Boletin de Tratamientos Experimentales Contra el SIDA

Este artículo fue publicado en la primavera de 2001 en el Boletín de Tratamientos Experimentales Contra el SIDA, por la Fundación anti-SIDA de San Francisco.

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Los Inhibidores de Proteasa:
Opio para el Pueblo?


por L. Joel Martinez

Traducción y adaptación de Christopher Gortner

El desarrollo de los inhibidores de proteasa (IP) ha cambiado de manera drástica el campo del tratamiento del VIH/SIDA. La mortalidad y morbilidad en las personas infectadas por el VIH han disminuido1 este hecho no se puede negar. Sin embargo, hay razones para preocuparse sobre el curso de los eventos que ha seguido la comercialización de los IP, ya que éste puede poner en duda el efecto exacto que han tenido los IP sobre la investigación, así como la forma en que continúan influyendo a la dirección general de la investigación clínica y al tratamiento del VIH/SIDA. Este artículo no tiene intención de criticar a los IP, y los argumentos y preocupaciones presentadas a continuación no pretenden cuestionar os obvios beneficios clínicos derivados del tratamiento.

Hace poco, el Doctor Steven Miles afirmó en Treatment Issues2: “Hay ocasiones en que desearía recetar a toda la comunidad un tranquilizante, porque vacilamos entre ‘¡Ay, el tratamiento no sirve de nada!’ a ‘el tratamiento es estupendo’ y de vuelta otra vez.” Aunque quizás haya personas de la comunidad que se beneficiarían de los efectos de un tranquilizante, particularmente aquellos cuyas opiniones profesionales están basadas en casos anecdóticos, o lo que es peor, en sus experiencias personales particulares, hay un número equivalente de médicos y representantes de compañías farmacéuticas que también merecen un tranquilizante por su falta de lógica. La verdad es que tenemos que pensar objetivamente en el tema del tratamiento, tomar en cuenta los cambios que han ocurrido, y dejar que esta nueva perspectiva nos guíe en las decisiones que hacemos sobre dónde y cómo debemos dar nuestro próximo paso activista para el desarrollo de tratamientos.

Las compañías farmacéuticas implicadas en el desarrollo de los IP pueden mostrar indignación porque sus productos sean señalados en el cuadro amplio de tratamientos y afirmar que las críticas no son justas. Sin embargo, este artículo no aisla a los IP del contexto total, sino que intentará analizarlos dentro del contexto del cuadro completo del tratamiento y resumir cómo el desarrollo y la comercialización de esta clase de fármacos anti-VIH ha servido para informar sobre dónde se gastó el dinero dedicado a la investigación y los esfuerzos que se hicieron. Esperemos que la polémica resultante despierte algunas ideas para un cambio de enfoque en el campo de la investigación clínica.


TARGA:Sueño alcanzado

Los IP fueron diseñados racionalmente para interferir en el ciclo de vida del VIH, y su éxito ha llevado a las comunidades de investigación, médicas, y de pacientes por un camino dogmático aparentemente irreversible cuyo lema es “máxima supresión vírica”. Informes provisionales de ca-sos individuales, o anecdóticos, sobre el desarrollo de los IP tuvieron a científicos de empresas farmacéuticos bailando en los pasillos de los hospitales, susurrando a las tropas activistas que quizás habían descubierto la elusiva cura. Pero incluso la experiencia a corto plazo con los IP aplacaron este entusiasmo inicial.

En relativamente poco tiempo resultó más claro el beneficio de aplicar tratamientos de combinación (la tendencia a combinar fármacos para combatir la enfermedad empezó antes con los inhibidores nucleósidos de la transcriptasa inversa, INTR), y el paradigma de dos INTR y un IP surgió como modelo único contra el cual se determinaría la eficacia de otros tratamientos. Las bien desarrollaron otros compuestos en correlación al modelo.

Como ejemplo del impacto ejerci-do por los IP, antes de su disponibilidad había poco futuro para los inhibidores no nucleósidos de la transcriptasa inversa (INNTR). La rápida resistencia desarrollada por el virus contra estos medicamentos cuando se emplearon como monotratamiento demostró que su potencial no era tan elevado. Al mismo tiempo, la idea de combinar más de dos INTR daba miedo. A partir de la comercialización de los IP, todo el mundo empezó a tomar en serio la posibilidad de desarrollar una solución antivírica a la enfermedad por el VIH. La estrategia denominada “tratamiento antirretrovírico de gran actividad” o TARGA ocupó su lugar en la historia.

