Boletin de Tratamientos Experimentales Contra el SIDA

Este artículo fue publicado en el otoño de 2000 en el Boletín de Tratamientos Experimentales Contra el SIDA, por la Fundación anti-SIDA de San Francisco.

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Las ETS y riesgos relacionados con el VIH

Por Liz Highleyman
Traducción y adaptación de Christopher Gortner

Las enfermedades de transmisión sexual (ETS), conocidas también como enfermedades venéreas, son afecciones que se transmiten de persona a persona a través del contacto sexual. Hay más de 20 enfermedades que pueden ser transmitidas sexualmente; pueden ser ocasionadas por bacterias, virus, o parásitos. Algunas afecciones, por ejemplo la candidiasis vaginal y la vaginosis bacteriana, no son transmitidas sexualmente, pero presentan síntomas parecidos a las ETS, como la inflamación genital.

Algunas ETS, como la sífilis y el herpes genital, pueden caracterizarse por úlceras o heridas genitales. Otras, como la gonorrea y la clamidia, pueden ocasionar inflamación de la uretra (uretritis) o del cuello uterino (cervicitis) y anomalías en el flujo vaginal. Sin embargo, algunas personas que padecen ETS, particularmente las mujeres, no manifiestan síntomas notables. De hecho, M.L. Lamb, de los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades (CDC), presentó resultados de un estudio durante la XIII Conferencia Internacional sobre el SIDA en Durban, Suráfrica, que demostraron que la mayoría de los casos de ETS son asintomáticos o "latentes"; las incidencias de ETS asintomáticas (incluyendo gonorrea, sífilis, clamidia, y tricomoniasis) son del casi el 50% en los hombres y más del 50% en las mujeres. Las personas pueden transmitir las ETS a pesar de no tener síntomas.

Cualquier afección caracterizada por úlceras e inflamación genital – bien sea transmitida sexualmente o no – puede promover la transmisión del VIH, tanto porque hace más susceptible a la persona con la ETS para contraer el VIH como porque incrementa la posibilidad de que una persona coinfectada por el VIH y una ETS transmita el VIH a su pareja sexual.

Si una persona sexualmente activa experimenta dolor o ardor al orinar, una secreción genital anormal, úlceras o salpullido en los genitales y/o ano, o dolor durante la penetración sexual, debe consultar con un médico. Puesto que muchas personas VIH positivas no tienen síntomas, se recomienda realizar evaluaciones anuales de las ETS a todas las personas sexualmente activas.


¿Cómo son de comunes las ETS?

Las ETS se encuentran entre las enfermedades infecciosas más comunes de todo el mundo. Los EE.UU. tienen la incidencia más alta de ETS de las naciones industrializadas. De acuerdo con los CDC, hay más de 15 millones de casos de ETS anuales (incidencia) en los EE.UU.; cuando se toman en cuenta los casos actuales de ETS crónicas e incurables, el número es mucho más alto (frecuencia). A escala global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) calculó en 1995 que cada año se registran 333 millones de nuevos casos de ETS curables (bacterianas).

En los EE.UU., la mayor incidencia de ETS ocurre entre los adolescentes y adultos jóvenes; las personas menores de 25 años padecen alrededor de dos tercios de todas las nuevas infecciones transmitidas sexualmente. Las incidencias de ETS son más altas en el sudeste de los EE.UU. y entre ciertos grupos raciales/étnicos (por ejemplo, la incidencia de sífilis entre los afroamericanos es 50 veces mayor que en los blancos). Las incidencias también son elevadas en ciertas poblaciones de hombres jóvenes homosexuales. Las ETS están asociados con factores socioeconómicos como la pobreza y la falta de cuidado médico regular, y factores de comportamiento como el número de parejas sexuales. La incidencia de ciertas ETS – como clamidia y herpes – ha aumentado en los EE.UU. durante la pasada década, probablemente debido en parte a la mejora de los métodos de control y vigilancia. Sin embargo, las incidencias de otras ETS, como la sífilis, se han vuelto menos comunes.


Prevención y tratamiento de las ETS

Las mismas precauciones de sexo con protección recomendadas para prevenir la transmisión del VIH – el uso de profilácticos de látex y otras barreras – pueden reducir el riesgo de contraer algunas ETS. Sin embargo, puesto que una persona puede contraer una ETS a través del contacto con lesiones en la piel en áreas no protegidas por condones o barreras, las precauciones del sexo con protección no son completamente eficaces. Es buena práctica controlar a las parejas sexuales para detectar posibles úlceras, secreción vaginal, u otros síntomas, pero incluso las personas sin síntomas visibles pueden transmitir una ETS, así que esta precaución tampoco es infalible. Los factores de riesgo de distintas ETS son parecidos; por está razón, si una persona contrae una ETS debe ser evaluada para ver si tiene otras afecciones venéreas. Los CDC recomiendan que las personas sexualmente activas que no estén en una relación mutuamente monógama se sometan a evaluaciones regulares de ETS, ya que la detección y el tratamiento temprano son fundamentales para prevenir muchas de las graves consecuencias adversas asociadas con las ETS.

Las ETS bacterianas (por ej., cancroide, clamidia, gonorrea y sífilis) pueden ser tratadas con antibióticos y si son detectadas y tratadas a tiempo, resultan completamente curables. Al iniciar el tratamiento hay que tomar el curso completo tal como se recete, aun si los síntomas remiten. Las parejas sexuales deben recibir el tratamiento al mismo tiempo para evitar la transmisión recíproca de la misma infección. Las ETS víricas (por ej., herpes genital y papilomavirus humano) no son curables (aunque pueden ser tratadas) y permanecen en el cuerpo de por vida. Las mujeres embarazadas no deben tomar algunos de los medicamentos usados para tratar las ETS; cualquier mujer que experimente síntomas y pueda estar
embarazada debe acudir a su médico cuanto antes.


ETS bacterianas

Cancroide

El cancroide, ocasionado por la bacteria Hemophilus ducreyi, causa ulceraciones y lesiones blandas, usualmente en los genitales. Las lesiones de cancroide suelen manifestarse como bultos elevados que se llenan de pus y se convierten en yagas. Usualmente hay una sola úlcera, pero en algunos casos puede haber más. Los hombres son más susceptibles a padecer lesiones dolorosas;La detección y el tratamiento temprano son fundamentales para prevenir muchas de las graves consecuencias adversas asociadas con las ETS. el cancroide femenino es con frecuencia asintomático. Las lesiones de cancroide son dolorosas con la palpación y blandas y pueden distinguirse de los cancros sifilíticos, los cuales son firmes e indoloros. Por lo general, las personas manifiestan síntomas 3 – 10 días después de la infección. Alrededor de la mitad de las personas con cancroide también desarrollan dolor e inflamación en los nódulos linfáticos de la ingle, usualmente en un lado. Las glándulas inflamadas pueden crear una tumefacción o masa llamada bubón. Algunas personas también experimentan secreción genital, dolor al orinar o defecar, y dolor durante la penetración sexual. Se diagnostica a través de análisis de muestras de la lesión para aislar a la bacteria y después de descartar otras ETS con síntomas parecidos, como la sífilis o el herpes genital.

Para tratar el cancroide, se emplea un antibiótico como azitromicina, ceftriaxona, ciproflaxcina, o eritromicina. Los bubones pueden requerir drenaje quirúrgico.

