Boletin de Tratamientos Experimentales Contra el SIDA

Este artículo fue publicado en la primavera de 2000 en el Boletín de Tratamientos Experimentales Contra el SIDA, por la Fundación anti-SIDA de San Francisco.

Para mas informacion Efectos secundarios reportados con los medicamentos anti-VIH

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Primavera 2000 Contenido

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Efectos Secundarios

por Liz Highleyman
Traducción y adaptación de Christopher Gortner

En los últimos años, los enormes beneficios que confiere el tratamiento de combinación anti-VIH se han visto oscurecidos por una creciente acumulación de datos sobre los problemas que acompañan al empleo de los medicamentos anti-VIH. Además de la resistencia farmacológica y de la dificultad para cumplir con regímenes complejos, los efectos secundarios asociados con TARSA (Tratamiento Antiretroviral Sumamente Activo) se han convertido en una preocupación importante tanto para los médicos como para sus pacientes.

Los efectos secundarios ocasionados por los medicamentos no son un fenómeno nuevo. Desde mediados de los años 80, la primera clase de fármacos aprobados para tratar la enfermedad VIH -- AZT (Retrovir) y otros análogos nucleósidos, que por lo general se usaban en dosis más altas de las actuales -- fue asociada con varias reacciones adversas, incluyendo náuseas, diarrea, daño muscular (miopatía) y efectos en la sangre (por ejemplo, la supresión de la médula ósea que puede ocasionar anemia, y la reducción del número de glóbulos blancos).

Sin embargo, la clase más reciente de medicamentos anti-VIH -- los inhibidores de proteasa -- ha proporcionado una nueva serie de efectos secundarios inusuales que incluyen anormalidades metabólicas y cambios en la distribución de la grasa corporal. La magnitud y la rara índole de los efectos secundarios asociados con TARSA han contribuido a nuevos debates acerca del tratamiento anti-VIH. Son tan preocupantes que incluso algunos médicos han empezado a cuestionar el valor del tratamiento temprano, y los investigadores han comenzado a explorar nuevas estrategias de tratamiento que permitan el uso de una menor cantidad de fármacos durante períodos de tiempo más.


¿Qué son los efectos secundarios y quién los experimenta?

Los efectos secundarios, también conocidos como toxicidad farmacológica o reacciones adversas, son cualquier efecto inintencionado producido por un medicamento. La información sobre el desarrollo de las reacciones adversas procede de estudios clínicos sobre nuevos fármacos. En estos estudios se clasifican los síntomas en base a la gravedad y la frecuencia de los mismos. Los efectos secundarios de grado 1 son leves y transitorios, los de grado 2 son moderados o persistentes, los de grado 3 son graves y los de grado 4 potencialmente mortales. Los estudios clínicos en fase II se diseñan para evaluar la seguridad del fármaco y con frecuencia es durante esta etapa cuando se reportan efectos adversos por primera vez. Los estudios en fase III, diseñados para evaluar la eficacia, incluyen más participantes y generalmente tienen mayor probabilidad de descubrir efectos secundarios menos comunes.

Sin embargo, algunos efectos secundarios no se descubren hasta que el fármaco está aprobado y comercializado y ha sido empleado por miles de personas, como ocurrió en el caso de los desórdenes metabólicos asociados con los inhibidores de proteasa. En los EE.UU, la ley requiere que todo folleto de información de un medicamento documente las reacciones adversas observadas durante los estudios clínicos.

El desarrollo de los efectos secundarios varía drásticamente de unas personas a otras. Algunas personas experimentan reacciones adversas frecuentes y severas que requieren reducciones de dosis e incluso la suspensión del tratamiento, mientras que otras experimentan reacciones que resultan incómodas o irritantes y pueden interferir con su calidad diaria de vida; otras experimentan pocas reacciones adversas o ninguna. Aunque es imposible pronosticar quién desarrollará un efecto secundario, las personas con la enfermedad VIH avanzada tienden a experimentar reacciones adversas con mayor frecuencia.

Es importante señalar que muchos de los síntomas asociados con el empleo de los medicamentos anti-VIH -- incluyendo la neuropatía periférica, síntomas gastrointestinales, alteraciones mentales y cambios metabólicos -- también han sido asociados con la enfermedad VIH en sí, particularmente con la enfermedad avanzada y/o la carga viral elevada. Por esta razón puede ser difícil determinar si un síntoma está relacionado con la enfermedad o si es un efecto farmacológico secundario.

Un estudio de 1998 llevado a cabo por el Centro de Estudios de Prevención del SIDA de la Universidad de California en San Francisco descubrió que la preocupación sobre los efectos secundarios es un factor principal para que las personas decidan no iniciar TARSA. La reducción de la calidad de vida asociada con algunos medicamentos anti-VIH es de especial preocupación para las personas en la etapa temprana de la enfermedad, que se sienten bien y están experimentado pocos o ningún síntoma relacionado con el mal. Los efectos secundarios pueden jugar un gran papel en el incumplimiento del tratamiento, lo cual puede conducir al desarrollo de resistencia viral.


