|
Este artículo fue publicado en octubre de 1997 en el Boletín
de Tratamientos Experimentales Contra el SIDA, por la Fundación anti-SIDA
de San Francisco.

Octubre de 1997 Contenido

Página principal

beta@sfaf.org
|
|
La náusea y el vómito
por Leslie Hanna
Adaptación y traducción por Christopher Gortner

Definida como "malestar físico acompañado
por repugnancia a la comida y ganas de vomitar", la
náusea es un síntoma fastidioso pero frecuentemente no
específico. Sus causas suelen incluir múltiples
factores, y por está razón, el diagnóstico simple es
poco común. La naturaleza subjetiva de la experiencia de
la náusea también la torna compleja, requiriendo una
evaluación y tratamiento individualizado.
Las personas VIH positivas pueden experimentar náusea
y vómito durante cualquier etapa de la enfermedad VIH, y
sus síntomas pueden ser atribuidos a diversas causas.
Aparte de la molestia asociada con la náusea, la náusea
de moderada a severa puede comprometer la calidad de vida
e impedir que la persona realice sus actividades diarias.
Además, la náusea está asociada con la pérdida de
apetito y, al tornarse crónica, con la desnutrición y
la depauperación de los nutrientes. El acto de vomitar
puede dañar el esófago, y a veces ocasionar incluso una
hemorragia severa. El desequilibrio del nivel de
electrolitos (sal) ocasionado por vómitos repetidos
puede producir problemas musculares y cardiacos; las
anormalidades severas de los electrolitos pueden llegar a
ser mortales.
Para las personas VIH positivas, una de las
consecuencias adversas más comunes de la náusea y el
vómito es su efecto perjudicial sobre el cumplimiento
del régimen de fármacos orales recetados por el médico
(por ej., regímenes de fármacos inhibidores de
proteasa, fármacos para prevenir la neumonía por Pneumocystis
carnii [PCP]). Con objecto de proveer a la persona
VIH positiva con un alivio paliativo e intervenir antes
de que sufra su salud, se deben evaluar náusea y
vómito, e iniciar un tratamiento temprano ante estos.