Gonorrea

La gonorrea es ocasionada por la bacteria Neisseria gonorrhoeae, la cual se reproduce en áreas cálidas y húmedos del cuerpo. De acuerdo con los CDC, en los EE.UU. la incidencia de la gonorrea incrementó en un 9% en 1998, a 132,9 casos por cada 100.000 personas, después de haberse reducido en los últimos 12 años. La gonorrea puede ser transmitida a través del sexo vaginal, anal, u oral, y puede afectar a la uretra, la vagina, el cuello uterino, la garganta o los ojos. Los síntomas, que por lo general se manifiestan 2 – 14 días después de la infección, incluyen dolor o ardor al orinar o defecar, secreción amarillenta o verde (como pus) del pene, la vagina, o el ano; inflamación y sensibilidad en la vulva; dolor de garganta; y sensación no productiva de tener que orinar o defecar. Alrededor del 10% de los hombres y hasta el 80% de las mujeres no tienen síntomas.

La gonorrea es diagnosticada por análisis bajo microscopio de una muestra de fluido genital o por prueba del ARN; también hay una prueba de orina. En los 1980, la bacteria desarrolló resistencia a la penicilina y tetraciclina (Sumeycin, Achromycin). Ahora se trata la enfermedad con antibióticos orales como ceftriaxona, cefixima (Suprax), cipofloxacina (Cipro), ofloxacina, azitromicina o por inyección. Sin embargo, la incidencia de la gonorrea resistente a fluoroquinolona y los antibióticos macrólidos está en aumento. En septiembre de este año, los CDC documentaron los primeros casos de gonorrea resistente a azitromicina en los EE.UU. La gonorrea no tratada puede ocasionar EPI (enfermedad pélvica inflamatoria), además de daños en las articulaciones. En las mujeres embarazadas, está asociada con parto prematuro, malparto, y muerte del feto, y en algunos casos la madre puede transmitir las bacterias a su hijo durante el parto.

Granuloma Inguinale

Granuloma inguinale, también conocido como donovanosis, es ocasionado por la bacteria Calymmatobacterium granulomatis. La enfermedad es poco común en los EE.UU., pero endémica en ciertas regiones tropicales del mundo. El granuloma inguinale se caracteriza por lesiones rojizas encarnadas no dolorosas y no acompañadas por inflamación de las glándulas linfáticas en la ingle. El diagnóstico se confirma a través de una biopsia de una muestra de la lesión. El tratamiento consiste en un curso de antibióticos como trimetoprim-sulfametoxazola (TMP-SMX; Bactrim, Septra), doxiciclina, ciprofloaxcina, o eritromicina. Las mujeres embarazadas o lactantes deben ser tratadas con eritromicina. En algunos casos, la enfermedad puede volver de nuevo a los 6-18 meses después del tratamiento inicial.

Sífilis

La sífilis, ocasionada por la bacteria Treponema pallidum, ha sido denominada "la gran imitadora" porque sus síntomas varían de persona a persona y pueden imitar los síntomas de muchas otras enfermedades. La sífilis se está haciendo menos común en los EE.UU.; en 1998, se documentó la incidencia más baja desde que se inicio la vigilancia en 1941, un promedio de 2,6 casos por 100.000 personas (aunque la incidencia varía considerablemente por región y grupo étnico). En 1999, los CDC lanzaron una campaña con la meta de erradicar la enfermedad en los EE.UU. en los próximos cinco años.

La sífilis tiene una patogénesis compleja (curso de desarrollo), caracterizada por estados primario, secundario, latente y terciario. La sífilis primaria típicamente comienza con una sola úlcera llamada "chancro" en el pene o la vulva 9-10 días después de infección. El chancro también puede manifestarse en el cuello uterino, los labios, o la lengua, dentro de la vagina o el ano, o en otras partes del cuerpo. La lesión es firme y generalmente no duele, y con frecuencia se cura sin tratamiento en 1-6 semanas. Algunas personas con sífilis primaria no experimentan síntomas. La etapa secundaria de la enfermedad se caracteriza por síntomas gripales, incluyendo fatiga, dolor de garganta, dolor de cabeza, dolor en las articulaciones, falta de apetito, y glándulas inflamadas; algunas personas pueden experimentar pérdida irregular del cabello. Las personas en este estado de la enfermedad también pueden desarrollar un salpullido que puede variar en apariencia desde pequeños moretones marrones a pústulas rojizas. El salpullido puede manifestarse en cualquier parte del cuerpo, pero con frecuencia afecta a las palmas de las manos y los pies. Los síntomas secundarios pueden durar de unas semanas a unos meses, y pueden aparecer y desaparecer durante el curso de 1 – 2 años.

Si no se trata la sífilis, los síntomas desaparecen, la persona deja de ser contagiosa sexualmente y la bacteria se torna latente (inactiva) por años o incluso décadas. La sífilis terciaria o de etapa avanzada sintomática ocasiona lesiones en los ojos, el corazón, los huesos, las articulaciones, el sistema nervioso, y puede ser mortal. La sífilis que afecta al cerebro se llama neurosífílis y puede caracterizarse por dolores de cabeza, trastornos de personalidad, ataques, y/o demencia. Una mujer embarazada puede transmitir sífilis a su feto, ocasionado la muerte del bebé o graves afecciones mentales o físicas en el recién nacido, condición llamada sífilis congénita.

El diagnóstico de sífilis se confirma a través de pruebas de sangre y anticuerpos. La sífilis primaria puede ser tratada con una inyección de penicilina benzatina; las etapas más avanzadas pueden requerir cursos de tratamiento más prolongados. Se puede usar ceftriaxona, doxiciclina, tetraciclina, o eritromicina si la persona es alérgica a la penicilina, aunque en algunos casos la desensibilización a la penicilina es recomendable. A pesar de que los anticuerpos a la penicilina permanecen en el cuerpo de por vida, una persona puede ser infectada de nuevo con la bacteria.


ETS víricas

Herpes genital

El herpes genital es ocasionado por el virus del herpes simple (VHS). Aunque el VHS tipo 2 se asocia con mayor frecuencia a lesiones genitales y el VHS 1 a lesiones orales, ambas cepas herpéticas pueden causar lesión oral y/o genital. Los CDC señalan que hay 45-60 millones de personas infectadas en los EE.UU. aproximadamente, y un millón de nuevas infecciones anuales. El herpes es caracterizado por ampollas en los genitales, dentro de la vagina o el recto, o alrededor de la boca. Por lo general, las personas desarrollan un brote de ampollas que se convierten en ulceraciones 2-20 días después de la infección, pero el herpes también puede tardar años en manifestarse. Las ulceraciones usualmente se secan, forman costra, y desaparecen sin dejar cicatrices después de 2 –7 semanas. Algunas personas con VHS nunca desarrollan síntomas reconocibles. Los investigadores han aislado el VHS en fluidos genitales de personas con el herpes genital incluso cuando no padecen lesiones activas. Y cuando las lesiones remiten, el virus no es erradicado, sino se torna latente en los nervios y puede reactivarse periódicamente.

