Boletin de Tratamientos Experimentales Contra el SIDA

Este artículo fue publicado en febrero de 1998 en el Boletín de Tratamientos Experimentales Contra el SIDA, por la Fundación anti-SIDA de San Francisco.

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Febrero de 1998 Contenido

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El linfoma del SIDA

por Mark Bowers
Adaptación y traducción por Christopher Gortner

El linfoma es un cáncer destacado por la multiplicación incontrolada de células linfáticas. Los linfomas están divididos en 2 categorías: linfoma de Hodgkin’s, que afecta a un linfocito llamado célula Reed-Steinberg, y linfoma no Hodgkin’s (LNH). Entre 1989 a 1995, se documentó un incremento en la incidencia de LNH en las personas con el SIDA. Investigaciones recientes señalan que probablemente existe una relación indeterminada entre el VIH y un virus responsable del cáncer. A pesar de esto, la investigación clínica sobre el linfoma del SIDA sigue siendo inadecuada.


Incidencia

El linfoma no Hodgkin’s (denominado anteriormente linfo-sarcoma) es una clase de cáncer que afecta las células en los nódulos linfáticos y el bazo. La leucemia y el linfoma son nombres comunes para el cáncer de los glóbulos blancos. El cáncer puede transformar cualquier glóbulo blanco durante cualquier etapa de su desarrollo, desde que es una célula inmadura en la raíz de la médula ósea hasta que se convierte en un linfocito T o célula B madura. El LNH puede desarrollarse durante cualquier etapa de la enfermedad VIH.

La incidencia de personas con el SIDA diagnosticadas con LNH fue en rápido aumento hasta 1995, el año en que resultó disponible por primera vez el tratamiento anti-retroviral sumamente activo, o TARSA – tratamiento de combinación con más de una clase de fármaco anti-VIH. La incidencia creciente de personas VIH positivas diagnosticadas con LNH aparentemente era proporcional al nivel y duración de supresión inmunitaria.

La incidencia anual de linfoma en las personas VIH negativas es de 8 casos por cada 100.000 personas. Se calcula que se diagnosticarán 54.000 casos en los EE.UU. para finales de 1997. El LNH es el sexto de todos los cánceres, clasificación determinada por el número de personas diagnosticadas con el mal y la incidencia de mortalidad documentada debido a ello. El Doctor Alan Aisenberg de la escuela de medicina de la Universidad de Harvard, cree que aproximadamente 24.000 personas fallecerán de LNH en 1997.

Durante la 37o Conferencia Intercientífica sobre Compuestos Antimicrobiales y Quimioterapia en Toronto, Canadá, el Doctor Patrick Yeni, del Hôpital Salpêtriére en París, Francia, presentó datos que mostraron reducciones generales en la incidencia de muchas enfermedades oportunistas y cáncer entre pacientes franceses que tomaban el TARSA. La incidencia de LNH resultó menor a partir de 1995, invirtiéndose la anterior incidencia creciente de los últimos 6 años. Entre 1978 y 1990, se documentó un incremento en los casos de LNH relacionado con el SIDA diagnosticado en hombres homosexuales. El LNH agresivo de la célula B (llamado LNH primario) es responsable hoy en día del 2 a 3% de los nuevos casos del SIDA, de acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades (siglas en inglés: CDC). Esta incidencia reportada de LNH puede ser inferior a la incidencia real, ya que los casos de LNH que se diagnostican después de una enfermedad inicial del SIDA (llamados casos secundarios) no son reportados a los CDC. En 1994, antes de la disponibilidad del TARSA, el Instituto Nacional del Cáncer (NCI) reportó que las personas con SIDA tenían una probabilidad del 19,4% de desarrollar el LNH a partir de 36 meses del inicio del tratamiento anti-retroviral. No se ha determinado cuánto se ha reducido esta incidencia desde la disponibilidad y el uso amplio de TARSA.