Causas de la náusea y el vómito
En las personas VIH positivas, la náusea y el vómito
pueden ser el resultado de muchas causas potenciales.
Aunque la infección primaria por el VIH es
frecuentemente asintomática, el 30 a 50% de las personas
infectadas experimentan "el síndrome retroviral
agudo" (SRA). El SRA es un síndrome parecido a la
gripe que se manifiesta después de la infección inicial
por el VIH; el síndrome puede incluir linfadenopatía
(inflamación de los nódulos linfáticos), fiebre, dolor
de cabeza, y en algunos casos, náusea y salpullido
cutáneo. Durante la etapa temprana de la enfermedad VIH,
las personas pueden experimentar varios síntomas
constitucionales (que afectan al cuerpo entero) que se
manifiestan aislados o en varias combinaciones. Estos
síntomas incluyen náusea, dolor de cabeza, fatiga,
mialgia (dolor muscular), fiebre y sudores nocturnos.
Durante la etapa avanzada de la enfermedad VIH, los
síntomas constitucionales pueden tornarse más comunes,
acompañados de diarrea y pérdidas severas de peso.
Estos síntomas frecuentemente son el resultado de una
enfermedad del SIDA, como el complejo gastrointestinal
por Mycobacterium avium (CMA), la enfermedad por
el citomegalovirus (CMV), el sarcoma de Kaposi, la
infección intestinal por Candida o la
colangiolitis (inflamación de las radículas biliares).
Las afecciones cerebrales del SIDA (por ej., la
meningitis por Criptococcus) también pueden
ocasionar vómitos, debido al efecto patogénico que la
enfermedad ejerce sobre el área del cerebro que controla
el vómito.
La náusea y el vómito que ocurren en reacción a un
alimento consumido, conocido comúnmente como
envenenamiento alimentario, son frecuentemente
acompañados por otros síntomas como diarrea y
retorcijones abdominales. Ocasionada por bacterias que
viven en la comida, virus y toxinas, esta clase de
infección gastrointestinal es común en la población
general y usualmente bien tolerada. Sin embargo, en las
personas VIH positiva puede convertirse en una afección
potencialmente mortal, particularmente quienes se
encuentran en la etapa avanzada de la enfermedad (SIDA).
La infección bacteriana puede ser crónica o recurrente,
ocasionando compromisos inmunitarios adicionales, el
desgaste y/o la muerte. Puesto que el tratamiento
frecuentemente sólo alivia los síntomas, pero solamente
en algunos casos elimina la causa de la infección, la
prevención es vital. El manejo apropiado de los
alimentos crudos, su preparación y cuidado, además del
seguimiento de precauciones higiénicas básicas, son
aspectos importantes de la estrategia preventiva. Para
más información, consulte la "Guía para la
Seguridad Alimentaria" en esta edición de BETA.
La Administración de Alimentos y Fármacos de los EE.UU.
(FDA) ha publicado guías sobre los alimentos y los
fármacos diseñados específicamente para las personas
VIH positivas y sus proveedores de salud (médicos,
enfermeras, etc.) Estas guías pueden aportar importante
información preventiva sobre el manejo de los alimentos
y la higiene.
Existen otros tipos o causas de náusea no
relacionadas con el VIH que pueden afectar a las personas
VIH positivas de vez en cuando, tales como la náusea y
el vómito resultante de viajar en automóvil, barco o
avión, o que resultan de trastornos psicológicos y/o
emocionales. En algunas personas, factores alimenticios
pueden ocasionar náusea, como por ejemplo, el olor o
sabor de ciertos alimentos. Otras condiciones que afectan
a la población general y pueden causar náusea y/o
vómito incluyen una herida traumática en la cabeza, un
ataque cardiaco, la hepatitis, la dispepsia (indigestión
gástrica), la úlcera péptica, la enfermedad
esofágica, el embarazo y el uso de drogas y/o alcohol.
En las personas VIH positivas, la náusea y el vómito
frecuentemente ocurren como efectos secundarios de
medicamentos o como síntomas de una enfermedad
subyacente. Otras causas incluyen desequilibrios
metabólicos o de endocrinas (glandulares) y problemas
mecánicos gastrointestinales o de absorción.
Se deben evaluar y tratar la náusea y el vómito
persistente o severo en cuanto antes. El inicio de un
tratamiento eficaz que ataque la causa subyacente de los
síntomas debilitantes es crítico para el cuidado
óptimo de la enfermedad VIH.

Medicamentos empleados contra la enfermedad VIH que
pueden causar náusea y vómito
Muchos de los fármacos empleados para tratar la
enfermedad VIH pueden ocasionar náusea y vómito en
algunas personas. La náusea puede interferir con el
cumplimento de los regímenes de tratamiento anti-VIH que
incluyen fármacos importantes para mantener la salud. Si
se determina que un medicamento es la causa de la
náusea, el médico debe ayudar al paciente a desarrollar
una estrategia individualizada que reduzca o elimine los
efectos secundarios y asegure el cumplimiento del
régimen tal como se recete.
Se ha reportado que las siguientes clases de
medicamentos ocasionan náusea y vómito en por lo menos
el 5% de las personas VIH positivas:
- anti-retrovirales, incluyendo los
inhibidores de proteasa ritonavir (Norvir),
saquinavir (Invirase), indinavir (Crixivan) y
nelfinavir (Viracept), y los nucleósidos
análogos AZT (Retrovir) y ddI (Videx)
- antiparasíticos y antiprotozoos,
incluyendo la dosis alta de
trimetoprima-sulfametoxazola (TMP-SMX, Bactrim
Septra empleada para el tratamiento y profilaxis
de la PCP), atovaquona (Mepron) y clindamicina
(Cleocion HC1)
- antimicobacterianas (para la tuberculosis
y/o el CMA) como los fármacos macroloides
claritromicina (Biaxin) y azitromicina
(Zithromax) y rifabutina (Mycobutin)
- antimicóticos, incluyendo fluconazola
(Diflucan), ketoconazola (Nizoral) e itraconazola
(Sporanox)
- analgésicos, incluyendo la codeína,
hidrocodona (Vicodin), ibuprofena, oxicodona
(Percocet o Percoden) y la morfina
Casi todos los medicamentos quimioterapéuticos
empleados contra el cáncer pueden ocasionar náusea y
vómito.
La manifestación de la náusea y vómito en una
persona que toma medicamentos también está influida por
varios factores individuales de salud, como su estado
nutricional, el uso de drogas, y el grado de compromiso
inmunitario.

