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Este artículo fue publicado en el verano de 2000 en el Boletín de Tratamientos Experimentales Contra el SIDA, por la Fundación anti-SIDA de San Francisco. |
Carta del editorEstimados colegas y lectores, La XIII Conferencia Internacional, realizada en Durban, África, del 9 al 14 de julio, 2000, terminó brindando diversos temas polémicos, esperanzas, información sobre prevención y tratamiento, pero sobre todo datos alarmantes de la propagación del VIH por el mundo y sus efectos devastadores sobre la infraestructura económica y social de países en vías de desarrollo. A pesar de avances impresionantes hechos en los campos del tratamiento y la prevención, y de cifras que indican una reducción en nuevas infecciones entre hombres homosexuales que residen en ciudades estadounidenses como San Francisco, la epidemia del VIH sigue siendo una de las amenazas más tenaces que el mundo ha enfrentando. Nadie es inmune a los efectos de esta epidemia, y muchas comunidades que han sido tradicionalmente marginadas e ignoradas por la sociedad privilegiada ahora se encuentran en una lucha constante contra la pobreza, la discriminación, la falta de apoyo y la desilusión -- todos factores aliados del virus. Como describe el artículo "La epidemia mundial" en esta edición, África, Latinoamérica, los países que forman parte de la disuelta Unión Soviética, y Asia en particular se ven confrontados por incidencias crecientes de infección y escasos recursos para ayudar a sus habitantes. La situación en Africa es verdaderamente horrible, y puede duplicarse en los próximos años en otros continentes que contienden con discrepancias económicas parecidas. Incluso en los Estados Unidos y Europa -- supuestos sedes de la progresión y crecimiento económico -- la incidencia de infección sigue en aumento en personas denominadas como "minorías" -- afroamericanos, Latinos y otros inmigrantes -- y entre personas marginadas por la sociedad -- trabajadores de sexo y toxicómanos -- confirmado que el SIDA está afectando más y más a personas de bajos ingresos y/o recursos, creando una segunda epidemia oculta cuyos efectos aún quedan por verse. Tanto aquí como en nuestros países de origen, la comunidad Hispana en especial corre peligro de sufrir graves consecuencias por esta epidemia oculta. Por esta razón, nuestros esfuerzos tienen que seguir reflejando la premura de la situación, personalmente y al nivel mundial. La prevención e información son claves para minimizar la propagación del virus pero también tenemos que luchar contra nuestros demonios particulares -- el machismo, la homofobía, la discriminación de género y la pobreza. Tenemos que resaltar la urgente necesidad de nuestros países y buscar maneras novedosas de ayudar a las personas que carecen del acceso al cuidado médico más básico, mucho menos acceso a los tratamientos que puedan prolongar la vida y mantener la salud. Es nuestro deber luchar contra la indiferencia, ya que todos -- VIH negativos y VIH positivos -- compartimos el mismo futuro. Se brindaron muchas ideas en Durban pero la realidad presenta desafíos impresionantes. El mundo desarrollado parece haberse olvidado del mundo que lucha para seguir en píe; el dinero abunda en unos lados y apenas compra pan en otros. ¿Cómo podemos unirnos -- verdaderamente unirnos -- para aliviar el sufrimiento y la devastación humana que el VIH ha ocasionado y seguirá ocasionado en este nuevo siglo? ¿Cómo podemos poner aparte nuestras consideraciones egoístas para reaccionar de manera heroica a la angustia causada por el VIH? Desdichadamente, para muchas personas la respuesta a estas preguntas llegará demasiado tarde. Para otras, sin embargo, todavía queda esperanza de que la colaboración global pueda ejercer una diferencia vital entre la vida y la muerte, poniendo un fin a la pandemia del SIDA. Como seres humanos que habitamos un planeta pequeño, es hora de
unirnos.
Revisado el 15 de octobre 2000 |
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