La incidencia incrementada de linfoma ha sido relacionada con las vías sexuales e intravenosas de transmisión del VIH. Un estudio de Pittsburgh de 33 hemofílicos con el LNH relacionado con el SIDA, de los cuales 21 padecieron el LNH primario y 12 el secundario, demostró que la población hemofílica VIH positiva corre un riesgo 36 veces mayor de desarrollar LNH que los hemofílicos VIH negativos, y un riesgo 26 veces mayor que la población saludable. La supervivencia de una persona diagnosticada con el LNH del SIDA primario era corta, un promedio de 7 meses comparado con 2 meses para el LNH secundario.

Hoy en día, la incidencia de casos de LNH secundario está aumentado, y este aumento está asociado con la mayor duración de la supresión inmunitaria.


Causas del linfoma

Se cree que el cáncer es ocasionado por la predisposición genética y la ingestión o exposición a carcinogénos (compuestos o factores ambientales que causan cáncer). El linfoma se desarrolla cuando un linfocito (glóbulo blanco) acumula una cantidad de mutaciones genéticas y pierde control sobre su reproducción. Esta célula y sus descendientes siguen su procreación alterada, formando un tumor que aparece con frecuencia en el tejido linfático, como los nódulos o bazo. El mayor peligro del linfoma es su propagación a otros órganos y tejidos corporales.

El sarcoma de Kaposi del SIDA (SK) ha sido relacionado con la infección doble por el VIH y el recientemente descubierto herpetovirus del sarcoma de Kaposi (HVSK). ¿Existe un virus parecido que ejerce un papel similar en el desarrollo de linfoma? Investigaciones recientes apoyan la teoría que el virus del Epstein-Barr (VEB) tiene una función activa en el linfoma. Por ejemplo, un tipo de LNH, el linfoma de Burkitt, ha sido relacionado definitivamente con la infección por el VEB. La infección crónica por el VEB contribuye aproximadamente a la mitad de todos los cánceres de la faringe superior (la garganta) en todo el mundo, a más del 30% de los casos de la enfermedad de Hodgkin’s, y al 10% de los casos de LNH. La hipótesis de que el VIH facilita el desarrollo de otros virus en el cuerpo, los cuales ocasionan ciertos tipos de cáncer, merece mayor estudio. Hacen falta investigaciones detalladas que clarifiquen el papel del VEB en el linfoma del SIDA y eluciden la relación entre los nuevos herpetovirus y el linfoma. Además, tales investigaciones podrían proveer nuevos métodos de pronosticar y tratar el mal.

El biocontrol es una determinación directa de la cantidad de toxinas en el cuerpo. El Centro Nacional de la Salud Ambiental (NCEH) es uno de los pocos lugares de los EE.UU. donde se proporciona biocontrol. El laboratorio del NCEH ha colaborado durante los últimos años con el NCI en un estudio que tiene como meta la investigación de relaciones potenciales entre el LNH de las personas VIH negativas y la exposición a toxinas como el bifenilo policlorinado (PBC) o los pesticidas.

Durante un estudio de control de 200 casos, el NCEH analizó muestras serológicas para detectar la presencia de PBC y pesticidas. Los resultados mostraron una relación significativa entre el nivel en la sangre de PBC y el riesgo de desarrollar LNH. Las personas con mayor exposición a PBC resultaron 4,5 veces más propensas a desarrollar LNH que aquellas con menor exposición. El NCEH también evaluó la presencia del antígeno VEB en la sangre para asesorar el riesgo de desarrollar LNH. Las personas con niveles de PBC superiores a la que además tenían el antígeno VEB en su sangre resultaron 22,3 veces más propensas a desarrollar LNH que aquellas con niveles PBC inferiores a la media y sin ninguna evidencia del VEB. Puesto que este estudio no involucró a muchas personas, es necesario hacer más investigación para confirmar estos datos.