Junto con el desarrollo de TARGA, los científicos empezaron a desarrollar determinaciones de la carga vírica. Este desarrollo ayudó a instituir TARGA. No sólo era eficaz, sino que los científicos y la comunidad médica tenían un método de “comprobarlo.” El paradigma de TARGA, apoyado por la tecnología de la prueba de la carga vírica, recibió un impulso aún mayor con las mejorías clínicas experimentadas por los pacientes. Nadie se podía quejar de eso.


La milagrosa erradicación

Antes de la época de TARGA, la opinión dominante era que cuando el sistema inmunológico se había deteriorado hasta un cierto punto, ningún tratamiento antirretrovírico podía reparar el daño. “Necesitamos dos cosas,” me comentó mi médico. “Una forma de frenar al VIH, pero lo que es más importante, una forma de restablecer tu sistema inmunológico.”

Se pensaba que los IP serían de beneficio exclusivamente a aquellos afortunados con números triples de linfocitos CD4. Otra vez, los IP resaltaron el error de dichos pronósticos. Las personas con números singulares de linfocitos T que reaccionaron bien al tratamiento con los IP empezaron a manifestar significativas mejorías y aumentó la tendencia a equiparar el restablecimiento inmunológico con la máxima supresión vírica.

El hecho de que los linfocitos CD4 aumentaran solo hasta un cierto número antes de estancarse inexplicablemente no logró aplacar el entusiasmo sobre este método teórico que correlacionaba la supresión con el restablecimiento de las defensas. El regalo inesperado de linfocitos CD4 a aquellos que nunca esperaron disfrutar de números dobles, sin mencionar los triples, fue suficiente para acallar la pregunta de por qué el incremento en los linfocitos tenía límite.

Pero además, los avances logrados por los IP y la prueba vírica tampoco pudieron inaccesibles para los fármacos. Los avances clínicos no elucidaron cómo semejantes partículas víricas aparentemente benignas eran capaces de crear tal caos. Se podría argumentar que no es necesario comprender el fenómeno de la supresión vírica para disfrutar de sus beneficios, y, en realidad, estas preguntas se ahogaron en la celebración del éxito clínico obtenido. Esto es comprensible, dada la naturaleza catastrófica de la epidemia y la necesidad de tomar acción rápida. Pero hay un peligro continuo en el paradigma de TARGA como la solución, y este podría manifestarse con mayor claridad a través de estas preguntas sin contestación que siguen ahí.

La ausencia de un restableci miento inmunológico total, la existencia de compartimentos corporales inmunes al tratamiento, las reservas latentes que persisten toda una vida, las nuevas fuentes anónimas de replicación vírica cuando se suspende TARGA, la replicación críptica y la divergencia genética que indica replicación continua en virus que anteriormente pareció ser latente – estos son algunos de los temas que representan la nueva frontera de la epidemia. 3-9

A pesar de esto, en los años iniciales de TARGA, la determinación de poner fin a la epidemia nos conquistó y con esta pasión se sembró la idea de la erradicación. Todos nos quedamos helados al oír la palabra “erradicación” por primera vez en voz alta en el contexto de esta terrible enfermedad. A veces ha sido doloroso pero necesario explicar que “erradicación” significa exactamente eso: eliminar por completo el VIH del cuerpo de una persona infectada.

Nadie ha declarado abiertamente que la máxima supresión y la erradicación del VIH producirían ipso facto el restablecimiento del sistema inmunológico. Por otro lado, nadie ha hecho mucho para desacreditar la noción de que si solo se pudiera frenar la replicación vírica, se podrían recuperar funciones inmunológicas alteradas. Y el debate sobre el origen exacto de los aumentos en linfocitos CD4 observados en personas que lograron suprimir su virus ni siquiera afectó al entusiasmo despertado por la erradicación.


Supresión máxima como instrumento o fin

Hoy en día, se ha desafiado la teoría de la erradicación. Las personas que han experimentado la máxima supresión vírica durante años todavía no han logrado erradicar el virus de sus cuerpos. Además, estudio tras estudio ha comprobado la imposibilidad de la erradicación, al menos mediante el empleo de los regímenes actuales.