Las erupciones herpéticas recurrentes están asociadas con diversos factores desencadenantes, incluyendo el estrés emocional, la enfermedad, la luz ultravioleta, la menstruación, y la debilitación del sistema inmunológico. Algunas personas pueden experimentar síntomas prodrómicos (percusores) incluyendo picazón y/o sensación de ardor en el área donde va a ocurrir la erupción, dolor en la ingle o las nalgas, y en algunos casos malestar general. Una persona puede transmitir el virus aunque no tenga síntomas, fenómeno conocido como descarga asintomática, la cual puede ocurrir debido a la presencia del VHS en el fluido genital. Los brotes recurrentes son por lo general menos graves que el brote inicial, y en la mayoría de los casos la frecuencia de los brotes disminuye con el tiempo. Una madre infectada puede transmitir el herpes a su recién nacido – particularmente durante el brote inicial – ocasionando parto prematuro, malparto, lesiones a los ojos y nervios, retraso mental, e incluso la muerte.

La infección por el VHS es diagnosticada a través de una prueba de sangre que detecta anticuerpos. Aunque no hay cura, el uso preventivo de medicamentos análogos nucleósidos antivíricos – aciclovir (Zovirax), valaciclovir (Valtrex), famciclovir (Famvir), y penciclovir tópico (Denavir) – puede suprimir el virus y reducir la frecuencia, duración e intensidad de los brotes, además del riesgo de transmitir el VHS. El tratamiento inmediato de bebés que nacen con herpes reduce la posibilidad de que desarrollen una enfermedad grave. Durante la 40a Conferencia Intercientífica sobre Compuestos Antimicrobianos y Quimioterapia (en inglés: ICAAC) este pasado septiembre, el Doctor Spotswood Spruance y sus colegas informaron sobre un estudio de una nueva vacuna contra el herpes genital. Las vacuna Simplirix, fabricada por SmithKline Beechman, redujo la incidencia de infección por el VHS tipo 2 en alrededor del 75% de las participantes VIH negativas con parejas ya infectadas por el herpes. Sin embargo, la vacuna no tuvo "efecto absoluto" sobre la incidencia del VHS 2 en hombres de "alto riesgo," de acuerdo con Spruance.

Papilomavirus humano y verrugas genitales

El papilomavirus humano (PVH) consiste en una familia de más de 60 cepas de virus asociadas con las verrugas. Varias cepas denominadas de "bajo riesgo" están asociadas con las verrugas comunes o verrugas genitales (también conocidas como condiloma accuminata). Las cepas de "alto riesgo" están asociadas con la displasia (crecimiento anormal precanceroso) del cuello uterino, el ano, o el pene. Muchas personas padecen coinfección por cepas de bajo y alto riesgo. El PVH es una de las ETS más comunes. Se calcula que cada año en los EE.UU. hay alrededor de 5,5 millones nuevos casos de infección por el PVH, con un total cumulativo de 30-40 millones de casos. El virus se propaga a través del contacto directo (sexual) con la piel afectada y la transmisión puede ocurrir incluso ante la ausencia de síntomas.

Las verrugas genitales se manifiestan usualmente a las pocas semanas o meses después de la infección. Comienzan como bultos pequeños, generalmente sin dolor o picor, sobre el pene, escroto, la vulva o el ano; dentro de la vagina o el recto; o sobre el cuello uterino. Las verrugas aparecen con frecuencia en agrupaciones, y si no son tratadas muchas se convierten en masas; el crecimiento es más rápido en las mujeres embarazadas y personas inmunodeprimidas. Sin embargo, muchas personas con la infección por PVH no experimentan síntomas visibles.

La presencia de PVH puede detectarse a través de una prueba de sangre. Las verrugas pueden ser detectadas por examen visual; la administración de vinagre puede hacer más visible la presencia de verrugas pequeñas. No hay cura y el PVH permanece en el cuerpo de por vida. Sin embargo, hay varios tratamientos para las verrugas y la displasia. Las verrugas pueden ser eliminadas a través de criocirugía (congelación con nitrógeno líquido), electrocauterización, o cirugía convencional. Los remedios tópicos incluyen podofilox (Condylox), podofillin (Podofin), ácido tricoloroacético, fluorouracil 5, e imiquimod (Aldara); no se debe usar podofilox (Condylox), podofillin ni fluorouracil 5 en las mujeres embarazadas. Puesto que muchas personas han experimentado dolor al usar el tratamiento con podofillin, se recomiendan los métodos más rápidos de eliminación de verrugas. Si no hay reacción positiva al tratamiento estándar, se puede inyectar alfa interferón directamente en la verruga.

La displasia, que puede derivar en cáncer, es muy tratable en sus etapas tempranas. Para indicar los estados progresivos de displasia se usan varios términos, incluyendo neoplasia intracelular uterina o anal (NIU o NIA, respectivamente) y lesiones escamosas intraepiteliales (LEI). La prueba de Papanicolau o citología– la inspección bajo microscopio de muestra celular – se emplea para detectar la afección mientras se está desarrollando. El empleo regular de pruebas Pap en las mujeres ha reducido de manera significativa la incidencia de mortalidad por cáncer uterino, y algunos expertos ahora recomiendan realizar con regularidad pruebas Pap anales para ciertas poblaciones, incluyendo personas que practican el sexo anal receptivo. También se puede usar un instrumento llamado colposcopio para determinar cambios en las células vaginales o anales. La displasia temprana puede tratarse a través de congelación, con el objeto de que el cuerpo las reemplace con tejido (células) normales. Los Laboratorios Merck están desarrollando una vacuna anti-PVH.


ETS parasitarias

Ladillas

Las ladillas son unos insectos diminutos llamados Phthirus pubis o Pediculosis pubis. Pueden ser transmitidos a través del contacto cercano con piel afectada y por toallas, sabanas, o artículos de ropa compartidos. Los piojos normalmente viven en el vello genital pero también pueden infectar el vello de las axilas, la barba, las pestañas y las cejas. El síntoma primario es la picazón, que comienza usualmente cinco días después de infección; la picazón es causada por una reacción alérgica a la mordida del insecto. Se puede hacer un diagnóstico visual identificando los parásitos o sus huevos en el vello corporal. Las ladillas pueden eliminarse con medicamentos tópicos disponibles sin receta, como la formulación del 1% (Nix) o el 5% (Elimite) de permetrina. También puede usarse el fármaco lindane (Kwell, Isotox) pero su empleo se está haciendo menos común debido a la resistencia. Otras opciones incluyen el nuevo medicamento de receta metialina (Ovide) y la monodosis de 200 ug/kL de ivermectina (Stomectol) oral. Además, se debe lavar toda la ropa, las sábanas, etc. en agua caliente con solución desinfectante y usar un cepillo especialmente desarrollado para extraer los huevos del pelo. En algunos casos, la depilación es recomendada, ya que si no se eliminan todas las huevas, las ladillas pueden reproducirse y ocasionar una reinfestación. Toda pareja sexual debe ser informada, evaluada, y si es necesario, tratada. El empleo de cremas antipruríticas (como hidrocortisona al 1-5%) puede aliviar la picazón durante el tratamiento.

Escabiosis (sarna)

La escabiosis, o sarna, es causada por un parásito que escarba en la piel. La sarna es transmitida fácilmente a través del contacto con piel afectada o al compartir toallas, sábanas, y ropa contagiada. Aunque la sarna puede afectar a cualquier parte del cuerpo, prefiere la humedad y con frecuencia infecta el área genital o las membranas entre los dedos de manos y pies. La hembra pone sus huevos debajo de la piel, usualmente a los diez días después de la infección. El síntoma primario que se manifiesta en alrededor de un mes es una intensa picazón causada por una reacción alérgica; con frecuencia la picazón empeora por la noche. Algunas personas también desarrollan un salpullido parecido al eczema. La sarna se diagnostica al detectar el parásito, sus excavaciones o huevos, en una muestra de piel. Las excavaciones cutáneas se manifiestan en patrón zigzag y pueden hacerse más visibles al aplicar tinta. Los tratamientos incluyen lindane o la crema del 5% de permetrina, aplicada por todo el cuerpo por 8-10 días. Lindane es tóxico; las mujeres embarazadas o lactantes y los niños menores de dos años no deben usarlo. También se puede usar ivermectina para tratar la sarna. Se debe lavar toda la ropa, sábanas, mantas, toallas, etc. en agua caliente con desinfectante.