Tipos de efectos secundarios

Efectos secundarios comunes

El tratamiento anti-VIH afecta a todo el cuerpo, y existen varios medicamentos que pueden ocasionar reacciones adversas en casi todos los órganos y sistemas corporales. Esto no es sorprendente, ya que los fármacos interfieren con frecuencia en procesos genéticos y celulares que son comunes tanto a los virus como a las células humanas. A pesar de ello, ciertas clases de fármacos están asociadas con mayor frecuencia a efectos secundarios específicos; por ejemplo, algunos análogos nucleósidos ocasionan reducciones en el número de glóbulos blancos y toxicidad mitocondrial; algunos inhibidores no nucleósidos de la transcriptasa inversa (INNTRI) ocasionan reacciones cutáneas; y el tratamiento a largo plazo, especialmente con regímenes que incluyen un inhibidor de proteasa, está asociado con elevaciones en el nivel de grasa en la sangre y con el desarrollo de redistribución adiposa. A continuación se presentan los tipos de efectos secundarios adversos más comunes asociados con los medicamentos antiretrovirales.

Efectos secundarios gastrointestinales

Los efectos secundarios más comunes asociados con los fármacos anti-VIH son aquellos que afectan al estómago y los intestinos. Tanto los análogos nucleósidos como los inhibidores de proteasa ocasionan con frecuencia efectos secundarios gastrointestinales. Los efectos secundarios gastrointestinales suelen ser diarrea, náuseas, vómitos, y dolor abdominal; las personas también pueden experimentar gas intestinal, reflujo acídico, y estreñimiento. Entre los inhibidores de proteasa, nelfinavir (Viracept) es la causa más común de la diarrea, aunque la diarrea asociada con la dosis completa de ritonavir (Norvir) tiende a ser más severa.

Los efectos secundarios gastrointestinales no son solo incómodos y disminuyen la calidad de vida, sino que además pueden interferir en la absorción de fluidos, alimentos y otros medicamentos, incrementando el riesgo de deshidratación, alteraciones en los procesos químicos del cuerpo, desnutrición, pérdida de peso, y reducción del nivel esencial de los fármacos en la sangre.

Varias medidas han resultado beneficiosas para el control de los efectos gastrointestinales. En la mayoría de los casos, el cuerpo se ajusta a los medicamentos y los síntomas disminuyen sin necesidad de intervención. Si el fármaco no requiere que el estómago esté vacío, se puede tomar la dosis con comida para reducir las náuseas y/o los vómitos. Además, hay una variedad de medicamentos antieméticos disponibles para ayudar a controlar las náuseas, incluyendo odansetron (Zofran), lorazepam (Ativan), metoclopramida (Reglan) y prochlorperazina (Compazine), aunque debe señalarse que estos fármacos también pueden ocasionar sus propios efectos secundarios.

Si se ha evaluado cuidadosamente la causa de la diarrea y se ha determinado que no está relacionada con una infección u otra afección subyacente, medicamentos disponibles sin receta como loperamida (Imodium AD), attapulgita (Kaopectate), o derivaciones de psilium (por ejemplo, Metamucil), u otros medicamentos más potentes como difenoxilate (Lomotil) o pancrelipasa (Ultrase), pueden ayudar a mantener la diarrea bajo control. Los cambios en la nutrición, como reducir el consumo de grasas, los productos lácteos y los alimentos con especias, también pueden ayudar a controlar la diarrea y las náuseas.

Muchas personas VIH positivas afirman que los tratamientos alternativos son beneficiosos; entre estos se encuentran la acupuntura, la acupresión, y los remedios de hierbas. La menta y el jengibre pueden aliviar las náuseas y las cápsulas de acidófilo pueden ayudar a controlar la diarrea. La marihuana y su derivación sintética dronabinol (Marinol) también pueden reducir las náuseas y tienen el beneficio adicional de estimular el apetito. Tanto con los vómitos como con la diarrea, es importante evitar la deshidratación y los desequilibrios de electrolitos. Las bebidas ricas en minerales, como Gatorade, o la combinación de una cucharada de sal y 4 cucharadas de azúcar en un litro de agua, pueden ayudar a prevenir ambas afecciones.

Efectos secundarios mentales y neurológicos

Muchos de los efectos secundarios de los fármacos afectan al cerebro y al sistema nervioso. La neuropatía periférica (daño a los nervios periféricos, con mayor frecuencia en las manos y los pies) es uno de los efectos secundarios adversos más debilitantes producido por algunos de los fármacos análogos nucleósidos, notablemente ddC (Hivid), ddI (Videx), y d4T (Zerit). La enfermedad VIH en sí también puede ocasionar neuropatía, pero el daño a los nervios de las manos se desarrolla con mayor rapidez cuando es efecto secundario de un fármaco. El daño periférico se caracteriza por sensación de ardor, dolor, adormecimiento y/o debilidad.