Guía para la evaluación de la náusea y el vómito
La causa de la náusea y el vómito determina el mejor
método de tratamiento, además de proveer información
sobre la mejor forma de prevenir y/o controlar síntomas
crónicos o recurrentes. Se recomienda una consulta
médica si se experimenta cualquier grado de náusea y/o
vómito persistente. La consulta es vital si se
experimenta uno o más episodios de lo siguiente:
- vómitos repetidos con una duración de 24 horas
o más sin mejoría
- presencia de sangre o sangre parcialmente
digerida (la cual tiene aspecto a café molido)
en el vómito
- síntomas adicionales como mareo, sed, fiebre
persistente, dolor abdominal, ictericia
(coloración amarillenta de la piel y/o del
blanco de los ojos), diarrea o dolor de cabeza
severa
- incapacidad para tomar los medicamentos
necesarios
- incapacidad para orinar o ausencia de la orina
por más de 8 a 12 horas (adultos).
La evaluación médica debe incluir el espectro entero
de las causas potenciales de la náusea y el vómito. El
médico debe pedir que la persona afectada describa la
severidad y duración de la náusea, y preguntar si
padece de vómito asociado. Se debe considerar el estado
de salud de la persona (su carga viral, número CD4,
antecedente de enfermedades relacionadas con el VIH,
cambios recientes en su estado inmunitario) para ayudar a
determinar si los síntomas están relacionados con una
nueva enfermedad del SIDA. Otras consideraciones incluyen
el uso actual de fármacos o drogas, la presencia o
ausencia de síntomas adicionales (por ej., diarrea,
fiebre, dolor de cabeza) y eventos recientes como viajes
al exterior o cambios dietéticos.
Además del historial médico del paciente y el examen
abdominal, el médico podría pedir pruebas de sangre y
orina para evaluar las funciones renales, hepáticas,
pancreáticas, y biliares. Pruebas adicionales que pueden
resultar útiles incluyen radiografías del estómago y
del sistema gastrointestinal. Ocasionalmente, también se
emplean pruebas de heces para detectar parásitos. En
general, se emplean pruebas como la tomografía
computerizada (TC), la imagen de resonancia magnética
del abdomen, o el endoscopio sólo para casos
complicados, los cuales son más comunes en las personas
con la enfermedad VIH avanzada.
El tratamiento se inicia generalmente después de
diagnosticar la causa. Sin embargo, se puede iniciar el
tratamiento antiemético diseñado para proveer alivio
sintomático de la náusea y el vómito antes de llegar a
un diagnóstico conclusivo.

Guía para tratar la náusea y el vómito
El tratamiento de la náusea y el vómito depende
principalmente de la causa subyacente, además de la
severidad de los síntomas. El empleo de intervenciones
simples y de intervenciones "alternativas"
podrían resultar como el tratamiento más apropiado para
las personas que experimentan náusea y/o el vómito leve
y transitorio.
La presencia de síntomas adicionales severos e
incomodidad física, de hemorragia o fiebre, requiren la
evaluación médica y tratamiento conciso. Existen varios
fármacos anteméticos para la náusea y el vómito
(consulte el cuadro que acompaña este artículo).
Si un medicamento es responsable, la consulta médica
puede identificar métodos para aliviar los síntomas. La
revisión de todos los medicamentos que está tomando el
paciente actualmente es vital para evaluar las causas
potenciales de la náusea. Resulta útil que la persona
lleve todos sus medicamentos a su cita médica, para
revisar sus usos apropiados y sus dosis. Se pueden
eliminar todos los medicamentos que no sean esenciales y
ajustar las dosis de otros. El establecimiento de un
régimen de desensibilización (durante el cual una
persona toma primero una dosis reducida tolerable del
fármaco y gradualmente la incrementa hasta llegar a la
dosis entera) o el cambio a un fármaco alternativo
también puede resultar necesario. Es imperativo
consultar con un médico antes de cambiar un
régimen recetado.
Si se identifica una infección subyacente como causa
de la náusea y el vómito, el tratamiento de esa
infección (por ej., el tratamiento con antibióticos)
debería resolver los síntomas. Es importante recordar
que se puede iniciar el tratamiento contra la náusea y
el vómito antes de la identificación de un organismo
patogénico.