Tricomoniasis

La tricomoniasis es causada por el parásito Trichomonas vaginalis. Se calcula que en los EE.UU., cinco millones de casos ocurren cada año. La infección por el parásito ocasiona inflamación en la vagina y uretra. Los síntomas usualmente manifiestan 3-28 días después de la infección; el síntoma principal en la mujer es una secreción vaginal espumosa, de color amarillenta/ verdoso, acompañada de picazón, inflamación e irritación de la vulva. Aunque muchos hombres con tricomoniasis son asintomáticos, algunos pueden experimentar irritación de la uretra o debajo del prepucio, o una secreción del pene. Ambos géneros pueden experimentar una sensación frecuente de tener que orinar o ardor al orinar. La tricomoniasis en la mujer embarazada puede causar ruptura prematura de las membranas de la placenta, ocasionado parto prematuro; los bebés pueden adquirir la infección durante el parto. El diagnóstico se hace a través de una prueba de muestra de la descarga vaginal; es más difícil detectar la infección masculina. Se puede tratar la enfermedad con una dosis oral del fármaco antiparasitario metronidazola (Flagyl). Las personas curadas pueden contraer el parásito de nuevo.

ETS transmitidas por otros métodos

Vaginosis bacteriana

La vaginosis bacteriana (VB) es la causa más común de inflamación vaginal en las mujeres de edad fértil. La VB ocurre cuando hay un desequilibrio de la flora bacteriana dominante en la vagina – principalmente Lactobacillus – permitiendo el crecimiento precipitado de otra bacteria como Gardnerella vaginalis, Bacteroides, Mobiluncas, Mycoplasma hominis, y Ureaplasma urealyticum. La VB no es necesariamente transmitida sexualmente; está asociada con una nueva pareja sexual, irrigación vaginal, el empleo de anticonceptivos intrauterinos, y cambios en el entorno vaginal. Los síntomas incluyen un flujo espumoso o líquido, de color grisáceo o blanco; olor anormal; dolor o picazón en la vulva; y ardor al orinar. Muchas mujeres con VB son asintomáticas. Las mujeres embarazadas con VB tienen incidencias más elevadas de malpartos o recién nacidos prematuros o de bajo peso. En algunos casos, la bacteria responsable del VB puede propagarse a los órganos superiores de reproducción, ocasionado EPI. El diagnóstico de VB se confirma a través de la inspección bajo microscopio del flujo. Puede tratarse con tratamientos tópicos u orales como metronidazola o clindamicina (Cleocin). La VB puede rebrotar después del tratamiento inicial.

Candidiasis

La candidiasis es el crecimiento anormal del hongo Candida albicans, u ocasionalmente otras especies de Candida. Candida albicans usualmente vive en la vagina. La candidiasis puede afectar a todo el cuerpo, pero la actividad sexual puede propagar el crecimiento anormal a la vagina y vulva. Los síntomas de la candidiasis vulvovaginal incluyen un flujo espeso blanco con olor a levadura. Las mujeres también pueden experimentar dolor, picazón, irritación, e inflamación en la vulva, además de dolor al orinar o durante la penetración sexual. Las mujeres con sistemas inmunológicos debilitados pueden padecer episodios más frecuentes y prolongados. La Candida también puede ocasionar infección en el glande del pene (balanitis), aunque es menos común.

El diagnóstico se confirma a través de una preparación KOH. Muchas mujeres son asintomáticas; a diferencia de la VB, la candidiasis usualmente aparece a pesar de tener un entorno vaginal normal. La candiadisis puede tratarse con formulaciones tópicas o intravaginales de medicamentos antimicóticos, como clotrimazola (Mycelex, GyneLotrimin), miconazola (Monistat), terconazola (Terazole) o nistatina (Mycostatin); también pueden usarse medicamentos sistémicos orales fluconazola (Diflucan), itraconazola (Sporanox), o ketaconazola (Nizoral), especialmente en casos recurrentes o de resistencia. La candidiasis es común en las mujeres embarazadas, las cuales deben recibir sólo el tratamiento tópico, no sistémico.

Citomegalovirus

El citomegalovirus (CMV), miembro de la familia de los herpetovirus, es especialmente conocido por ser una de las enfermedades oportunistas (EO) de personas inmunodeprimidas, debido a la enfermedad por VIH o al empleo de medicamentos inmunosupresores en receptores de trasplantes de órgano. La infección por el CMV es muy común en la población general; en los EE.UU. la mayoría de los adultos tienen el virus. El virus está presente en el semen, el flujo vaginal, la saliva y la orina, y puede ser transmitido con facilidad durante las relaciones sexuales. El CMV también se transmite con frecuencia de una mujer embarazada a su hijo antes del parto o por la lactancia materna. El CMV usualmente no causa síntomas en personas saludables, pero algunos pueden experimentar una enfermedad gripal caracterizada por fiebre, fatiga, debilidad, e inflamación linfática. En las personas inmunodeprimidas, el CMV puede causar graves enfermedades como retinitis (inflamación de la retina óptica, que puede derivar en ceguera), colitis (inflamación del intestino grueso), polineuritis (inflamación de los nervios), o neumonía. El CMV se diagnostica mediante una prueba de sangre o un cultivo de fluidos corporales. No tiene cura y se cree que la infección es de por vida. Se puede reducir la progresión patogénica en las personas inmunocomprometidas con el empleo de medicamentos antivíricos intravenosos como ganciclovir (Cytovene), foscarnet (Foscavir), o cidofovir (Vistide). La retinitis por el CMV puede ser tratada con inyecciones o implantes oculares. El valganciclovir oral también es eficaz contra la retitinis por CMV relacionada con el VIH.

Hepatitis

Los virus de la hepatitis, aunque no se consideran ETS, también pueden transmitirse a través de la actividad sexual. El término hepatitis se refiere en general a inflamación del hígado. La hepatitis A, causada por el virus de la hepatitis A (VHA), se transmite por contacto oral – fecal; con mayor frecuencia se contrae al ingerir alimentos o agua contaminada, pero también puede contraerse a través del sexo oral – anal o por actividades que ponen las manos, el pene, u objetos de estimulación sexual, en contacto con heces. Las hepatitis B y C, ocasionadas por los virus VHB y VHC respectivamente, son transmitidas con más frecuencia por contacto con sangre infectada (por ejemplo, a través de una jeringa o equipo de inyección de drogas), pero al igual que el VHA también pueden ser transmitidas por el sexo. Se han detectado ambos virus en el semen y el flujo vaginal de personas infectadas. La transmisión sexual del VHB es más común; los CDC calculan que cada año ocurren más de 77.000 casos de transmisión sexual del VHB. De acuerdo con los CDC, hasta el 20% de las infecciones por VHC pueden ser atribuidas al contacto sexual, pero muchos estudios indican una incidencia más baja. Un análisis de varios estudios diferentes reveló que el promedio de la incidencia de transmisión sexual es del 1,5% entre parejas heterosexuales monógamas estables y de hasta el 10% entre parejas monógamas homosexuales.

