|
|
Este artículo fue publicado en el invierno de 2001 en el Boletín de Tratamientos Experimentales Contra el SIDA, por la Fundación anti-SIDA de San Francisco. |
Carta de la Directora Ejecutiva de SFAF
A la vez, se están registrando tasas alarmantes del VIH en muchas partes del mundo. La infraestructura, donde existe, es con frecuencia debilitada por años de disensión civil y a punto del colapso; artículos considerados como necesidades básicas en el Oeste son en realidad lujos; y en muchas partes del mundo en vías de desarrollo, las poblaciones que luchan por supervivencia carecen de cuidados médicos. Con tantos asuntos potencialmente mortales por solucionar, las naciones en vías de desarrollo afrontan la difícil y dolorosa tarea de poner en prioridad sus escasos recursos. La prevención y tratamiento del VIH, tal como nosotros los experimentamos, son considerados una extravagancia que dichas naciones poco pueden pagar. Sin embargo, los datos son recios y aterradores. En el área subsahariana de África, considerado por muchos como el epicentro de la pandemia mundial en cuanto a incidencia y frecuencia del VIH, más de 14 millones de mujeres, hombres y niños han fallecido por causas del SIDA y otros 25,3 millones están infectados. Para casi todos estos individuos, los beneficios potenciales del tratamiento de combinación triple son actualmente inalcanzables. Asimismo, áreas del este de Europa, incluyendo muchas naciones de la disuelta Unión Soviética y partes de Asia y India, afrontan una catástrofe inminente de sufrimiento humano causado por el VIH que podría resultar en la misma devastación ya vista en África. El mandato de la Fundación del SIDA de San Francisco es de dar fin a la pandemia y el sufrimiento humano causado por el VIH. ¿Pero cómo podemos detener, muchos menos dar fin, a la pandemia, cuando los países más afectados por el VIH están encerrados en un circulo de pobreza, disensión, analfabetismo, y la falta aflictiva de recursos económicos y humanos? ¿Cómo pueden aquellos más afectados por el mal, que con frecuencia sufren de limitaciones que apenas podemos imaginar, desarrollar la capacidad interna requerida para luchar contra el virus? Estos dilemas, cuyas soluciones son esenciales a la supervivencia de cientos de miles de personas, no son nuevos. Fueron elucidados en la XIII Conferencia Internacional del SIDA en Durban, Sudáfrica, junto con el hecho que el remedio sería de enorme beneficio tanto para el mundo en vías de desarrollo como el mundo desarrollado. Las experiencias descritas en dicha Conferencia por delegados de naciones en vías de desarrollo y personas con el VIH nos presentaron con el desafío de empezar el proceso de definir nuestro papel en los esfuerzos para combatir la epidemia a escala local, nacional e internacional. Es un proceso repleto de provocación e inspiración, de luto y esperanza, de resolución y de una aguda identificación de nuestras propias restricciones. Las lecciones aprendidas en nuestra epidemia local, los esfuerzos comunitarios que ayudaron a movilizar una nación, pueden ayudar a guiarnos en nuestro camino hacia un esfuerzo mundial ético y útil. No menos valiosas, e incluso esenciales, son las experiencias, perspicacias e idoneidad de aquellos directamente envueltos en la lucha contra el VIH en sus comunidades, pueblos, y distritos únicos en epicentros del VIH alrededor del mundo. De hecho, nuestro camino actual para descubrir una manera de dar fin a las epidemias nacionales, locales e internacionales del VIH no carecerá de obstáculos. Tendremos que tomar dos pasos adelante y uno hacia atrás. A veces nos parecerá que estamos perdiendo la lucha, perdidos en calles sin salidas, obligados a buscar el camino de nuevo. Será difícil y desordenado y agotador. Pero es inconcebible que no lo intentemos. Y como cualquier camino, sólo se puede empezar con el primer paso.
|
|
|