Ir al contenido

«American Teenager» nos recuerda que ser visto como un adolescente trans —ser visto de verdad— es una forma de resistencia

12 de marzo de 2025

El libro de no ficción de Nico Lang «American Teenager», no empieza con declaraciones políticas sobre lo que significa llegar a la mayoría de edad siendo una persona trans, sino con momentos cotidianos: una fregona que casi gime al rozar el suelo en Alabama, las luces navideñas que se encienden antes de tiempo en las calles heladas de Dakota del Sur, jugar a videojuegos en el sofá. Pero, de principio a fin, el peso de los 500 proyectos de ley antitrans en todo Estados Unidos convive con los deberes, las cenas en familia y el pelo de perro por todas partes. Es a la vez mundano y extraordinario. 

Lang viajó por todo Estados Unidos pasando tiempo con un grupo muy variado de familias. ¿Su objetivo? Retratar lo que significa crecer, encontrar la felicidad y sentirse como en casa en la América de hoy en día siendo un adolescente trans. 

«Los primeros días los dedicamos a decidir qué historia querían contar», explica Lang, con un tono que denota la reflexión cuidadosa de alguien que entiende la importancia de la representación. Como periodista no binario con años de experiencia cubriendo temas LGBTQ+, Lang abordaba cada entrevista con una pregunta fundamental: «Dentro de 20 años, ¿mirarás atrás y pensarás: “¿Hiciste justicia al ayudar a contar estas historias?”» 

Libros como «American Teenager» a menudo se enfrentan al dilema de elegir entre el puro sufrimiento o el triunfo absoluto para las historias trans. «A veces necesitas alegría para superar la tragedia», reflexiona Lang. «Están viviendo todas estas emociones mezcladas a la vez». Esta complejidad se refleja en historias como la de Ruby, de Houston, que pasa de plantearse el suicidio a encontrar el amor con un novio que la ve tal y como es, y a celebrar su identidad mediante una ceremonia de cambio de nombre en su iglesia episcopal. O cómo Wyatt, al que le encantan los batidos caseros, ve cómo se aprueban leyes antitrans en la tele junto a su juguetón labradoodle, y lo describe como «como ver un funeral en tercera persona».

El miedo a la migración forzosa se cierne sobre estas páginas, aunque Lang señala que vemos más la expectación que las consecuencias. «No solo afecta a los niños trans que se van, sino también a las personas que los quieren», explica, refiriéndose a la abuela mayor de Ruby, a quien pronto dejarán atrás. Las implicaciones políticas son claras: «Ellos», refiriéndose a quienes se oponen a los derechos de las personas trans, «quieren que la gente que se vayan de Florida, y eso la está volviendo más conservadora. Florida solía ser un estado indeciso, pero ahora es imposible que elija a un candidato como Obama, tal y como lo hizo en su día. Y eso es, en cierta medida, intencionado».

Sin embargo, la esperanza persiste en lugares inesperados. Para sorpresa de muchos, algunos de los chavales trans han encontrado en las comunidades religiosas un gran apoyo. Lang comparte su propia sorpresa al encontrar apoyo en espacios religiosos, y cuenta su experiencia al salir del armario en una iglesia bautista. «Le pregunté a un pastor bautista si me iba a ir al infierno», recuerda con una sonrisa, «pensaba que esa era la respuesta habitual, pero el pastor se limitó a reírse». Aunque, claro, esto no es así en todos los casos. Otro pastor le dijo una vez a Lang que «Dios iba a abatirlo con un rifle de francotirador», lo que le arrancó esta respuesta irónica: «¿Se puede llevar armas a la vista en el cielo?».

«American Teenager» se niega a adaptar las historias para que encajen en ideas preconcebidas. Cuando los periodistas se pusieron en contacto con Ruby, «muchos querían moldear la historia», explica Lang. En cambio, «American Teenager» deja que sus adolescentes respiren, ya sea Rhydian en Birmingham con su perro alérgico al césped, Mykah, que se abre camino como joven trans negra en los Apalaches, o Clint en Chicago, que encuentra fuerzas en la banda sonora de «Rocky» mientras le administran la anestesia antes de la cirugía de pecho.

«Cuando les dejas que descubran por sí mismos lo que quieren contar», dice Lang, sale a la luz la verdad: la alegría y la tragedia no son opuestas, sino compañeras en el camino hacia la autenticidad. En «American Teenager», ocho jóvenes nos invitan a ser testigos de ese viaje, recordándonos que ser visto —ser visto de verdad— es quizás la forma más poderosa de resistencia.