La actividad sexual puede transmitir varios parásitos intestinales y bacterias, particularmente el sexo oral-anal.Los síntomas de la hepatitis incluyen náuseas, vómitos, fatiga, fiebre, dolor abdominal, y pérdida de apetito; algunas personas desarrollan ictericia (decoloración amarillenta de la piel y el blanco de los ojos). Muchas personas infectadas por el VHB o VHC no experimentan síntomas. Las mujeres embarazadas pueden transmitir ambos virus al feto. La hepatitis es diagnosticada mediante una prueba de sangre. Usualmente, la hepatitis A se resuelve sin tratamiento y no se torna crónica; una persona que haya padecido hepatitis A no puede contraer el virus de nuevo. El VHB y VHC pueden tornarse crónicos y ser causas potenciales de la cicatrización del hígado (cirrosis), cáncer de hígado, e insuficiencia hepática. Los portadores crónicos del VHB o VHC, bien sean sintomáticos o no, pueden transmitir el virus a otras personas.

El tratamiento del VHB y VHC es difícil, aunque hay varios medicamentos aprobados por la FDA. Los tratamientos más comunes del VHB son alfa interferón y lamivudina (Epivir; 3TC), y el tratamiento estándar del VHC es alfa interferón más ribavirina (Rebetron). Las vacunas contra el VHA y VHB pueden prevenir la infección; se recomienda la inoculación contra estos virus para toda persona sexualmente activa.

Parásitos intestinales y bacterias

La actividad sexual puede transmitir varios parásitos intestinales y bacterias, particularmente el sexo oral-anal u otras actividades que exponen la boca a heces a través de las manos, el pene, u objetos de estimulación. Sin embargo, en la mayoría del mundo se contraen estos organismos al ingerir agua o alimentos contaminados. Los organismos parasitarios en esta categoría incluyen Entamoeba histolytica, Giardia lamblia, y las cepas de Cryptospodridium, Microsporidium, e Isopora. Entre las bacterias que pueden transmitirse por vía sexual se encuentran la Salmonella, Shigella, y Escherecia coli. Estos microbios usualmente causan trastornos gastrointestinales (gastroenteritis), caracterizada por diarrea, náuseas, vómitos, calambres abdominales, fiebre, y sangre en las heces; los síntomas suelen manifestarse en un plazo de 36 horas después de infección. El diagnóstico se confirma mediante el análisis de una muestra de heces. Para tratar las distintas infecciones parasitarias se emplean diferentes fármacos; metronidazola se utiliza para algunos de los organismos más comunes. Se pueden usar fármacos como ciprofloxcina para tratar infecciones bacterianas.

Molluscum contagiosum

Molluscum contagiosum es una infección de piel ocasionada por el virus del mismo nombre. Es transmitido a través de contacto con la piel afectada y al compartir toallas, ropa, o equipo de afeitar. El síntoma principal consiste en la manifestación de lesiones pequeñas que alteran el color de la piel, grisáceos o encarnados, con cuenca central. Pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, pero tienden a manifestarse con mayor frecuencia en la cara, el torso, las nalgas, la ingle o los genitales; pueden ser dolorosas con la palpación o causar picazón. Usualmente las lesiones aparecen a las 2-12 semanas de la infección y pueden persistir desde dos semanas a varios años si no son tratadas. Los brotes pueden ser más extensos y prolongados en personas inmunodeprimidas. El diagnóstico se realiza mediante el análisis de la lesión, la cual tiene una apariencia característica "umbilical", o bien por análisis microscópico de una muestra. Las lesiones pueden ser eliminadas mediante intervención quirúrgica o por congelación con nitrógeno líquido, o bien con tratamiento tópico con fármacos como podofilina, cantaridina (Cantharone), fenol, nitrato de plata, ácido tricoloracético, y yoduro.


Consecuencias de las ETS

Enfermedad pélvica inflamatoria y epididimitis

La enfermedad pélvica inflamatoria (EPI) y la epididimitis no son ETS, sino complicaciones graves a largo plazo de la infección por varios organismos sexualmente transmitidos. La EPI es una infección del sistema reproductor femenino, que afecta al útero, los ovarios, y los oviductos (trompas de falopio.) Es ocasionada con mayor frecuencia por Clamidia trachomatis o Neisseria gonorrhoeae, pero también está asociada con las cepas de Bacteroides. Durante la menstruación, las bacterias pueden fácilmente penetrar en el útero y los oviductos; la irrigación vaginal también puede facilitar la infección por bacterias y el acceso de éstas a órganos internos, y por esta razón no es recomendable. En los EE.UU., se documentan 1 millón de nuevos casos de EPI cada año.

La EPI puede ser asintomática durante su etapa temprana, o puede caracterizarse por síntomas como secreción vaginal, ciclos menstruales prolongados, hemorragia entre ciclos menstruales, dolor abdominal o en la parte inferior de la espalda, fiebre o escalofríos, náuseas, dolor durante la penetración sexual, y dolor con la palpación durante el examen pélvico. La infección puede dañar a los órganos reproductores, aumentando el riesgo de embarazo ectópico (afección potencialmente mortal por la que la mujer desarrolla el embarazo en las trompas en vez de en el útero) e incluso puede provocar esterilidad.

El diagnóstico de EPI se confirma a través de un examen pélvico o por laparoscopia, procedimiento médico donde se inserta un instrumento flexible iluminado a través de una incisión en el abdomen para examinar los órganos internos. La PID es tratada con antibióticos para controlar al organismo responsable. El tratamiento es más eficaz durante la etapa temprana de la enfermedad; con frecuencia no se puede aislar al organismo causante y hay que emplear un régimen antibiótico de combinación. En algunos casos, se requiere la intervención quirúrgica para eliminar cicatrices en el tejido, abscesos, u órganos con daños severos. Alrededor de un tercio de las mujeres con EPI desarrollan la afección de nuevo después de ser tratadas exitosamente; el riesgo de esterilidad incrementa con cada episodio posterior.

La epididimitis es una infección de la epidídimio, los tubos de los testículos que transportan esperma. Al igual que con la EPI, el organismo causante es con frecuencia la gonorrea o clamidia. Los síntomas incluyen dolor en los testículos, el escroto o abdomen. La infección no tratada puede progresar a una infección del testículo completo (orquitis). La epididimitis, como la EPI, es tratada con antibióticos. En casos extremos, puede ser necesario extirpar el testículo.


Las ETS y el VIH

Las ETS están asociadas de varias formas con el VIH. Puesto que las ETS y el VIH son transmitidas con comportamientos sexuales parecidos, los mismos comportamientos que incrementan el riesgo de contraer o transmitir el VIH también aumentan el riesgo de las ETS, y y viceversa. Las personas que contraen una ETS también pueden haberse puesto a riesgo de contraer el VIH y deben someterse a la prueba de anticuerpos. A su vez, los infectados por el VIH deben someterse a pruebas de ETS.