La exposición a las toxinas a través del medio ambiente y el trabajo, y el incremento de los casos totales de LNH debido al aumento de casos relacionados específicamente con el SIDA, no pueden ser los únicos responsables del 150% de aumento en casos de LNH a partir de 1950. Los avances en los métodos de diagnóstico y documentación de casos pueden explicar en parte este aumento tan preocupante, ya que anteriormente no podían detectarse muchos casos existentes. Sin embargo, es irresponsable llegar a conclusiones improvisadas sobre las causas subyacentes del linfoma del SIDA cuando se carece de un estudio bien controlado por preguntas clínicas bien definidas. El papel cooperativo entre el VIH y otros virus en el desarrollo de varios cánceres merece obviamente mayor estudio.


Síntomas y señales

Las señales de advertencia del LNH incluyen una inflamación no dolorosa de los nódulos linfáticos en el cuello o la ingle, picor generalizado, pérdida de peso inexplicable, fiebres y sudores nocturnos. El examen médico de las personas con LNH revela hinchazones del hígado y bazo, mientras que los ensayos rutinarios de laboratorio frecuentemente revelan anemia (número reducido de glóbulos rojos).


Diagnóstico

El término "linfoma no Hodgkin’s" comprende una colección de más de 27 tipos de cáncer del sistema linfático. Para poder ofrecerle al paciente el tratamiento apropiado y pronosticar su resultado, el médico tiene que determinar primero qué células linfáticas están afectadas por la enfermedad. El primer paso consiste en aislar una muestra del tejido afectado y analizarlo (biopsia). Las células son coloreadas para reconocerlas y examinadas a través de un microscopio de luz para determinar el tamaño, la forma y la apariencia del núcleo y citoplasma. Las células son clasificadas como de bajo grado (de propagación lenta), grado intermedio (de leve propagación) o grado alto (muy agresivo). Una comparación entre los síntomas y los resultados de los análisis por tomografía computarizada (TC) y la imagen por resonancia magnética (IRM) completan el diagnóstico.

El LNH puede afectar a muchos de los órganos corporales. Las personas VIH positivas por lo general son más propensas a desarrollar linfoma en más de un órgano. Una radiografía de pecho puede revelar si los pulmones están afectados. Una biopsia de la médula ósea puede revelar si el cáncer se ha propagado a la médula, el área de producción de todos los linfocitos blancos y rojos. También se puede emplear la biopsia para aislar una muestra de la médula ósea y visualizar su sangre y vasos linfáticos. Este proceso, denominado linfangiografía, consiste en inyectar un medio de contraste (como tinta azul) dentro de los vacíos entre los dedos de los pies y en hacer una radiografía de los nódulos linfáticos individuales mientras la tinta los decolora.


Tratamiento y pronóstico

Por lo general, a las personas con LNH se les ofrecen dos tipos de tratamiento. La quimioterapia consiste en una combinación de fármacos que destruye células malignas. El tratamiento con radiación emplea rayos X modificados para eliminar células malignas y reducir el tamaño del tumor. La combinación de la radiación y quimioterapia es el curso de tratamiento empleado con mayor frecuencia, y se ajusta a las necesidades individuales del paciente.

El tema de la quimioterapia óptima para el LNH del SIDA es controvertido. Un régimen llamado CHOP, que incluye ciclofosfamida, doxorubicina, vincristina y prednisona, ha sido propuesto como el estándar para el tratamiento del LNH del SIDA simplemente porque es reconocido como el estándar para el tratamiento de las personas VIH negativas. Sin embargo, los proponentes de este estándar reconocen que las personas VIH positivas se enfrentan a difíciles decisiones, incluyendo qué fármacos serán empleados y cómo reducir las dosis, basándose en su estado inmunitario y en su capacidad para tolerar un régimen muy tóxico. Además, todos los participantes en este debate sobre cuál es el mejor tratamiento quimioterapéutico para el LNH del SIDA señalan que el tratamiento anti-retroviral eficaz puede tener un efecto importante sobre la supervivencia.

