un asombroso 86,3 % de los estudiantes LGBTQ sufren acoso o agresiones en el colegio, y son los estudiantes trans y los de color los que más sufren. Nuestros colegios, que deberían ser espacios sagrados de aprendizaje y crecimiento, se han convertido en campos de batalla donde los chavales queer se ven obligados a luchar por su derecho a existir.
Esto no es solo una crisis, es un fracaso social. Cuando a nuestros hijos se les trata con odio y rechazo en lugar de con apoyo y aceptación, eso destroza su autoestima y pone en peligro sus propias vidas. Las consecuencias son devastadoras: tasas de abandono escolar por las nubes, un rendimiento académico en picado y una emergencia de salud mental entre los jóvenes LGBTQ.
Recuerdo perfectamente la angustia que sentía de ser un niño gay obligado a ocultar mi verdadera identidad, anhelando la libertad de amar y ser amado sin miedo a que me juzgaran o me rechazaran. Me duele el corazón por ese niño que solo quería sentirse seguro, estar protegido por los mismos adultos que se suponía que debían cuidar de él. Ese niño era yo.
Mirando atrás, ojalá pudiera abrazar a ese chaval asustado y confundido y susurrarle palabras de consuelo al oído. Ojalá pudiera decirle que no estaba solo, que su lucha tenía un sentido y que era lo suficientemente fuerte como para aguantar. A pesar de todas las dificultades a las que se enfrentaba, encontró la manera de sobrevivir, de mantener intacto su espíritu en medio de toda esa confusión.
Cuando pienso en mi etapa en el instituto y el bachillerato, a finales de la década de 2000 y principios de la de 2010, me llama la atención la cruda realidad de que el progreso ha sido dolorosamente lento. Incluso ahora, ya de adulto, me encuentro viviendo en un mundo en el que ser queer sigue convirtiéndote en un blanco fácil. El odio, la discriminación, la necesidad constante de estar en guardia… es una carga muy pesada de llevar. Y para los jóvenes de hoy en día, lo que está en juego es igual de importante.
Pero en medio de toda esta tristeza, surgen rayos de esperanza. Dwyane Wade, la leyenda de la NBA, se ha convertido en un ejemplo brillante del poder transformador del amor y la aceptación de los padres. Cuando su hija Zaya reveló que era transgénero, Wade y su familia la apoyaron sin reservas. De hecho, se unieron aún más mientras trabajaban para crear una plataforma digital con recursos para los chavales queer y sus familias llamada Translatable.
La trayectoria de Wade es una prueba de que ser un aliado para tu hijo o hija va más allá del simple amor: se trata de educación, de una defensa firme y de usar tus recursos y tu influencia para acabar con los estereotipos dañinos y generar un cambio. Al apoyar a Zaya y dar voz a los jóvenes transgénero, Wade ha ayudado a cambiar el rumbo del debate e inspirado una nueva ola de aceptación.
Nuestros jóvenes queer nos piden ayuda a gritos. Nos suplican que creemos un mundo en el que puedan vivir abiertamente, amar libremente y prosperar sin miedo a la persecución. Y es nuestro deber moral responder a su llamada, sea cual sea el papel que desempeñemos:
- Padres: Si tu hijo o hija te cuenta que es gay, recíbelo o recíbela con amor y aceptación incondicionales. Sé su apoyo, su refugio seguro, su mayor defensor o defensora. Sigue el ejemplo de Dwyane Wade y usa tu voz para apoyar a tu hijo o hija y a toda la comunidad LGBTQ.
- Profesores: Ya es hora de dejar de poner excusas y empezar a cambiar las cosas. Poned en práctica las recomendaciones de la encuesta de GLSEN: mejora la formación del personal, aprueba políticas contra el acoso escolar, introduce un plan de estudios inclusivo y apoya a las Alianzas entre Gais y Heterosexuales. Crea aulas en las que todos los alumnos se vean reflejados y valorados.
- Responsables políticos: Dejad de jugar a la política con la vida de los niños. Aprobad leyes que protejan a los estudiantes LGBTQ de la discriminación y garanticen su acceso a instalaciones y actividades adecuadas. Rechazad las políticas que ignoren o discriminen a los jóvenes queer.
- Comunidades: Todos tenemos un papel que desempeñar a la hora de fomentar una cultura de aceptación y respeto hacia todas las personas, independientemente de su identidad. Ofrece a los jóvenes queer espacios seguros, modelos a seguir positivos y acceso a recursos y servicios que les apoyen.
Todos los niños y niñas merecen crecer sintiéndose vistos, seguros y valorados. Merecen vivir en un mundo donde su identidad se celebre, no solo se tolere. Si trabajamos juntos, podemos construir ese mundo. Pero para ello tenemos que arremangarnos, plantarle cara a las fuerzas del odio y luchar con todas nuestras fuerzas por nuestros hijos e hijas.
La lucha por los jóvenes queer no es solo una cuestión política, como se ha querido hacer creer: es una lucha por el alma de nuestra sociedad. Es una prueba de nuestra humanidad, nuestra compasión y nuestro compromiso con la justicia. Aceptemos el reto y creemos los entornos seguros y llenos de amor que nuestros hijos necesitan para prosperar. Sus vidas dependen de ello.
Al igual que Dwyane Wade, todos podemos ser defensores de los jóvenes queer. Honremos su valentía con hechos. Creemos un mundo en el que todos los jóvenes, independientemente de su orientación sexual o identidad de género, puedan vivir abiertamente, amar libremente y prosperar sin miedo a la persecución. Nuestros hijos cuentan con nosotros. No les fallemos.