Ir al contenido

De la carga viral indetectable al rebote viral: ¿cuándo y por qué?

¿Qué pasa cuando la carga viral ya no se detecta? Muchas personas que empiezan el tratamiento contra el VIH logran reducir rápidamente su carga viral hasta niveles indetectables y la mantienen así mientras sigan con el tratamiento. Pero otras sufren un rebote viral después de alcanzar niveles indetectables, y su carga viral vuelve a subir hasta niveles detectables. 

Un nuevo estudio de Jason Craw y sus colegas ha estudiado con qué frecuencia se produce el rebote viral —y qué factores están relacionados con él— en una amplia muestra de adultos estadounidenses que viven con el VIH. Durante un año, los investigadores descubrieron que aproximadamente 1 de cada 13 personas experimentó un rebote viral tras alcanzar niveles indetectables, y que había diversos factores sociodemográficos y sociales que influyen en la salud y que están relacionados con la probabilidad de que se produzca ese rebote. 

Un rebote viral, de más de 200 copias/ml, aumenta el riesgo de resistencia a los medicamentos y de fracaso virológico (cuando los medicamentos contra el VIH dejan de surtir efecto), y puede acarrear consecuencias para la salud a largo plazo. 

En el estudio se incluyó a un total de 6.767 personas de todo Estados Unidos que participaban en el Proyecto de Seguimiento Médico se incluyeron en el estudio, todas ellas habían logrado la supresión viral y se habían sometido a dos o más pruebas de carga viral durante el periodo de estudio de un año (junio de 2015 – mayo de 2018). 

La mayoría de las personas (92 %) mantuvieron la supresión viral durante el periodo de estudio, mientras que un total de 543 personas (8 %) experimentaron un rebote viral (al menos una prueba de carga viral >200 copias/ml). 

El Dr. Neal Sheran, médico especialista en el tratamiento del VIH que no participa en el estudio actual, ya explicó que la mayoría de las personas que alcanzan niveles indetectables se mantienen así. «Cuando todo va bien, cuando sigues un tratamiento y no tienes resistencia, cuando tomas los medicamentos como debes, si los tomas con comida si es necesario y si no tomas ningún medicamento con el que puedan interactuar, la mayoría de la gente se mantiene con niveles indetectables», dijo.

Las personas que sufrían un rebote viral eran probablemente las que más necesitaban apoyo adicional por parte de los profesionales sanitarios, como asesoramiento sobre la adherencia al tratamiento o gestión de casos para ayudar a mejorar la adherencia a la medicación (lo que evita el rebote viral). Sin embargo, se observaban claras disparidades relacionadas con la raza, la falta de hogar y la situación en cuanto al seguro médico, factores que probablemente afectan al acceso a la atención sanitaria y a los servicios de apoyo. 

Las siguientes características se asociaron con una mayor probabilidad de rebote viral: 

  • Ser negro (no hispano), en comparación con ser blanco no hispano
  • Ser más joven (entre 18 y 29 años, o entre 30 y 39 años), en comparación con tener más de 50 años
  • Tener un seguro médico público, en comparación con un seguro médico privado 
  • Vivir en la calle, en comparación con tener una vivienda estable 
  • Citas perdidas para el tratamiento del VIH
  • No estás tomando terapia antirretroviral (TAR) en este momento, o estás tomando menos del 100 % de las dosis de la TAR 

Quizá no sea de extrañar que faltar a las citas de atención del VIH y saltarse dosis del tratamiento antirretroviral se relacionaran con un rebote viral. Las personas sin hogar o con una situación de vivienda inestable también tenían más probabilidades de sufrir un rebote viral, probablemente porque las condiciones de vivienda inestables pueden alterar las rutinas de toma de la medicación y la atención del VIH. 

Las disparidades por raza se mantuvieron, incluso tras ajustar otros factores socioeconómicos como la educación, el nivel de pobreza, la falta de vivienda, el encarcelamiento y la cobertura sanitaria. Las personas negras no hispanas tenían 1,5 veces más probabilidades de sufrir un rebote viral que las personas blancas no hispanas. 

Estas desigualdades reflejan otras desigualdades relacionadas con el VIH según la raza: las personas negras y latinas representan un mayor porcentaje de los diagnósticos de VIH, y las personas negras y latinas que viven con el VIH tienen tienen menos probabilidades que las personas blancas de alcanzar la supresión viral. Estas disparidades —descritas por el Centro de Derecho y Políticas sobre el VIH como «profundamente inquietantes»—se deben a las desigualdades en el acceso y la prestación de los sistemas sanitarios y la atención médica, el estigmay otros factores. 

El racismo estructural en la asistencia sanitaria influye mucho en las desigualdades sanitarias por motivos raciales, según afirman Bailey Zinzi y sus colegas en un artículo sobre el racismo estructural y las desigualdades sanitarias publicado en The Lancet.  

«Muchos académicos, responsables políticos, científicos, cargos electos y otras personas encargadas de definir y dar respuesta al debate público siguen mostrándose reacios a identificar el racismo como una de las causas fundamentales de las desigualdades raciales en materia de salud». Sin embargo, según sostienen los autores, el racismo estructural —especialmente sus efectos sobre la calidad y el acceso a la asistencia sanitaria— debe reconocerse y abordarse para promover la equidad en la salud y mejorar la salud de todas las poblaciones. 

«Sin una visión de la equidad en salud y sin el compromiso de luchar contra el racismo estructural, las desigualdades en salud seguirán existiendo», dijeron.