La quimioterapia y radiación destruyen grandes cantidades de células inmunitarias. La neutropenia (reducción de neutrofilos, un tipo de glóbulo blanco puede prevenirse antes de iniciar la quimioterapia y/o radiación mediante el empleo del factor estimulante de colonias de granulocitos. Al terminar la quimioterapia y/o radiación, el trasplante de médula ósea auto-donada (médula aislada del mismo paciente antes del régimen quimioterapéutico) es frecuentemente necesaria para restaurar el sistema inmunitario. Los trasplantes de médula ósea son más comunes en casos de personas VIH negativas, entre las cuales el 75% con el LNH localizado de bajo grado sobreviven por un mínimo de 5 años; el 40 a 50% de aquellas con casos más severos viven un promedio de 2 años o más.


Alivio cuando no hay cura

Los tratamientos anti-LNH suprimen gravemente el sistema inmunitario. Al terminar el régimen quimioterapéutico, los pacientes frecuentemente necesitan glucocorticoides, medicamentos anti-convulsivos y el control del dolor a través de potentes analgésicos. El control adecuado de la inflamación y el dolor es por lo general posible, y la adicción farmacológica resulta inusual. Cuando se trata de un linfoma que no puede ser tratado con quimioterapia o radiación, el alivio sintomático debe ser la meta principal del paciente, su médico, familiares y amigos.


El LNH cerebral

El linfoma cerebral es raro en las personas con un número elevado de linfocitos CD4, y reportes recientes de la conferencia ICAAC sugieren que la incidencia de nuevos casos de LNH del sistema nervioso central (SNC) está reduciéndose entre personas que toman TARSA.

Los síntomas más comunes del linfoma primario del SNC son dolor de cabeza y fiebre. La sensación de mayor presión en la cabeza, e incluso las convulsiones, también son comunes. Casi un tercio de las personas con linfoma del SNC experimentan problemas de habla (afasia), pérdida del campo visual, y problemas de sensibilidad o coordinación en un lado del cuerpo.

De acuerdo con la clínica Mayo, los primeros indicios del linfoma del SNC pueden ser detectados en el ojo. En un 11% de las personas que luego fueron diagnosticadas con el mal, la uveitis (inflamación del iris y las áreas que rodean la parte frontal del ojo) fue detectada meses e incluso años antes de la manifestación de otros síntomas. Si el tratamiento con corticoesteroides no cura la uveitis, una biopsia del fluido vítreo ocular que muestre infiltración densa (células inflamatorias) puede establecer el diagnóstico de linfoma en su etapa temprana, cuando la persona está en el mejor momento para beneficiarse del tratamiento. Los exámenes oculares frecuentes pueden ayudar a detectar el linfoma del SNC con más facilidad y frecuencia, además de ocasionarle menos miedo al paciente que la biopsia cerebral.

Un médico que sospecha que su paciente padece LNH en su SNC analiza los resultados de los IRM para detectar lesiones cerebrales. Si hay lesiones, se requiere una biopsia cerebral para confirmar el diagnóstico. Un método alternativo de diagnóstico sin biopsia es la espectrografía por emisión de fotones (SPECT), una técnica que determina cantidades minúsculas de sustancias radiactivas llamadas radionucléoidos que son inyectadas dentro de diversos tejidos corporales y absorbidas por éstos a distintos niveles. Un estudio elaborado en 1995 por el Doctor M.A. Pierce y sus colegas de la Universidad de Vanderbilt emplearon esta técnica para identificar correctamente 7 de 7 lesiones por toxoplasmosis cerebral y 6 de 6 lesiones por linfoma.

Con frecuencia, hay varias lesiones localizadas en la profundidad del tejido cerebral, con evidencia de inflamación (edema) alrededor de las mismas. Si se detectan estas señales, la Doctor Lisa De Angelis del Centro Sloane Kettering para el Cáncer recomienda que no se inicie el tratamiento usual con corticoesteroides para reducir la inflamación hasta que resulte absolutamente necesario, ya que impedirá la confirmación del diagnóstico. Los corticoesteroides pueden reducir la inflamación de los tejidos de tal forma que los cirujanos no puedan localizar tejido afectado para hacer la biopsia.

