Boletin de Tratamientos Experimentales Contra el SIDA

Este artículo fue publicado en el otoño de 2000 en el Boletín de Tratamientos Experimentales Contra el SIDA, por la Fundación anti-SIDA de San Francisco.

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Carta de la Directora Ejecutiva de SFAF

El mandato de la Fundación del SIDA de San Francisco es "dar fin a la pandemia y el sufrimiento humano causado por el VIH." Tomamos en serio estas palabras y su significado.

Sin embargo, nos encontramos más distanciados que nunca de nuestra meta. A pesar de tener tratamientos de creciente sofisticación, de programas de prevención increíblemente exitosas, incluyendo el intercambio de jeringas, y un sistema local de cuidado del VIH envidiado en todo el mundo, la pandemia mundial sigue cobrando vidas y ocasionado un inestimable sufrimiento humano. Para solo citar un ejemplo, en las próximas veinticuatro horas 16.000 personas serán infectadas en el mundo, el 90% en países en vías de desarrollo.

Como señaló Cynthia Tucker en el Atlanta Journal Constitution, ". . .expertos en la salud internacional dicen que esta crisis no respecta barreras políticas y no se limitará a Africa. Dada las tasas crecientes de infección en India y Asia, además de Rusia y el este de Europa, es probable que estas regiones padezcan – si no excedan - la angustiosa mortalidad y morbidez [ya] vista en Africa." En América Latina, la situación es igualmente desalentadora. Más de 1,3 millones de personas en Centro y Sur América y 360.000 personas en el Caribe están infectadas, con un número adicional de infecciones no reportadas. Como si esto no fuera suficientemente aterrador, los adultos infectados en el mundo en vías de desarrollo son en su mayoría de media clase y contribuyen a la economía de sus países.

Imagínese que un tercio a la mitad del personal militar en el mundo en vías de desarrollo muera de SIDA, derribando la estabilidad nacional crucial a democracias nacientes. Imagínese que la mayoría de sus médicos, ingenieros, abogados, y otros profesionales mueran del SIDA y el impacto que esta mortalidad tendrá sobre su economía. Imagínese que el número de adolescentes huérfanos del SIDA – diez millones, actualmente – aumente a 30 millones en la próxima década. El sufrimiento humano en sí no puede ser ignorado.

Recuerde el principio de los 1980 en San Francisco. Teníamos ocho mil infecciones por el VIH por año. La tasa de mortalidad aumentaba. Estabamos aislados y asustados. Sin embargo, luchamos para que el SIDA fuera considerado como problema nacional. Ahora, tenemos que llevar a cabo la misma lucha para el mundo. Tenemos que tomar un papel de liderazgo para poner fin a la pandemia mundial además de la epidemia local. Esto no será fácil.

En la mayoría del mundo en vías de desarrollo, el presupuesto para el cuidado médico – todo cuidado médico – es menos de $5 por persona por año. La infraestructura es deficiente. Agua limpia no es siempre disponible. Se carece de los antibióticos más básicos. En tal ambiente, el tratamiento triple de combinación no puede ser una solución universal.

Es imperativo desarrollar una vacuna, a pesar de todos los obstáculos sociales, políticos y económicos que tal desarrollo enfrenta. También hay que asegurar que los esfuerzos para desarrollar una vacuna no debiliten el desarrollo continuo de mejores tratamientos e, idealmente, de una cura para aquellos que viven con el VIH. Además, hay que apoyar y expandir los programas de intercambio de jeringas y uso de condones, el desarrollo de microbicidas eficaces, y otras estrategias comprobadas de prevención para contrarrestar la propagación del VIH.

Todos vivimos en un mundo donde estamos interconectados e interdependientes, donde nuestras vidas puedan ser mejoradas o devastadas inmensurablemente por las
acciones de otros. El SIDA es uno de los desafíos más mortales e abrumadores que la humanidad ha enfrentado. Todos que hemos sido parte de una comunidad local que se negó a dejar que sus seres queridos fallecieran
ahora tenemos que recordar que toda la humanidad, en todo el mundo, necesita nuestro compromiso.

Nuestra meta puede parecer insuperable. Pero juntos podemos hacerlo. Tenemos que hacerlo.

Juntos, podemos lograrlo.Pat Christen

 

 

Revisado el 5 de enero 2001


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