Tratamiento farmacéutico alopático estándar
En algunos casos, como cuando la náusea y el vómito
son severos o crónicos, es necesario iniciar el
tratamiento con una clase de fármaco denominado
antiemético. Los fármacos antieméticos previenen o
alivian la náusea y el vómito. Cada antiemético
contiene un mecanismo de acción que bloquea ciertos
receptores celulares implicados en la estimulación del
área del cerebro que controla el vómito, también
conocida como el área quimio-receptora. Los receptores
incluyen la dopamina, histamina, serotonina y
acetilocolina.
Los antieméticos se dividen en varias categorías,
basadas en los mecanismos de acción. Los antidopaminérgicos
antagonizan las acciones del neurotransmitor dopamina; los
antihistamínicos inhiben la histamina, un químico
estimulador de la secreción gástrica, constrictor del
músculo liso bronquial y vasodilatador; y los anticolinérgicos
antagonizan las acciones del neurotransmitor
acetilocolina.
Los antidopaminérgicos incluyen los fenotiazinas (por
ej., clopromazina) y los butirofenonas (por ej.,
haloperidola). Los antihistamínicos funcionan sobre
diversas vías neurales y son considerados como los más
útiles para tratar los síntomas asociados con el
vértigo. Puesto que las personas VIH positivas pueden
padecen varios estímulos cerebrales diferentes
simultáneamente, la combinación de fármacos
antieméticos podría resultar eficaz.
El cuadro que acompaña este artículo presenta una
lista parcial (no inclusiva) de los antieméticos
comúnmente empleados para tratar la náusea y el
vómito. Aquellos medicamentos bajo la categoría de
primera línea son los más económicos, y capaces de
afectar varios estímulos, puesto que funcionan sobre
varios receptores diferentes. Estos fármacos también
son considerados útiles para tratar la náusea
psicogénica además de la quimioterapéutica. Se emplean
los fármacos de primera línea para tratar episodios
agudos de náusea. Se puede considerar el empleo de otros
medicamentos alternativos cuando la dispepsia o los
trastornos estomacales son preocupantes, como por ejemplo
los antiácidos como Maalox o los bloqueadores
histaminícos como cimetidina (Tagamet) o timiodidina
(Pepcid AC). Puesto que estos medicamentos pueden
interaccionar con los fármacos anti-VIH, es esencial
consultar con un médico experimentado antes de tomarlos,
incluyendo aquellos medicamentos disponibles en las
farmacias sin receta.
Los medicamentos de segunda línea incluyen fármacos
que, como los de primera línea, afectan un espectro de
estímulos pero contienen una especificidad y potencia
para la náusea crónica o quimioterapéutica.
Los medicamentos de tercera línea son primariamente
antagonistas de la serotonina, y considerados de tercera
línea principalmente porque son caros y se emplean para
la náusea refractaria y quimioterapéutica.
Para prevenir la recurrencia de los síntomas, tomar
los fármacos antieméticos deben tomarse en forma de
régimen, y no esporádicamente. La administración oral
es considerada preferible, pero los antieméticos están
disponibles en varias formulaciones, incluyendo
supositorios rectales, y para casos de vómito severo, en
inyección. Algunos expertos han sugerido que se deben
añadir dosis bajas de haloperidola (Haldol) como
tratamiento adjunto a los inhibidores de la serotonina.
En general, los efectos secundarios de los
antieméticos suelen resultar más pronunciados en
personas mayores y en personas con la enfermedad VIH
avanzada, para quienes las dosis bajas podrían ser más
tolerables. Mark Jacobs, investigador farmacéutico del
Hospital St. Francis Memorial en San Francisco, no
recomienda "la administración de esteroides en
combinación con los antieméticos en la persona VIH
positiva, debido a su estado de compromiso
inmunitario." Recomienda el empleo de los
antieméticos farmacéuticos - particularmente
ondansetrona - para las personas VIH positivas que están
tomando amfotericina B para el tratamiento de la
enfermedad micótica invasiva, la quimioterapia para el
sarcoma de Kaposi o los antivirales para el CMV del
sistema gastrointestinal.