Los síntomas generalmente disminuyen al mes o los dos meses de suspender el fármaco causante, pero en algunos casos el daño es permanente. Se puede reducir el riesgo de desarrollar daños crónicos si se suspende el fármaco en cuanto aparezcan síntomas de neuropatía. Los síntomas de neuropatía periférica inducida por los fármacos pueden aliviarse con ciertos medicamentos antidepresivos como amitriptilina (Elavil), desipramina (Norpamin) o medicamentos anticonvulsivos como gabapentina (Neurontin). Otras intervenciones incluyen acupuntura, masaje, tomar baños con agua fría, y evitar el uso de guantes o zapatos apretados.

La parestesia es una sensación inusual que se manifiesta en forma de temblores, pinchazos o entumecimiento. El temblor alrededor de la boca (parestesia circumoral) está asociado con los inhibidores de proteasa amprenavir (Agenerase) y ritonavir.

Los fármacos anti-VIH también pueden afectar al cerebro, ocasionando síntomas como dolor de cabeza, confusión mental, e incapacidad de concentración, aunque estos síntomas también pueden deberse al VIH en sí. Algunos fármacos afectan al estado de ánimo, ocasionando depresión y/o ansiedad. Varios fármacos anti-VIH ocasionan insomnio, de acuerdo con sus folletos de información, y efavirenz (Sustiva) está asociado con sueños inusuales y pesadillas. El iniciar el tratamiento con efavirenz y el fármaco antiansiolítico lorazepam puede ayudar a prevenir efectos secundarios mentales, los cuales con frecuencia disminuyen o desaparecen con el tiempo.

Efectos secundarios cutáneos

Muchos fármacos pueden ocasionar reacciones cutáneas (de la piel). Entre los fármacos anti-VIH, las reacciones cutáneas son ocasionadas con más frecuencia por los INNTRI nevirapina (Viramune) y delavirdina (Rescriptor). En general, el salpullido es rojizo, plano o elevado, y contiene ampollas o vesículas con fluido; un salpullido con ampollas puede ser síntoma del Síndrome Stevens-Johnson, afección potencialmente mortal.

Durante la 14a Conferencia Médica Anual sobre el Control del SIDA, celebrada en diciembre de 1999, la Doctora Toby Maurer del Hospital General de San Francisco presentó información sobre una afección cutánea que podría ser un nuevo efecto secundario de TARSA: un salpullido rojo, elevado o plano, y posiblemente irritante, que se desarrolla al poco tiempo de iniciar un fármaco y dura aproximadamente un mes. Los fármacos anti-VIH también pueden ocasionar reacciones más severas, caracterizadas por exfoliación de la piel y/o de las membranas mucosas. Algunos fármacos, particularmente indinavir (Crixivan) y d4T, han sido asociados con sequedad de la piel, mientras que otros pueden causar prurito (picazón).

No se debe ignorar el prurito, ya que puede ser señal de disfunción hepática. Los salpullidos y el picazón pueden tratarse con antihistamínicos orales como difenhidramina (Benadryl) o hidroxizina (Atarax). Ciertos medicamentos, incluyendo algunos antibióticos, pueden incrementar la sensibilidad a la luz (fotosensibilidad), ocasionando con rapidez quemaduras solares de gravedad. Si se toman tales fármacos deberá cubrirse la piel cuando se esté bajo el sol y usar una loción humectante protectora.

Algunos fármacos anti-VIH -- particularmente delavirdina y nevirapina -- pueden ocasionar una reacción inusual y potencialmente mortal llamada Síndrome Stevens-Johnson. Este síndrome se registró por primera vez en alrededor del 8% de las personas que participaron en los estudios clínicos de nevirapina. El síndrome comienza con síntomas gripales - fiebre y dolores musculares -- seguidos de ampollas y un salpullido en la piel y/o las membranas mucosas. Debido al carácter potencialmente mortal de este síndrome, cualquier salpullido debe ser comunicado de inmediato a un médico; las personas que desarrollen los síntomas descritos deben ponerse en contacto con su médico inmediatamente y/o acudir una sala de emergencia en cuanto antes.

Efectos secundarios hepáticos

El hígado procesa todos los fármacos y toxinas del cuerpo y los medicamentos pueden perjudicar la función hepática. Las elevaciones en las pruebas de las funciones hepáticas, que determinan el nivel de las enzimas ALT y AST en la sangre, pueden indicar que el hígado ha sufrido daños. Muchos factores pueden contribuir a las elevaciones enzimáticas, incluyendo diversos medicamentos comunes, la hepatitis viral, y/o el abuso del alcohol. Las personas VIH positivas y sus médicos deben estar a la alerta cuando los niveles enzimáticos excedan el límite considerado normal. El daño hepático también puede ocasionar elevación de la fosfatasa alcalina o de la bilirrubina. La bilirrubina elevada puede resultar en ictericia, afección caracterizada por confusión mental y coloración amarillenta de la piel y el blanco de los ojos. Los síntomas de toxicidad en el hígado pueden desarrollarse en cualquier momento durante el curso del tratamiento anti-VIH.