Los datos epidemiológicos señalan que las poblaciones y regiones geográficas en los EE.UU. con incidencias más elevadas de ETS tienden a tener incidencias elevadas del VIH. De acuerdo con los CDC, "la distribución geográfica de la transmisión heterosexual del VIH corre paralela con la de otras ETS." Durante la última década, la elevada incidencia del VIH ha empezado a afectar desproporcionadamente a mujeres heterosexuales, adultos jóvenes, afroamericanos, y residentes del sudeste del país – poblaciones representantes de incidencias elevadas de ETS. Durante la reciente Conferencia Internacional sobre el SIDA en Durban, J. Hanson y sus colegas presentaron un estudio sobre la incidencia del VIH/ETS realizado por modelo matemático con 10.879 fichas médicas procedentes de una clínica de tratamiento de las ETS en Nueva Orleans. Los datos sugirieron que la presencia de una ETS incrementó el riesgo de contraer el VIH entre una población de pacientes predominantemente heterosexual; en los hombres, el diagnóstico reciente de gonorrea fue asociado con un incremento de padecer seroconversión (resultar VIH positivo) de más de dos veces.

Las incidencias elevadas de ETS han sido también asociadas con una incidencia elevada del VIH en algunas poblaciones de hombres que tienen sexo con hombres (HSH), y podrían funcionar como pronósticos de un aumento inminente en la incidencia del VIH. Durante la 7a Conferencia sobre los Retrovirus y Enfermedades Oportunistas (CROI) en San Francisco, L. Torian y sus colegas presentaron los resultados de un estudio que demostró que entre HSH de la ciudad de Nueva York, la sífilis o gonorrea fue un factor pronóstico de infección por el VIH. Dada esta asociación entre las ETS y el VIH, de acuerdo con el CDC, "La vigilancia de las ETS puede proveer indicación importante sobre las poblaciones o áreas más vulnerables a la propagación del VIH y sugerir dónde podemos concentrar nuestros esfuerzos para promover el comportamiento sexual con protección."

También durante la Conferencia en Durban, H. Chesson y sus colegas de los CDC emplearon un modelo matemático para calcular que 5.052 nuevos casos del VIH fueron atribuibles a las ETS, incluyendo clamidia (3.249 casos), sífilis (1.002 casos), gonorrea (430 casos), y herpes (371 casos). Durante la 40a ICAAC celebrada este año en Toronto, N.M. Ferguson y colegas de la Universidad de Oxford presentaron resultados derivados de un modelo matemático que indicaron que las ETS ejercen mayor impacto sobre la capacidad infecciosa del VIH (la probabilidad de que una persona transmita el virus) que sobre la susceptibilidad al VIH (la probabilidad de que una persona contraiga el virus).


“Sinergia epidemiológica”

Durante la IX Conferencia Internacional sobre el SIDA, celebrada en Vancouver, Canadá en julio de 1996, la Doctora Judith Wasserheit de los CDC presentó un análisis de publicaciones médicas sobre las ETS y la transmisión del VIH. El análisis de múltiples estudios en cuatro continentes demostró que las personas que padezcan ETS con o sin lesiones corren un riesgo de 2 a 5 veces mayor de ser infectadas por el VIH. La presencia de una ETS incrementa tanto la susceptibilidad como la capacidad infecciosa del VIH, fenómeno que Wasserheit llamó "sinergia epidemiologica" cuando informó sobre la conexión por primera vez en 1992. Este denominado "efecto co-factor de las ETS" se ha demostrado en la transmisión del VIH para la sífilis, el cancroide, el herpes genital, la gonorrea, la clamidia, y la tricomoniasis; datos recientes sugieren que la vaginosis bacteriana también está implicada en el incremento de transmisión del VIH.

Una ETS puede facilitar la infección por el VIH debido a varios mecanismos biológicos. Primero, una persona con una ETS que causa úlceras genitales – principalmente sífilis, cancroide, o herpes genital, en ocasiones denominados colectivamente enfermedad genital ulcerativa (EGU) – es más susceptible a contraer el VIH de una pareja positiva porque las úlceras actúan como puertas de acceso al cuerpo. En segundo lugar, las ETS podrían incrementar el riesgo de contraer el VIH al afectar la integridad de las células. Durante la 12a Conferencia Mundial del SIDA en Ginebra, Suiza (junio, 1998), los investigadores de los CDC presentaron datos que indican que en personas con ciertas ETS, las células epiteliales genitales y urinarias no funcionan apropiadamente, permitiendo aberturas entre las células que facilitan la penetración del VIH. En tercer lugar, la presencia de una ETS incrementa la concentración de células dendríticas o de Langerhans y de linfocitos CD4 T (dos tipos de células blancas) en el área genital y los fluidos genitales, ya que estas células migran al área de infección. Estos números incrementados de células blancas actúan como blancos adicionales de infección por el VIH. Este mecanismo es aplicable a las ETS no ulcerativas – como clamidia, gonorrea y tricomoniasis – además de las ulcerativas.

La presencia de una ETS también incrementa la posibilidad de que una persona coinfectada transmita el VIH. Primero, el virus puede ser transmitido por las lesiones genitales, las cuales pueden estar en contacto con las membranas vaginales, orales, o anales de la pareja durante la actividad sexual. Se ha detectado el VIH rutinariamente en el fluido descargado por muchos tipos de úlceras genitales en las mujeres y hombres VIH positivos; y estas úlceras también pueden sangrar. D. Cameron y sus colegas publicaron en una edición de 1989 del The Lancet que las mujeres VIH positivas con úlceras genitales asociadas con ETS eran más propensas a transmitir el VIH a sus parejas que las mujeres VIH positivas sin tales úlceras. Segundo, las personas VIH positivas con ETS inflamatorias como clamidia o gonorrea son más propensas a secretar VIH en sus fluidos seminales y vaginales, y a tener mayor cantidad del VIH en estos fluidos, comparadas con las personas VIH positivas sin ETS. En la edición del 28 de junio de 1997 del The Lancet, el Doctor Myron Cohen y sus colegas reportaron que el promedio de carga vírica en el semen en hombres malawianeses positivos con uretritis resultó ocho veces mayor que la carga seminal en hombres sin la afección, a pesar de que ambos grupos tenían cargas víricas parecidas en la sangre. Después de someterse al tratamiento anti-ETS, las cargas víricas seminales de los hombres con uretritis revertieron a niveles comparables con las cargas de los hombres sin la ETS. M. Laga presentó pruebas durante la 6a CROI en Chicago celebrada en 1999 de que la carga vírica del VIH también resulta elevada en los fluidos vaginales de mujeres positivas con una ETS. Durante la CROI de este año, P.F. Barroso y sus colegas de la Universidad de John Hopkins declararon que algunos hombres cuyas cargas víricas seminales del VIH se habían reducido a niveles indetectables con el tratamiento antirretrovírico experimentaron un incremento en su carga al contraer una ETS. Barroso también reportó durante la 39a ICAAC en 1999 que los hombres con verrugas genitales tienen una carga vírica seminal significativamente más elevada que hombres comparables sin la ETS.


El impacto del VIH sobre ETS específicas

Además de la sinergia epidemiológica entre las ETS y la transmisión del VIH, el daño inmunológico relacionado con el VIH puede influir en la progresión de las ETS. Varios estudios han demostrado que los síntomas de diversas ETS pueden resultar más intensos, prolongados, y difíciles de tratar en personas VIH positivas. De hecho, algunos organismos que son transmitidos sexualmente, como CMV y Candida, no siempre ocasionan enfermedad en las personas con sistemas inmunológicos saludables, pero pueden ocasionar graves síntomas en personas con el VIH/SIDA.