Fármacos antiémeticos comúnmente empleados en las
personas VIH positivas
| Fármacos |
Efectos secundarios
comunes |
| Primera línea |
| difenohidramina
(Benadryl) |
sedación,
sequedad bucal, mareo, retención urinaria |
| lorazepam
(Ativan) |
somnolencia,
confusión, adictivo |
| procolorperazina
(Compazine) |
somnolencia,
espasmos musculares |
| prometazina
(Phenergan) |
somnolencia,
espasmos musculares |
| trimetobenzamida
hidrocolrida (Tigan) |
espasmos
musculares |
| Segunda línea |
| metoclopramida
(Reglan) |
diarrea,
espasmos musculares |
| dronabinol
(Marinol) |
somnolencia,
confusión, adictivo |
| Tercera línea (se recomienda el
empleo en combinación) |
| ondansetrona
(Zofran) |
dolor
de cabeza, estreñimiento |
| granisetrona
(Kytril) |
dolor
de cabeza, estreñimiento |

El tratamiento tradicional del Oriente
La medicina tradicional de China (MTC) ofrece
estrategias que muchas personas VIH positivas prefieren,
ya que éstas son simples además de eficaces. Tanto la
acupuntura como los regímenes de hierbas están
diseñados para apoyar la salud gastrointestinal y
controlar los efectos secundarios de los fármacos,
apoyando asi el cumplimiento de los regímenes de
tratamiento.
Tom Sinclair, MS, L.Ac. (acupunturista licenciado) del
Immune Enhancement Project en San Francisco (IEP)
explicó que desde la perspectiva de IEP, el primer paso
es establecer la causa subyacente de la náusea. El
segundo paso es determinar la preparación o fórmula
herbal más apropiada para tratar los síntomas. Con
frecuencia, IEP receta tés de hierbas o raíces que se
preparan en casa. El jengibre suave, la menta y la
manzanilla son las hierbas y raíces más empleadas.
"Curing Pill" es el nombre de un producto
fabricado por IEP que se emplea con frecuencia para
tratar náusea y vómito. Se puede comprar otro producto
de hierbas, "Shen Chu" (massafermentata),
en varios locales que venden hierbas medicinales Chinas.
Además, IEP sugiere la consumición regular de granos,
sopa de arroz y el uso de la enzima acidofilos para
aliviar la náusea y promover el equilibrio y la
estabilidad gastrointestinal.
También se recomienda la acupuntura y acupresión
para tratar la náusea. Actualmente, IEP está evaluando
un producto llamado Relief Band en colaboración con la
compañía fabricante, los Laboratorios Maven. El Relief
Band es esencialmente una clase de pulsera diseñada para
controlar la náusea a través de la estimulación del
punto acupunturista paracardiama 6 (P6), localizado en la
muñeca. En una edición de 1996 del Journal of the
Royal Society of Medicine, un metanálisis de 33
estudios clínicos acupunturistas concluyó que la
estimulación de P6 a través de la acupuntura
tradicional (con aguja) parece ser eficaz para el control
de la náusea que padecen las personas con cáncer.