Se han registrado elevaciones en los niveles enzimáticos del hígado en personas que toman cualquiera de las tres clases de fármacos anti-VIH actualmente aprobados. Se han registrado casos de daños hepáticos graves (hepatitis farmacológica), incluyendo insuficiencia hepática, en personas que toman los inhibidores de proteasa indinavir y ritonavir. El Dr. Mark Sulkowski y sus colegas de la Universidad John Hopkins publicaron en la edición del 5 de enero del 2000 en el Journal of the American Medical Association que a partir de seis meses de tratamiento con diversos regímenes TARSA, alrededor del 10% de los participantes en su estudio experimentaron daños hepáticos cuya severidad impulsó la suspensión del tratamiento anti-VIH; más de la mitad de estos casos pertenecían a personas que tomaron ritonavir.

Las reacciones farmacológicas adversas que afectan al hígado tienen más tendencia a desarrollarse en personas que padecen hepatitis B o C, u otras clases de daño hepático subyacente (por ejemplo, debido al abuso del alcohol). Un poco más de la mitad de los participantes en el estudio Sulkowski padecían hepatitis viral además de la enfermedad VIH; estas personas resultaron casi cuatro veces más propensas a desarrollar toxicidad hepática severa asociada con el tratamiento anti-VIH. De acuerdo con Sulkowski, "No cabe duda que ritonavir fue el fármaco de mayor toxicidad. Cuando sea posible, sería prudente que el paciente VIH positivo con hepatitis C evite el empleo de ritonavir." Todas las personas que toman TARSA deben someterse a pruebas de la función hepática cada tres o seis meses.

Efectos secundarios del páncreas

El páncreas es un órgano que produce enzimas digestivas. Algunos fármacos anti-VIH, particularmente ddI, ddC y 3TC (Epivir), han sido asociados con pancreatitis, o inflamación del páncreas. En noviembre de 1999, Bristol-Myers Squibb, compañía fabricante de ddI, publicó la advertencia de que dos personas sin historial previo de tratamiento que habían tomado la dosis recomendada de ddI fallecieron por pancreatitis durante un estudio clínico sobre la combinación de ddI, d4T más un inhibidor de proteasa. Además, dos personas experimentadas en el tratamiento fallecieron por pancreatitis durante un estudio de ddI, d4T, indinavir más hidroxiurea.

Los síntomas de la pancreatitis incluyen dolor abdominal, náuseas, vómitos, estreñimiento e ictericia. Las personas con la enfermedad VIH avanzada, aquellas con problemas previos de páncreas, y personas con un historial de abuso de alcohol corren mayor riesgo de desarrollar pancreatitis. La pancreatitis también está asociada con elevaciones de los triglicéridos y otras grasas en la sangre, síntoma observado con frecuencia en personas que toman inhibidores de proteasa. La elevación de la enzima amilasa en particular puede indicar daño al páncreas. Las personas que toman TARSA deben someterse a pruebas que determinen el nivel de amilasa si experimentan síntomas que sugieran pancreatitis. La pancreatitis severa puede resultar mortal.

Efectos secundarios que afectan al riñón

Los riñones están localizados junto a la parte inferior de la espalda y procesan la sangre y producen orina. Los minerales y algunos medicamentos pueden cristalizar y acumularse en los riñones, ocasionado cálculos renales (nefrolitiasis). La presencia de cálculos renales se documentó en casi el 10% de los participantes de los estudios clínicos de indinavir. Los síntomas incluyen dolor de espalda y/o ingle y posiblemente sangre en la orina. Para reducir el riesgo de desarrollar cálculos renales cuando se está tomando indinavir, es importante beber al menos 6-8 vasos de agua diarios.

Los fármacos anti-VIH, además de cálculos renales, también pueden ocasionar toxicidad renal. En un estudio, se desarrolló un tipo de daño renal denominado disfunción renal tubular proximal en el 32% de las personas que tomaron adefovir (Preveon) por 48 semanas. Esta afección, también conocida como Síndrome de Fanconi, puede ser mortal, ocasionado una reducción extrema del nivel de potasio y en último término insuficiencia renal aguda. El nivel de toxicidad producido por adefovir fue una de las razones por las que la FDA se negó a aprobar el fármaco el pasado noviembre. Las señales de alarma de toxicidad renal incluyen elevaciones de la creatinina en la sangre y elevaciones de proteína y/o glucosa en la orina. Las personas que toman TARSA deben someterse a pruebas de estos niveles cada tres o seis meses.

Efectos secundarios que afectan a la sangre

Algunos fármacos anti-VIH -- incluyendo AZT, Bactrim o Septra, y diversos medicamentos anti-cáncer -- pueden ocasionar efectos secundarios relacionados con la sangre. Estos fármacos pueden dañar la médula ósea, afectando su capacidad de producir nuevos linfocitos. Puesto que todas las células sanguíneas se producen en la médula ósea, el daño a este sistema puede ocasionar reducción del nivel de linfocitos rojos (anemia), lo cual puede resultar en fatiga y debilidad; la reducción del nivel de linfocitos blancos (leucopenia, neutropenia, o granulocitopenia) puede debilitar la capacidad del cuerpo para luchar contra las infecciones; y la reducción del nivel de plaquetas (tromobocitopenia) puede afectar a la capacidad del cuerpo para controlar las hemorragias.