A menudo, el linfoma primario del SNC no se diagnostica adecuadamente. La mitad de todos los casos solamente se descubren al realizar una autopsia. Puesto que los resultados iniciales de las radiografías son parecidos, muchos médicos creen que su paciente padece toxoplasmosis y receta antibióticos, independientemente de que la persona tenga o no anticuerpos del organismo Toxoplasma gondii en la sangre o el fluido cerebroespinal. Los antibióticos pueden ocasionar más deterioro físico en las personas con el linfoma del SNC y retrasar el diagnóstico correcto.

Durante la 35o Reunión Anual de la Sociedad Americana contra las Enfermedades Infecciosas, que tuvo lugar del 13 al 16 de septiembre de 1997 en San Francisco, CA, el Doctor C. Nelson y sus colegas de la Universidad de Pennsylvania reportaron sobre pacientes con el SIDA y lesiones del linfoma en su SNC. De las 45 personas con lesiones, 35 fueron diagnosticadas inicialmente con toxoplasmosis y se les recetó un régimen de antibióticos. De estas 35, se descubrió luego que sólo 14 padecían toxoplasmosis (2 también tenían linfoma). La causa de las lesiones cerebrales fue determinada en 13 personas como linfoma, en 2 como leucoenfalopatía multifocal progresiva, en 2 como etapa avanzada de sífilis, y en 1 como vasculitis. Las otras 2 personas no regresaron a la clínica para evaluación. Los investigadores concluyeron que el uso empírico del régimen anti-toxoplasmosis para las lesiones del SNC no es siempre el curso de tratamiento adecuado.

La Doctora Alexandra Levin y sus colegas de la Universidad del Sur de California reportaron durante la XI Conferencia Internacional sobre el SIDA que el empleo de mioguazona dihidrocolorida más la dosis estándar de radiación resultó beneficioso para algunas personas con el linfoma cerebral del SIDA. El tiempo de supervivencia aumentó de un promedio de 2 a 11 meses.

Varias fuentes de información sugieren que el empleo de la radiación para el LNH cerebral se ha convertido en un estándar informal. Un artículo reciente del Doctor Lawrence Kaplan en el New England Journal of Medicine sugiere que una reducción de la radiación y de las dosis de quimioterapia es tan eficaz como la dosis estándar, y que además ocasiona menos efectos secundarios severos cuando se está tratando a personas con números CD4 elevados (el régimen quimioterapéutico de Kaplan, llamado m-BACOD, consiste en metotrexate, bleomicina, doxorubicina, ciclofosfamida, vincristina y dexametasona). Además, la quimioterapia reduce los números totales de linfocitos blancos, lo cual aumenta la supresión inmunitaria.

Puesto que las personas con el linfoma cerebral del SIDA no sobreviven por mucho tiempo (un promedio de 2 a 5 meses) después del uso convencional de combinaciones de radiación y corticoesteroides, varios médicos han añadido la quimioterapia con metotrexate, tiotepa y procarbazina al curso estándar de radiación. Una comparación de 10 personas que fueron tratadas con este régimen sugiere que algunas personas pueden experimentar beneficios, e incluso sobrevivir por más de 1 año (2 de los pacientes de Kaplan vivieron por más de 12 meses). El Doctor Parkash Gill et al de la Universidad del Sur de California reportaron que 1 paciente sobrevivió más de 28 meses y otro más de 16 meses.

El linfoma primario del sistema central nervioso es muy agresivo y no responde bien a los tratamientos actualmente disponibles. Aproximadamente el 75% de los casos responden inicialmente a la radiación, pero frecuentemente hay una recurrencia del LNH. Los médicos intentan eliminar o reducir el tamaño del tumor, en la mayoría de los casos con poco éxito.


Estudios clínicos

Durante los primeros años de la epidemia del SIDA, la investigación sobre el LNH se consideraba un gasto de tiempo y dinero. Se ha comprobado desde entonces que esto no es verdad, y la incidencia de supervivencia de las personas con LNH ha mejorado. Más de la mitad de todas las personas con LNH sobreviven por más de 5 años después de recibir el diagnóstico y tratamiento. Se espera que la investigación dirigida a mejorar el éxito y la seguridad de los trasplantes de médula ósea, empleados con frecuencia para fortalecer los sistemas sanguíneos debilitados de personas que se han sometido a la quimioterapia, pueda aumentar el tiempo de supervivencia.