Otras alternativas
En otros informes médicos se ha reportado que el
tratamiento corporal no farmacéutico, como el
relajamiento progresivo muscular, ha ayudado a algunas
personas a reducir por sí mismas la frecuencia de su
náusea y vómitos. Las terapias psicológicas han
resultado útiles para aliviar dolor y controlar
síntomas crónicos. Puesto que el control de la náusea
y el vómito incrementa las posibilidades de que persona
afectada continué tomando sus tratamientos y mejore su
calidad de vida, se recomienda el apoyo psicológico
suplementario para todas las personas que padecen náusea
y vómito severos y crónicos.

La marijuana médica
El empleo de la marijuana médica es controvertido,
aunque parece cruzar la barrera entre el tratamiento
alternativo y el tratamiento farmacéutico estándar.
Existe una variedad de informes que reportan que la
marijuana resulta beneficiosa para las personas que
padecen náusea y vómito (además del dolor y la
pérdida crónica de apetito), tales como personas con
cáncer y personas VIH positivas. Informes de casos
clínicos sobre el valor médico de la planta apoyaron el
desarrollo de la tetrahidrocannibonala (THC) sintética,
un ingrediente activo de la marijuana. Actualmente, la
THC sintética está disponible como el fármaco
dronabinola (Marinol). Dronabinola ha resultado ser un
fármaco eficaz para controlar la náusea en algunas
personas, mejorando su apetito. Sin embargo, la persona
que sufre vómitos puede resultar incapaz de tomar o
asimilar dronabinola. Además, dronabinola puede
ocasionar somnolencia considerable e incluso peligrosa.
Las personas que apoyan el empleo médico de la marijuana
dicen que el uso de la planta en su forma natural (es
decir, fumándola en cigarrillos o pipas) ejerce ventajas
en términos de su administración y permite el control
individualizado de dosis y cantidad requerida. Otro
beneficio de su uso natural es que produce alivio
instantáneo, comparado con medicamentos anti -náusea
que contienen dronabinola, los cuales pueden tardar
varias horas antes de proveer alivio.
Debido a restricciones legales, sin embargo, no se ha
estudiado la eficacia de la marijuana a través de
métodos controlados. Bajo las leyes federales de los
EE.UU. y de muchos otros países, la marijuana es
considerada una sustancia ilegal, con multas y/o castigos
de cárcel asociados con su uso. A pesar de las expertas
recomendaciones de muchos médicos experimentados que
apoyan el uso de la marijuana para los pacientes que
sufren náusea resultante de enfermedades potencialmente
mortales, como el SIDA y el cáncer, el empleo médico de
la marijuana sigue siendo un tema de polémica,
controversia y debate.

Simples intervenciones nutriticionales
Es particularmente importante que las personas VIH
positivas mantengan su salud nutricional, lo cual puede
resultar difícil cuando se está experimentando náusea
y vómito. Para lidiar con la náusea a corto plazo, se
debe evitar la ingesta de alimentos sólidos. El tomar
sodas (aguas) sin cafeína en cantidades pequeñas puede
proveer un alivio temporal. Si se padecen síntomas
crónicos, es importante buscar la asistencia de un
médico dietista capaz de asesorar el estado
nutriticional del momento y diseñar un plan
individualizado para mantener y/o incrementar la salud
nutriticional.
La siguiente guía le puede ayudar a aliviar la
náusea:
- coma cantidades pequeñas de comida cada pocas
horas
- si experimenta náusea durante ciertas horas del
día, coma sólo durante las horas en que la
náusea sea menor
- coma alimentos secos como pan tostado, galletas o
cereales secos, especialmente al despertarse
- coma alimentos simples sin salsas, como sopa de
pollo cocido, arroz, pasta, plátanos, gelatina,
y cereales calientes (crema de trigo, harina,
etc.)
- evite alimentos grasos o fritos, y use poca o
ninguna margarina o mantequilla; la grasa es
difícil de digerir y puede resultar
problemática para las personas que toman
saquinavir
- no beba y coma simultáneamente; beba líquidos
entre comidas dejando de 30 a 60 minutos después
o antes de comer
- evite el descanso por lo menos 1 hora después de
comer; si tiene que descansar, siéntese o
apóyese en la cama con una alomohada y eleve sus
pies más altos que su cabeza
- mantenga una temperatura cálida en su
habitación
- si el beber líquidos empeora la náusea, beba
grandes cantidades de fluidos como agua, sodas
sin cafeína (especialmente sodas claras
carbonizadas como 7-UP), y caldos simples
- beba fluidos de electrolitos para atletas como
Pedialyte o Gatorade, o prepare en un vaso 1
cucharada de sal, 1 cucharada de azúcar junto
con 1 litro de agua
- evite las bebidas con cafeína, los cuales
ocasionan una mayor secreción de fluidos por los
riñones (Nota: el jarabe de Coca Cola es
empleado en algunos casos para aliviar la
náusea)
- beba lentamente
- beba líquidos templados (las temperaturas
extremas pueden ser difíciles de tolerar)
- si el frío no estimula la náusea, coma helados
de frutas, hielos hechos de jugos o té, o coma
sorbetes (métodos alternativos de consumir
líquidos)