AZT está asociado con los efectos secundarios sanguíneos más severos y su empleo puede ocasionar reducciones de linfocitos blancos y rojos. Otros análogos nucleósidos -- ddC, ddI, d4T, y 3TC -- también pueden reducir el nivel de linfocitos blancos. Abacavir no ha sido asociado con efectos secundarios que afecten a la sangre.

Los tratamientos específicos de la supresión de la médula ósea están diseñados para estimular las células precursoras que producen diversos tipos de linfocitos. Eritropoietina (Epogen) se emplea para estimular la producción de linfocitos rojos. El factor estimulante de colonias de granulocitos (filgrastima o Neupogen) y el factor estimulante de colonias de granulocitos -- macrofágos (sargramostima o Leukine) estimulan la producción de linfocitos blancos.

Efectos secundarios metabólicos

Desde principios de 1997, empezaron a surgir informes sobre anormalidades metabólicas inusuales y cambios en la distribución de la grasa corporal de personas que tomaban TARSA; tales informes se han multiplicado en los años siguientes. Es de interés señalar que estos efectos secundarios no fueron observados durante los estudios clínicos de los inhibidores de proteasa, y sólo se manifestaron cuando los fármacos fueron comercializados y empleados por miles de personas. Diferentes investigadores han declarado una extensa gama de anormalidades metabólicas y cambios adiposos, citando cifras de menos del 5% a incluso más del 80%. Aunque algunas personas todavía usan el término genérico "lipodistrofia" cuando se refieren a cambios metabólicos y redistribución adiposa, los investigadores consideran los síntomas como diferentes aspectos de un complejo y misterioso síndrome o síndromes.

Todavía no se ha descubierto la causa de los síntomas -- aunque hay varias teorías -- ni existe un acuerdo sobre si son efectos secundarios de TARSA, resultado de alteraciones en la reacción inmunológica del cuerpo, o manifestaciones inesperadas de la enfermedad VIH en sí a largo plazo. El asunto resulta aún más complicado por el hecho de que estos síntomas se han documentando en personas cuyo tratamiento no incluye inhibidores de proteasa.

Una teoría reciente considera la toxicidad mitocondrial. Las mitocondrias son sustancias transformadoras en células que producen energía al metabolizar grasa y productos glucosos. La toxicidad mitocondrial está señalada por elevaciones de lactato en la sangre (hiperlactatemia o acidosis láctica), y está asociada con daños musculares, neuropatía, pancreatitis, insuficiencia hepática y tumores adiposos (lipomas). La toxicidad mitocondrial es un efecto secundario de los análogos nucleósidos. Para mayor información sobre las anormalidades metabólicas y los cambios adiposos asociados con TARSA, consulte el artículo "Ataque por TARSA" en la edición de mayo de 1999 de BETA en español.


Hiperglucemia y diabetes

Varios efectos secundarios están relacionados con el nivel de azúcar en la sangre, incluyendo la glucosa elevada (hiperglucemia), la diabetes reciente o aguda, alteraciones en el metabolismo de la insulina, y la resistencia a la insulina, afección por la cual el cuerpo no reacciona de manera normal a la insulina; la resistencia a la insulina podría contribuir a los cambios adiposos. Se han registrado estos síntomas en asociación con todos los inhibidores de proteasa, aunque la diabetes es menos común. Los síntomas de la hiperglucemia y la diabetes incluyen aumento de hambre y sed, pérdida inexplicable de peso, incremento en la descarga de orina, diarrea nocturna, y piel seca e irritada. En una advertencia publicada en julio de 1997 sobre casos de hiperglucemia y diabetes en personas que toman TARSA, la FDA recomendó que los médicos controlen el nivel de azúcar en la sangre de sus pacientes cada tres o seis meses.

La diabetes puede controlarse con frecuencia a través de medicamentos que reducen la glucosa como glipizida (Gluctrol), gliburida (Micronase), metformina (Glucophage), repaglinida (Prandin) y rosiglitazona (Avandia); no debe usarse troglitazona (Rezulin) debido a su posible capacidad de ocasionar toxicidad hepática. Es demasiado temprano para establecer cómo funcionarán estos medicamentos en personas que padecen diabetes farmacológica o cuáles serán las interacciones con los fármacos anti-VIH.


Elevaciones de grasa en la sangre y de colesterol

Otros cambios metabólicos asociados con TARSA están relacionados con el nivel de grasa de la sangre e incluyen elevaciones de los lípidos (hipertrigliceridemia) y del colesterol. Las elevaciones de ambos niveles se han documentado en personas que toman cualquiera de los inhibidores de proteasa aprobados, y en algunas personas que toman TARSA sin un inhibidor de proteasa. Los médicos deben controlar los niveles de grasa y colesterol en los pacientes que tomen el tratamiento de combinación anti-VIH. La Doctora Mary Romeyn, especialista de cuidados anti-VIH en San Francisco, sugiere implementar evaluaciones anuales del colesterol y los triglicéridos en ayunas, con pruebas adicionales al mes de añadir un nuevo fármaco al régimen y controles más frecuentes para personas cuyos niveles resultan elevados en la primera prueba. Varios estudios sugieren que los niveles de lípidos vuelven a la normalidad al suspender los inhibidores de proteasa.