Las lesiones del herpes pueden ser más graves y prolongadas, y los brotes pueden ocurrir con mayor frecuencia en personas VIH positivas. Algunas personas coinfectadas por el VIH y el VHS requieren tratamiento antivírico preventivo oral por vida para controlar los brotes; además, el herpes es una de las ETS ulcerativas que facilita la transmisión del VIH, ya que se puede secretar virus por las lesiones abiertas.

Las personas VIH positivas con PVH son más susceptibles al desarrollo de múltiples verrugas genitales y verrugas que duran más tiempo, además de al condiloma masivo que puede crecer rápidamente, obstruyendo potencialmente la vagina, el ano, o la garganta, y requiriendo tratamiento por cirugía. Estas verrugas más graves tienden a desarrollarse con menos frecuencia en personas VIH positivas que estén tomando un régimen antirretrovírico eficaz. Más preocupante es el hecho, que varios estudios han señalado, de que las mujeres VIH positivas son más susceptibles al desarrollo de displasia uterina y anal, y que los HSH VIH positivos sexualmente activos son más susceptibles al desarrollo de la displasia anal. Muchos expertos recomiendan que las mujeres VIH positivas se sometan con más frecuencia a las pruebas Pap uterinas y anales, seguidas de un examen colposcópico si se detectan células anormales; algunos expertos recomiendan evaluaciones anuales, mientras que otros las recomiendan cada seis meses. Además, la realización regular de pruebas Pap anales en los hombres VIH positivos, de acuerdo con el destacado investigador médico Joel Palesky, "podría reducir [la incidencia] de cáncer anal entre esta población vulnerable." Estudios recientes sugieren que el empleo de regímenes anti-VIH eficaces reduce la progresión de la displasia relacionada con el PVH.

En la edición de agosto de 1998 de HIV Newsline, las doctoras Jeanne Marrazzo y Cristina Marra, publicaron que el VIH puede complicar el diagnóstico y tratamiento de la sífilis. Se han documentado casos de sífilis en personas VIH positivas, en los cuales la enfermedad progresó de la etapa primaria a la terciaria en sólo unos años, en comparación con las décadas que tarda en personas sin el VIH. No se ha establecido si la infección por el VIH predispone a las personas con sífilis a desarrollar neurosífilis, ya que los estudios han proporcionado resultados confusos, y los expertos no están de acuerdo sobre si deben realizarse exámenes rutinarios del fluido cerebroespinal en toda persona VIH positiva diagnosticada con la etapa primaria de sífilis. El tratamiento también es un tema polémico; los datos de un estudio multicéntrico sugieren que el tratamiento de la sífilis primaria y terciaria resulta menos eficaz en las personas VIH positivas. Las pautas para el tratamiento de las ETS, publicadas por los CDC en 1998, recomiendan, sin embargo, que las personas VIH positivas y negativas en la etapa temprana de sífilis reciban el mismo protocolo (monodosis de la penicilina benzatina); algunos expertos prefieren adoptar un tratamiento antisifilítico más enérgico (por ejemplo, tres inyecciones de la penicilina benzatina) para las personas VIH positivas.

La vaginosis bacteriana es una afección común en las mujeres VIH positivas. El Doctor Robert Goldenberg, de la Universidad de Alabama, llevó a cabo un estudio en el cual las mujeres VIH positivas embarazadas con vaginosis bacteriana mostraron más tendencia a transmitir el VIH a sus bebés, en parte debido a la posibilidad de sufrir ruptura prematura de las membranas de la placenta e inflamación de las membranas amnióticas. Un estudio llevado a cabo por el Dr. M. Cohen, cuyos resultados fueron presentados en la Conferencia sobre el SIDA en Durban, indicó que las mujeres VIH positivas corren casi dos veces más riesgo que las mujeres VIH negativas ( 78% contra 39%) de sufrir endometritis, inflamación del interior del útero asociada con la EPI.

Muchas otras ETS pueden tornarse más severas ante la presencia del VIH. La sarna, afección usualmente irritante pero benigna, puede convertirse en la denominada sarna noruega, caracterizada por lesiones costrosas y altamente contagiosas. Las mujeres VIH positivas son más susceptibles a padecer candidiasis vulvovaginal; de hecho, es con frecuencia uno de los síntomas iniciales de la enfermedad VIH en la mujer. La candidiasis vaginal en la mujer VIH positiva puede ser severa y recurrente, y necesitar un tratamiento antimicótico sistémico. Las erupciones de molluscum contagiosum pueden estar más diseminadas en las personas VIH positivas; y varias infecciones parasitarias, como por Cryptosporidium, Microsporidium, y Isospora, son tan dañinas en las personas VIH positivas que se consideran EO. Además, puesto que algunos medicamentos anti-VIH pueden ocasionar síntomas semejantes a los de los parásitos intestinales (diarrea, dolor abdominal, etc.), las infecciones intestinales pueden pasar desapercibidas y sin tratamiento hasta desarrollar graves complicaciones.


¿Pueden los programas anti-ETS reducir la incidencia del VIH?

Dadas las asociaciones entre el VIH y las ETS, muchos expertos creen que los programas integrados de prevención y control de ambas enfermedades tienen mayor probabilidad de resultar eficaces que los programas que consideran las ETS y el VIH como problemas distintos. Las medidas de control de las ETS han estado en pie durante décadas. Cuando se identificó el SIDA en los EE.UU. a principios de los 1980, se implementaron nuevos programas de prevención, que fueron seguidos a finales de los 80 y principios de los 90 por organizaciones de apoyo y tratamiento independientes de la infraestructura establecida de salud pública que tradicionalmente ha lidiado con las ETS. Hay varias razones que explican este hecho, incluyendo la movilización de la comunidad gay para crear servicios específicos. Además, las personas con VIH/SIDA y sus portavoces se mostraron adversas a aceptar las pautas tradicionales de la salud pública - como informar a las parejas sexuales y notificar al estado los nombres de personas con ETS - que se emplean para el control de las ETS. Durante la última década, sin embargo, estudios han proporcionado datos que señalan que la integración del control de las ETS y el VIH podría ser más eficaz, tanto en los EE.UU. como en todo el mundo.

La investigación epidemiológica sugiere que las intervenciones desde el ámbito de las comunidades para identificar y tratar las ETS podrían reducir la incidencia del VIH en esa población. Sin embargo, los datos son confusos y se desconoce la magnitud del efecto. Notablemente, los dos estudios mejor conocidos de intervenciones anti-ETS para prevenir la transmisión del VIH en Africa proporcionaron resultados opuestos.

El primer estudio fue realizado en el distrito rural Mwanza en Tanzania. El estudio controlado al azar inscribió a 12.000 adultos en 12 pueblos seleccionados. Seis de las comunidades recibieron un programa completo para el control de las ETS, incluyendo mejores servicios clínicos, cursos formativos para proveedores de salud sobre la detección y tratamiento de las ETS, amplia disponibilidad de antibióticos para las ETS curables, y un esfuerzo continuo de educación y prevención. Los pueblos de control continuaron con los programas establecidos anti-ETS. A partir de dos años, las comunidades con el nuevo programa manifestaron una reducción del 42% en la incidencia del VIH transmitido por contacto heterosexual, comparado con los pueblos de control. La reducción no estuvo relacionada con cambios en el comportamiento sexual o con el uso de preservativos. A pesar de esto, los pueblos con el programa de intervención sólo experimentaron una leve reducción en la incidencia de las ETS. Los resultados fueron publicados en la edición del 26 de agosto de 1995 del The Lancet.