Conclusión
Se debe evaluar y tratar la náusea y el vómito
persistente o severo. Con frecuencia, el control eficaz
de la náusea puede prevenir el desarrollo de vómitos.
Cuando una persona corre el riesgo de desarrollar náusea
y vómito, por ejemplo, una persona con un historial
médico de éstos, la profilaxis es ideal. Hay una gran
variedad de métodos disponibles para controlar la
náusea, desde el empleo estándar de los fármacos
antieméticos, pasando por intervenciones simples y
prácticas como las modificaciones dietéticas
(probablemente mejores para el control de la náusea leve
transitoria) hasta los tratamientos alternativos como la
acupuntura y la MTC.
Puesto que las causas de la náusea y el vómito
pueden ser múltiples, y puesto que la percepción de la
severidad de los síntomas depende de la persona
afectada, las estrategias para controlar la náusea y el
vómito deben ser individualizadas. Los médicos deben
ser consultados cuando el cumplimiento de los regímenes
farmacéuticos resulte comprometido o amenazado por la
náusea y el vómito.
Leslie Hanna es editora asistente de BETA en
inglés.

Apéndice
Balano K, PharmD. Personal
communication. April 10, 1997.
Bartnof H, MD. Personal
communication. April 8, 1997.
Forester B and others. Group
pyschotherapy during radiotherapy: effects on emotional
and physical distress. American Journal of Psychiatry
150(11): 1200-1706. November 1993.
Kemp C and Stepp L. Palliative care for
patients with acquired immunodeficiency syndrome. The
American Journal of Hospice & Palliative Care
12(6): 14-27. November/December 1995.
Hematology and Oncology, Chapter 103 of
The Merck Manual, 16th edition. Merck & Co.,
Inc., Rahway, NJ. 1992.
Chobanian SJ and Van Ness MM, editors.
Chapter VII, Nutrition, from Manual of Clinical
Problems in Gastroenterology. Little, Brown &
Company, Boston. 1988.
Jacobs M, PharmD. Personal
communication. February 14, 1997.
Morrow GR and Hickok JT. Behavioral
treatment of chemotherapy-induced nausea and vomiting. Oncology
7(12): 83-89. December 1993.
Nausea and vomiting. National AIDS
Treatment Information Project.
Sinclair T. Personal communication.
January 22, 1997.
Syrjala KL and others. Hypnosis or
cognitive behavioral training for the reduction of pain
and nausea during cancer treatment: a controlled clinical
trial. Pain 48(2): 137-146. February 1992.
Udine LM and Capozza CM. Nutritional
care of the HIV client. Caring 12(5): 36-40. May
1993.
U.S. Physicians Drug Handbook.
6th edition. 1995.
Vickers AJ. Can acupuncture have
specific effects on health? A systematic review of
acupuncture antiemesis trials. The Journal of the
Royal Society of Medicine 89(6): 303-311. June 1996.
Watson M. Anticipatory nausea and
vomiting: broadening the scope of psychological
treatments. Supportive Care in Cancer 1(4):
171-177. July 1993.
Wickwire PA. Nutrition and HIV: Your Choices make a difference.
Tennessee Department of Health AIDS Program.
Revisado el 16 de diciembre 1997
|