Incluso si se argumenta que la máxima supresión es parte de la solución (y parece haber un número creciente de médicos que cuestionan su necesidad absoluta) está claro que la supresión vírica ha proporcionado a los científicos una oportunidad sin precedentes de estudiar y aprender sobre el sistema inmunológico y la enfermedad VIH. Por ejemplo, la supresión vírica ha permitido que los científicos especulen sobre la dinámica de la infección 12 y que postulen teorías sobre la reacción inmunológica, las cuales nos acercan a una mejor comprensión de la patogénesis del VIH en la era de TARGA y los mecanismos de la persistencia vírica.13-14

Pero queda por resolver si la máxima supresión es sólo un instrumento o un fin. Informes recientes hechos por el Doctor Steven Deeks, señalando que la reacción por los linfocitos CD4 T se mantiene incluso después de que los regímenes con IP dejan de funcionar, añade una nueva dimensión al tema, despertando la cuestión de si los IP o los regímenes basados en IP ejercen una ventaja más allá de su mecanismo obvio de supresión del VIH. Para que esto sea cierto, los IP tendrían que perjudicar de alguna forma la integridad del virus, volviéndolo menos patogénico, o quizás estar implicados de forma indirecta en el control natu- ral, como por ejemplo en la alteración de la apoptosis (muerte celular programada).

Estudios como los de Deeks fascinan por lo que sugieren. Desdichadamente, también alimentan la necesidad de creer que haya algo que todavía no se comprende de los IP que los hace benéficos. Sin embargo, la sugerencia no es ciencia y la investigación del VIH está repleta de tendencias que con el tiempo no producen hechos.

En realidad, la revista AIDS16 acaba de publicar un análisis elaborado por el Centro Británico de Columbia para la Excelencia en el VIH/SIDA que desafía la noción de que un régimen basado en IP o el tratamiento triple “per se altera el curso natural de la enfermedad por el VIH con respecto a la relación entre la pCV [carga vírica plasmática] y el número CD4.” Después de analizar los resultados de 3 estudios clínicos multinacionales cre-(INCAS, AVANTI-2, y AVANTI-3) se concluyó que, “la relación entre los cambios en el número de linfocitos CD4 y la pCV son independientes del tratamiento antirretrovírico específico empleado, incluyendo la potencia del régimen o las clases de fármacos incluidos en el mismo. Los datos no pro- veen indicios sobre el beneficio de un número CD4 único al IP, por lo menos en regímenes de primera línea empleados por incluso un año en personas con número CD4 inicial mode- rado”. Así, puede ser que el fenómeno de restablecimiento inmunológico que resulta del uso de TARGA sea el resultado de la supresión vírica y no de una misteriosa ventaja atribuible a cualquier combinación o clase de fármacos.


El mensajero controla el mensaje

La sugerencia de Miles de que la actitud de la comunidad acerca del tratamiento vacila entre la aceptación y el rechazo podría ser cierta. Este péndulo no solo podría reflejar la necesidad de la comunidad de destilar un mensaje simplista en blanco y negro de complejos estudios científicos, sino que también podría reflejar cómo se elaboran y declaran mensajes científicos en el hipermundo de la aprobación acelerada.

Los IP representan un ejemplo perfecto del clamor que resulta de las necesidades parejas, pero con frecuencia también conflictivas, del éxito comercial y el éxito terapéutico. ¿Quién puede olvidarse de los anuncios comerciales hechos por Roche en favor de saquinavir (Invirase) aunque los estudios habían demostrado clara-mente que la dosis era subóptima y los pacientes estaban experimentado recidivas víricas a diestro y siniestro? ¿O la dura realidad de los efectos secundarios producidos por la dosis completa de ritonavir (Norvir), sin mencionar las incalculables interacciones medicamentosas? ¿O cuándo Agouron informó sobre su estudio de registro de nelfinavir (Viracept), citando números que no tomaban en cuen- ta a los participantes que nunca reaccionaron al fármaco? E incluso Merck, con su estudio extremadamente conservador 035, haciendo todos los esfuerzos por mitigar el dolor de cabeza monumental inducido por los problemas de dosificación.

Innata a este mundo competitivo de desarrollo farmacéutico es la necesidad de algún grado de secreto o por lo menos misterio de algún tipo. El éxito comercial también requiere algo de maquillaje para ocultar los defectos del producto. Las empresas farma- céuticas no son las únicas culpables en esta situación. Los médicos que participan en la investigación clínica, por preferencia o necesidad, también se ven obligados en ocasiones a distorsionar el mensaje.