Las elevaciones de triglicéridos y colesterol pueden tratarse con medicamentos orales. Los medicamentos empleados para tratar las elevaciones de triglicéridos incluyen niacina, gemfibrozil (Lopid), y probucol (Lorelco). Los medicamentos empleados para reducir el colesterol incluyen atorvastatina (Lopid), pravastatina (Pravachol), y simvastatina (Zocor). Se acaban de implementar estudios sobre el empleo de medicamentos que reducen los triglicéridos y el colesterol en personas que tomen TARSA. Puesto que los fármacos "statinas" se metabolizan con las mismas enzimas hepáticas que los inhibidores de proteasa, pueden perjudicar más al hígado e interaccionar de manera peligrosa con los fármacos anti-VIH; se ha documentado que atorvastatina puede reducir el nivel de saquinavir (Fortovase) en la sangre.

Por esta razón, muchos médicos evitan recetar atorvastatina, lovastatina, o simvastatina a los pacientes que toman TARSA. Debido a la posibilidad de desarrollar toxicidad hepática, deben administrarse pruebas de función hepática cada cuatro o seis semanas. Además, debido al riesgo de inflamación muscular (miositis), también se debe controlar el nivel de la creatinina kinasa.


Riesgos cardiovasculares y ataques cardíacos

Todavía no se han determinado cuáles serán los efectos secundarios a largo plazo de la elevación del nivel de grasa en la sangre, pero se ha establecido que en las personas VIH negativas tales elevaciones están asociadas con enfermedades de las arterias, ataques cardíacos, hipertensión pulmonar, y ataques cerebrovasculares. De acuerdo con un artículo publicado en la edición del 15 de febrero del 2000 en la Annals of Internal Medicine por el Doctor Keith Henry, director de la Clínica VIH del Hospital Regions en St. Paul, Minnesota: "Mientras que la epidemia del VIH continúe afectando a poblaciones que corren un riesgo incrementado de desarrollar enfermedades cardiovasculares, el incremento en la incidencia de anormalidades metabólicas podría tener graves consecuencias cuando estas poblaciones empiecen a envejecer." En realidad, se han registrado varios casos de hombres relativamente jóvenes que tomaron TARSA y desarrollaron enfermedad cardiovascular y/o sufrieron un ataque cardíaco.

Es posible que la elevación del nivel de grasa en la sangre no sea el único factor que predispone a las personas que toman TARSA a padecer enfermedades cardíacas. Durante la 7a Conferencia sobre Retrovirus y Enfermedades Oportunistas en enero/febrero, el Doctor James Sosman y sus colegas de la Universidad de Wisconsin declararon que los inhibidores de proteasa pueden afectar al endotelio, la capa de células que tapiza los vasos sanguíneos. Sostman señaló que "tenemos que considerar con mayor seriedad el cuidado cardíaco a largo plazo de los pacientes VIH positivos que tomen inhibidores de proteasa."

El Doctor D.L. Johnson y sus colegas también declararon en la misma conferencia que el tratamiento con inhibidores de proteasa está asociado con un incremento de la presión sistólica de la sangre, otro factor de riesgo para la enfermedad cardiovascular. En la edición de diciembre de 1999 del Journal of the American Medical Association, el Doctor Jack Stapleton y sus colegas de la Escuela de Medicina en la Universidad de Iowa informaron sobre varios casos de trombosis profunda venosa (formación de coágulos) o embolismo pulmonar (bloqueo de los vasos sanguíneos pulmonares por un coágulo emigrante) en personas que toman regímenes de combinación que incluyen indinavir, ritonavir, nelfinavir o saquinavir.

Además de emplear medicamentos que reduzcan la grasa y el colesterol, los cambios de estilo de vida, como modificar la dieta (reducir la consumición de alimentos altos en azúcar, grasa y colesterol), el ejercicio aeróbico y abstenerse del tabaco, pueden reducir el riesgo de desarrollar una enfermedad cardíaca.


Otros efectos secundarios

Existen otros tipos de efectos secundarios relacionados con el tratamiento anti-VIH, y se están documentado continuamente nuevas reacciones a medida que los fármacos en regímenes de combinación se van utilizando por períodos de tiempo más prolongados.

Varias de estas reacciones adversas afectan al cuerpo entero, e incluyen fiebre, escalofríos y malestar, una sensación gripal general. Se ha relatado fatiga (cansancio inusual prolongado) en personas que toman cualquiera de las tres clases de fármacos anti-VIH aprobados. Algunos efectos secundarios como la pérdida de apetito (anorexia)
y la alteración de la sensibilidad del paladar (asociada con los análogos nucleósidos y los inhibidores de proteasa) pueden afectar al apetito y llevar a pérdidas de peso. AZT puede ocasionar daños musculares (miopatía) y otros fármacos están asociados con dolores musculares y articulatorios (mialgia y artralgia, respectivamente). Además de los efectos adversos cardíacos ya mencionados, las personas que toman el tratamiento anti-VIH pueden experimentar palpitaciones y alteraciones del ritmo cardiaco (arritmia).