El segundo estudio, conocido como Estudio Rakai para el Control de las ETS y la Prevención del SIDA, fue realizado en el distrito Rakai de Uganda. Durante este estudio, iniciado en 1994, los investigadores seleccionaron al azar a 56 pueblos para recibir intervención anti-ETS o funcionar como sección de control. Los 6.602 adultos VIH negativos en la sección experimental recibieron tratamiento de antibióticos en casa para una variedad de ETS cada diez meses, con independencia de su estado sintomático. El tratamiento consistió en monodosis orales de azitromicina, ciprofloxacina, y metronidazola, más inyecciones de penicilina para aquellos cuyos resultados de sangre indicaron la infección por sífilis. Los 6.214 adultos en la sección de control no recibieron estos tratamientos. Tanto el VIH como las ETS resultaron comunes en ambos grupos, con una variación en las incidencias de las ETS del 50% para la vaginosis bacteriana al 2% para la gonorrea. El estudio Rakai no incluía un programa continuo de educación, diagnóstico y tratamiento. A partir del segundo periodo de dos meses, no se documentaron diferencias en las incidencias del VIH de ambas secciones; al contrario, la incidencia aumentó ligeramente en cada grupo. Sin embargo, las incidencias de ETS curables se redujeron significativamente y se documentaron mejoras en la salud materna e infantil en la sección experimental. Los resultados fueron publicados en la edición del 12 de diciembre del The Lancet.

Una comparación de estos estudios sugiere que los programas intensivos y continuos para la prevención y control de las ETS – los cuales podrían también ayudar a controlar la insuficiencia del tratamiento, los rebrotes y las reinfecciones – son probablemente más eficaces para la reducción del VIH que el tratamiento anti-ETS intermitente. Además, las comunidades en Tanzania se encontraban en las primeras etapas de la epidemia, con una incidencia de frecuencia del VIH de alrededor del 4%, mientras que las comunidades en Uganda manifestaban una incidencia de alrededor del 16%, lo cual sugiere que el tratamiento anti-ETS puede tener mayor impacto sobre la transmisión del VIH cuando el VIH está menos diseminado. De acuerdo con la Doctora María Wawar, investigadora del estudio Rakai, "Puede ser que si uno está expuesto a diario al VIH, y el riesgo que corres es suficiente, tarde o temprano vas a resultar infectado, tengas o no una ETS".
Finalmente, las personas del estudio Mwanza fueron tratadas cuando manifestaron síntomas de ETS, en contraste con el estudio Rakai; el tratamiento de las personas sintomáticas probablemente ejerce mayor impacto sobre la reducción de la transmisión del VIH. Se publicó una presentación comparativa de los dos estudios en la edición del 3 de junio del 2000 del The Lancet.

Las incidencias de las ETS y la incidencia del VIH en algunas poblaciones en los EE.UU., particularmente en mujeres jóvenes, son parecidas a las incidencias observadas en Africa.Queda por establecer si tales programas de detección y tratamiento de las ETS pueden conseguir el mismo éxito en los EE.UU. que en Tanzania. El impacto podría ser menor ya que las poblaciones estadounidenses por lo general tienen un promedio de incidencia de ETS más bajo y menos transmisión heterosexual del VIH, y los programas actuales anti-ETS son más desarrollados y accesibles que en países de escasos recursos. Sin embargo, el Doctor William Kassler y sus colegas de los CDC analizaron varias encuestas nacionales y locales llevadas a cabo entre 1990 y 1997. Durante la Conferencia del SIDA en 1998, observaron que las incidencias de las ETS y la incidencia del VIH en algunas poblaciones en los EE.UU., particularmente en mujeres jóvenes, son parecidas a las incidencias observadas en Africa. Concluyeron que "mientras que no se pueda cuantificar de manera precisa el impacto potencial [de un programa de control de las ETS] hasta que sea implementado, la incidencia de ETS entre ciertos grupos con alto riesgo de contraer el VIH sugiere que podría ser significativo," y recomendaron la instauración de estudios controlados para asesorar el impacto de la intervención anti-ETS sobre la transmisión del VIH.


Recomendaciones para las ETS-VIH

Puesto que la detección y el tratamiento de las ETS pueden ser métodos eficaces de prevenir el VIH, el Comité sobre las ETS y el VIH de los CDC (en inglés: ACHSP) sugiere desarrollar firmes conexiones entre los programas anti-ETS y los programas anti-VIH, particularmente programas cuyo énfasis son los grupos de alto riesgo como las mujeres jóvenes heterosexuales. El Centro de Estudios para la Prevención del SIDA (CAPS) en UCSF recomienda que además de combinar programas de control de las ETS y el VIH, se integren los programas de planificación familiar también, ya que sus mensajes públicos, como el uso de preservativos, pueden estar dirigidos a los tres aspectos, y por que las personas jóvenes tienen más probabilidades de conocer a alguien que haya padecido una ETS o un embarazo inesperado que a alguien con VIH.

Dado que es posible ser portador de una ETS y ser asintomático, el ACHSP recomienda la difusión de evaluaciones y de programas de divulgación comunitaria para llegar a personas que probablemente no harían uso de los servicios anti-ETS en una clínica. En particular, deberían ofrecerse evaluaciones para clamidia, gonorrea, y sífilis a todos los adolescentes sexualmente activos y a los adultos jóvenes. El tratamiento cautelar, iniciado antes de que un laboratorio confirme el diagnóstico mediante la prueba de sangre, es apropiado para ciertas poblaciones cuando los síntomas son obvios, tanto por la posibilidad de que el paciente transmita la ETS durante el periodo de espera de los resultados, como por la posibilidad de que no vuelva a la clínica para obtener sus resultados y tratamiento. Los servicios de detección y tratamiento de las ETS deben ser gratuitos o de muy bajo costo, y deben prestarse en centros adecuados y a horas convenientes, incluyendo noches y fines de semanas. Tales servicios deben ser disponibles en clínicas sin cita previa localizadas en hospitales y salas de emergencia, en centros de salud de la comunidad y centros para trabajadores inmigrantes, en clínicas de planificación familiar, clínicas de los colegios y otros centros para adolescentes, además de en las cárceles y otras instituciones correccionales, en consultas de atención primaria, y por supuesto en toda clínica dedicada a la prevención de las ETS.

Igualmente, la evaluación y tratamiento de las ETS debe formar parte del cuidado médico rutinario de las personas VIH positivas. La evaluación anual de las ETS recomendada debe incluir pruebas de orina para clamidia y gonorrea, una prueba RPR para la gonorrea, una prueba de heces para los parásitos intestinales, una prueba de anticuerpos de la hepatitis, y una prueba Pap vaginal o anal. Debe ofrecerse la vacuna anti-VHB a las personas sexualmente activas.

De acuerdo con ACHSP, "La detección y tratamiento temprano de las ETS curables debe ser un componente fundamental específico de los programas integrales de prevención del VIH, a nivel nacional, estatal y local. En las regiones con una elevada incidencia de ETS que puedan facilitar la transmisión del VIH, se deben ampliar los programas de evaluación y tratamiento."

Liz Highleyman es escritora médica.

Christopher Gortner es editor de las publicaciones de tratamiento en español de SFAF.


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Recursos

Revisado el 5 de enero 2001


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