Por supuesto, el desarrollo de un fármaco no ocurre en el vacío. Existen agencias de control que exigen que se cumplan ciertos requisitos. Aquí es donde los activistas han ejercido su mayor impacto – en cambiar el sistema que ahora permite la aprobación acelerada y la disponibilidad de compuestos antes de la aprobación oficial. Pero agencias federales en los EE.UU. como la Administración de Fármacos y Alimentos (FDA) también han padecido sus altibajos, desde la aproba-ción de nelfinavir sin reuniones públicas hasta el rechazo de adefivir dipovoxila, al desaliento de muchos, en particular de la empresa fabrican-te. Esto podría ser parte de los cambios que están ocurriendo en el mundo de la aprobación y no hay otra que pensar que quizás la aprobación acelerada está pasando por la etapa de maduración que tanto ha necesitado.


El tiempo lo cura todo

Al final, el tiempo y la experiencia producen el mensaje verdadero, sin importar cuántas fuerzas estén implicadas – empresas farmacéuticas, investigadores clínicos, y sí, activistas – en el intento de diluirlo. El mensaje verdadero de los IP y de TARGA, si se toma en cuenta la experiencia a corto plazo, es que son estrategias imperfectas con obstáculos tanto científicos como prácticos.

El gran porcentaje de personas que experimentan recidivas víricas mientras están tomando alguna clase de tratamiento de combinación (incluso el 70% o más en áreas urbanas 17,18) es testamento de la naturaleza onerosa de la estrategia o su falta de potencia. Además, el desarrollo de cambios metabólicos y morfológicos que parecen estar asociados al empleo de los tratamientos ha creado preocupaciones sobre la fiabilidad a largo plazo de mantener a las personas en tratamiento de combinación.

Para lidiar con este problema creciente, la industria farmacéutica y los médicos clínicos han montando un esfuerzo feroz para simplificar las dosificaciones y descubrir formas de aminorar los efectos secundarios. Actualmente, se están formulando o combinando con otros medicamentos fármacos que requerían dosis de 3 veces al día, para crear así dosis de una vez al día e incluso de una vez al día. Fármacos con menos efectos secundarios metabólicos y morfológicos conocidos están sustituyendo a los fármacos que producen dichos efectos. Durante la reciente XIII Conferencia Internacional del SIDA, se presentaron datos procedentes de unos 15 a 20 estudios que de alguna forma ajustaban regímenes TARGA para facilitar su dosificación o reducir sus efectos secundarios. Aunque todos estos ajustes pueden producir una diferencia parcial en el éxito de los regímenes, parece poco probable que con el paso del tiempo produzcan una diferencia en la incidencia total de éxito.

Trágicamente, el desarrollo de fármacos “diseñadores” se ha convertido en una verdadera histeria y no parece haber la más mínima intención de frenar el proceso. Las estrategias de interrupción del tratamiento y su empleo periódico consiguen al menos desafiar el imperativo comercial de TARGA de “siempre tratamiento, todo el tiempo.” Estas estrategias toman en cuenta la incompatibilidad de insistir en dosis constantes y la realidad de los efectos secundarios a largo plazo. Debemos aplaudir los inhibidores de fusión, aunque sólo sea porque representan un esfuerzo de desarrollar un nuevo método de interferir en el ciclo de vida del VIH. Pero estos ejemplos son la excepción y no la norma.

Por el momento, los intereses lucrativos están llevando a cabo una campaña dedicada a afinar, ajustar y exaltar el modelo imperfecto de TARGA. Sin la erradicación, dicho modelo puede ser solo un método de posponer algún futuro inevitable de complicaciones o recidivas víricas. Entre las estrategias que merecen ser evaluadas de nuevo está la inmunidad humoral. Investigaciones iniciales han revelado parte de la maquinaria traicionera del VIH que permite al virus evadir el control del propio sistema inmunológico. Debemos apoyar y animar este tipo de investigación; las empresas farmacéuticas y los expertos en virología han disfrutado de su día bajo el sol. Quizás sea el momento de dar paso a los expertos en imunología y vacunas.

L. Joel Martínez trabaja en el Centro del SIDA en Houston, Texas.


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Revisado el 18 de abril 2002


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