Se han publicado informes recientes sobre diversos efectos secundarios nuevos asociados con TARSA, que oscilan desde gota a pérdida del cabello. Durante la 7a CROI, la Doctora Amy Colson y sus colegas de Brigham y el Hospital de Mujeres en Boston declararon que la disfunción sexual (dificultad para mantener erección o pérdida de la libido) tenía tres veces más probabilidades de desarrollarse en hombres que toman inhibidores de proteasa. Cincuenta y dos hombres VIH positivos de entre 274 reportaron su primer incidente de disfunción sexual después de haber iniciado el tratamiento con inhibidores de proteasa. Los investigadores señalaron que el empleo de sildenafil (Viagra) redujo la incidencia de disfunción, pero hay que emplear este fármaco con precaución, ya que una interacción farmacológica puede ocasionar elevaciones por encima de lo normal en el nivel de sildenafil en la sangre.

La necrosis avascular de los huesos de las caderas fue reportada por primera vez durante la Conferencia Intercientífica sobre Compuestos Antimicrobiales y Quimioterapia en septiembre de 1998. Durante la 7a CROI, el Doctor Pablo Tebas y sus colegas de la Universidad de Washington en St. Louis reportaron que el 50% de los 64 participantes de un estudio que tomaron inhibidores de proteasa desarrolló osteopenia (reducción leve a moderada de la masa ósea) y el 21% desarrolló osteoporosis (severa reducción de la masa ósea), comparado con el 6% que no había tomado inhibidores de proteasa. El hombre resultó dos veces más propenso que la mujer a desarrollar osteoporosis.

La Doctora Jennifer Hoy, del Hospital Alfred en Melbourne, Australia, y sus colegas reportaron que el 28% de 80 participantes en su estudio desarrolló osteopenia y el 9% osteoporosis. No se sabe por qué los fármacos anti-VIH podrían causar estos síntomas o cuál es la mejor forma de controlarlos, aunque las pruebas periódicas de densidad ósea podrían tener un papel en la evaluación clínica rutinaria.


Reacciones alérgicas y de hipersensibilidad

Algunas personas no pueden tolerar ciertos fármacos y desarrollan reacciones alérgicas o hipersensibles; tales reacciones parecen ocurrir con mayor frecuencia en las personas VIH positivas. Las reacciones hipersensibles incluyen desde salpullidos cutáneos e inflamación hasta una reacción anafiláxica potencialmente mortal, caracterizada por dificultades respiratorias y una reducción súbita de la presión arterial. Alrededor del 3-5% de las personas que toman abacavir (Ziagen), el análogo nucleósido más reciente, experimentan una hipersensibilidad severa caracterizada por náuseas, fiebre, fatiga, y síntomas gripales, que pueden ir acompañados de un salpullido parecido a la varicela; en enero de este año, la compañía fabricante de abacavir, Glaxo Wellcome, añadió que irritación de garganta, tos, y respiración alterada también pueden ser síntomas de hipersensibilidad.

Aunque los síntomas disminuyen al suspender el fármaco, puede aparecer una reacción más severa y potencialmente mortal si se vuelve a tomar abacavir. Las personas que tomen abacavir y experimenten síntomas deben ponerse en contacto con su médico en cuanto antes o acudir a una sala de emergencia; después de suspender el fármaco, no se debe iniciar abacavir de nuevo.


Control de los efectos secundarios

Para reducir o aliviar los efectos secundarios relacionados con los fármacos anti-VIH pueden implementarse varias medidas. En primer lugar, los médicos deben informar a sus pacientes sobre las potenciales reacciones adversas de sus medicamentos, ya que en algunos casos los efectos secundarios pueden ocasionar ansiedad en una persona si son inesperados. Las personas VIH positivas también deben ser informadas de que la mayoría de las personas no experimentan efectos farmacológicos adversos y saber que los efectos secundarios no son inevitables, ya que el temor puede ejercer un impacto negativo sobre su cumplimiento.

A su vez, las personas VIH positivas deben comunicar al médico todo efecto secundario, incluso los que parezcan menores. Si se desarrolla una reacción adversa severa -- como salpullido con ampollas, fiebre elevada, y/o síntomas de una reacción hipersensible si se está tomando abacavir - se debe acudir una sala de emergencia inmediatamente.

Las reacciones adversas también pueden estar relacionadas con los efectos aditivos y las interacciones que surgen cuando se combinen los fármacos. En algunos casos, la reacción adversa es más severa al iniciar el fármaco pero disminuye con el tiempo si la persona puede tolerarla. Con algunos fármacos, los efectos secundarios pueden controlarse a través de un protocolo de sensibilización, iniciando el medicamento con una dosis más pequeña que la recetada e incrementando la dosis gradualmente. Este protocolo se emplea para sensibilizar a las personas a nevirapina, ritonavir, y a los fármacos "sulfa", que se emplean para tratar ciertas enfermedades oportunistas.

En algunos casos, los efectos secundarios no pueden ser controlados de forma que permitan una calidad de vida aceptable. Puesto que las personas reaccionan de manera diferente a los distintos fármacos -- y puesto que algunos fármacos de una clase están asociados a más efectos secundarios que otros -- se puede ajustar las dosis o cambiar a otro medicamento que provea beneficios parecidos con menos efectos secundarios.