Hoy en día, los investigadores también están intentando descubrir cómo los virus ocasionan cáncer en ciertas personas, pero no en otras. La enfermedad VIH o otra clase de supresión inmunitaria puede facilitar el desarrollo de ciertas alteraciones en el cuerpo que permitan que la infección por el VEB, por lo común benigna, se convierta en linfoma. A pesar del número de personas afectadas por el LNH cerebral primario, el proceso patogénico ha sido muy difícil de estudiar. El Comité Oncológico del Grupo de Estudios Clínicos sobre el SIDA diseñó un estudio sobre esta clase de linfoma pero lo suspendió cuando se inscribieron solo 4 participantes en el protocolo. La División del SIDA cree que algunos neurocirujanos se niegan a hacer biopsias cerebrales de personas con el linfoma primario del SNC por temor de ser contagiados por el VIH. La División también cree que por lo general, los médicos no recomiendan un especialista a sus pacientes con LNH del SNC; y que los especialistas no tratan a esos pacientes porque creen que el mal es inevitablemente agresivo e incurable. Tales creencias y comportamientos eran comunes durante el principio de la epidemia, pero la investigación clínica ha comprobado que hoy en día la mitad de todas las personas con un linfoma sistémico previamente intratable pueden experimentar remisión inicial empleando la quimioterapia de dosis reducida.

La ausencia de una población determinada para el estudio del linfoma del SNC es un gran obstáculo para los investigadores que quieren aprender más sobre la enfermedad en sí o que quieren desarrollar nuevos tratamientos eficaces. Desgraciadamente, dado el ambiente actual, por ahora los pacientes y sus médicos primarios son los que se ocupan de luchar para obtener un diagnóstico apropiado que incluya la biopsia, convencer a los oncólogos y especialistas de radiación de que traten a las personas con el linfoma del SNC, y experimentar con dosis reducidas de la quimioterapia y radiación con la esperanza de obtener resultados eficaces y menos tóxicos. Además, para la detección temprana es necesario realizar exámenes no invasivos como el examen ocular para la uveitis y el examen SPECT, y por lo tanto este es también un tema de activismo para pacientes y médicos.

Lo que más se necesita en la investigación sobre el LNH es investigación anti-viral. El tema obvio es el papel del virus de Epstein-Barr, el cual ha sido asociado con varios cánceres que afectan a millones de personas en el mundo entero. Un control de los casos de 29 pacientes en la Universidad de Toronto sugiere que el empleo a largo plazo de dosis altas de aciclovir (Zovirax) podría prevenir la LNH. Este pequeño estudio mostró una relación potencial entre la supresión del VEB y el control de los cánceres asociados con la infección crónica por el VEB, pero no se ha implementado un esfuerzo de investigación que tenga como propósito el desarrollo de fármacos anti-virales contra el VEB.

Lobucavir, un fármaco elaborado originalmente como tratamiento anti-VIH, ha demostrado eficacia contra el VEB, pero se suspendieron los estudios sobre el mismo. Ensayos de laboratorio revelaron que lobucavir resultó activo contra muchos herpetovirus, incluyendo el citomegalovirus (responsable por la retinitis CMV), el virus varicela zóster (causa de la culebrilla) y los herpetovirus simples tipos 1 y 2 (causa de ampollas labiales y el herpes genital). La continuación de la investigación sobre lobucavir, quizás en combinación con aciclovir, podría proveer un régimen preventivo eficaz contra el LNH.

Mark Bowers es el editor gerente de las publicaciones sobre el tratamiento de la Fundación del SIDA en San Francisco.

Christopher Gortner es el editor de BETA en español y Noticias Positivas en español e inglés.


Apéndice

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Revisado el 20 de febrero 1998

 


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