Por ejemplo, entre los análogos nucleósidos, 3TC está asociado a menos efectos secundarios; y la reacción hipersensible por abacavir es poco común. Las personas VIH positivas y sus médicos deben tratar de elaborar regímenes individualizados que otorguen el mayor beneficio y produzcan la menor cantidad de efectos secundarios posible. Sin embargo, nunca se debe ajustar la dosis o cambiar de medicamento sin consultar primero con un médico; el riesgo de desarrollar interacciones farmacológicas y cepas resistentes del VIH acentúan la importancia de estar bajo la supervisión de un proveedor cualificado.


Nuevas teorías y nuevas estrategias

Los fármacos anti-VIH se han venido empleando desde hace más de una década, pero todavía se desconoce qué efectos secundarios aparecerán cuando se haya tomado TARSA la mayor parte de la vida. Puesto que la FDA concedió la aprobación rápida a muchos fármacos anti-VIH, éstos no se han beneficiado de años de estudios clínicos que habrían podido revelar efectos secundarios poco comunes o que se desarrollan a largo plazo.

Nada ha resaltado este asunto más que los informes sobre las reacciones metabólicas adversas asociadas con los inhibidores de proteasa. De acuerdo con el Doctor Keith Henry, "la meta principal del tratamiento anti-VIH es mantener la salud a largo plazo y evitar la toxicidad relacionada con los medicamentos, preservando al mismo tiempo futuras opciones (...). El tratamiento agresivo y temprano expone al paciente prematuramente al riesgo de desarrollar efectos farmacológicos secundarios y resistencia. Una metodología más cuidadosa, enfocada en el paciente y su futuro, podría despertar interés en estudios sobre estrategias alternativas, tales como el tratamiento sin un inhibidor de proteasa o una clase de fármacos, las suspensiones estructuradas, los cambios en el tratamiento, y el fortalecimiento del sistema inmunológico. Es hora de que empecemos a revisar nuestra forma de tratar la enfermedad VIH."

Las suspensiones estructuradas del tratamiento (SET) son un tema actual de debate. Algunos investigadores esperan que tales suspensiones periódicas de los fármacos anti-VIH estimularán el sistema inmunológico y permitirán el alivio temporal de los efectos secundarios de TARSA. Hasta la fecha, sin embargo, se han llevado a cabo pocos estudios, aunque cabe la esperanza de que algún día las suspensiones periódicas permitan que el tratamiento de la enfermedad VIH sea más como el tratamiento del cáncer. La quimioterapia puede ser extremadamente desagradable, ocasionando náuseas, vómitos, pérdida de cabello, deficiencias de sangre, y otros síntomas. Pero como señala el Doctor Jay Levy: "Ningún paciente con cáncer toma tres o cuatro medicamentos quimioterapéuticos por vida."

El debate sobre los efectos secundarios de los fármacos anti-VIH y las estrategias de tratamiento penetró en la prensa popular este pasado invierno. Celia Farber en la revista Gear y el periodista Nicholas Regush han publicado artículos de opinión sobre los efectos secundarios asociados con TARSA, considerados por Regush "una pesadilla inducida por fármacos de una magnitud inesperada . . . [las personas que toman TARSA] desarrollan niveles peligrosamente elevados de colesterol y diabetes. Algunas personas han desarrollado deformidades . . . El nombre más apto para los efectos secundarios sería 'venenos médicos'".

Varias autoridades, incluyendo destacados investigadores y activistas del campo del SIDA, han protestado contra tales comentarios con argumentos bien documentados. En las palabras de los activistas Tim Horn y Linda Grinberg, ambos VIH positivos: "Los informes de casos que confirman la incidencia de ataques cardíacos entre personas que toman TARSA no pueden compararse con la devastación de los años 80 y principios de los 90, cuando afrontamos la pérdida de nuestros seres queridos por enfermedades del SIDA no tratables y nuestra propia mortalidad (...) Sí, la redistribución de grasa corporal es horrible, y estos medicamentos milagrosos carecen de ciertas ventajas. Pero no debemos negar nuestra historia ni olvidar nuestro pasado (...) No nos olvidemos del horror de ver los cuerpos desgastados y brutalizados por el SK de una generación entera que perdió la vista o la salud mental, atacada en el mejor momento de su vida . . . No olvidemos que la realidad del SIDA es más mortal que [el efecto de] cualquier fármaco."

Para muchas personas, el beneficio de mantener el VIH bajo control compensa los efectos secundarios negativos inmediatos y el riesgo de tomar el tratamiento de combinación a largo plazo. Para otras personas, especialmente aquellas con la enfermedad VIH temprana, mantener la calidad actual de vida puede ser más importante. La verdad es que cada persona, con su médico, tiene que poner en equilibrio los beneficios y riesgos del tratamiento anti-VIH.

Liz Highleyman es escritora médica de San Francisco.
Christopher Gortner es editor de las publicaciones de tratamiento en español de la Fundación del SIDA de San Francisco.

Apéndice selecto

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Revisado el 26 de mayo 2000


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